PRESENTA 'LA DOBLE MUERTE DE UNAMUNO' EN LA LIBRERÍA PYNCHON&CO ESTE SÁBADO  

Ni 'chaquetero' ni equidistante: Manuel Menchón 'salva' el legado liberal y antiviolencia de Unamuno

24/04/2021 - 

ALICANTE. “Miguel de Unamuno no se dejaba llevar por una ideología sino por sus propias ideas y era profundamente contrario a la violencia”, afirma Manuel Menchón (Málaga, 1977) sobre el escritor, filósofo y político al que quiere devolver la verdad de su legado, difuminado entre acusaciones de ‘chaquetero’ y equidistante por su supuesta actitud pro-golpista en los albores y la posterior ebullición de la Guerra Civil Española. Unas recriminaciones que se avivaron a causa del relato oficial sobre su muerte, que había sido contada por el único testigo de lo sucedido. Un falangista que puso en su boca los lemas de la organización, según afirma Menchón, dejando para la posteridad esa versión, que se convirtió en estigma y eclipsó su mensaje.

El autor malagueño pone así luz y taquígrafos sobre lo sucedido entonces a través de una exhaustiva investigación que ha plasmado en el documental Palabras para un fin del mundo y en el libro La doble muerte de Unamuno. Dos proyectos complementarios que ahora está promocionando. El pasado viernes se pudo ver el filme en el Teatro Castelar de Elda y este sábado presenta el escrito en la librería Pynchon&Co de Alicante. “No doy una versión ni en el libro ni en la película, simplemente expongo datos y planteo preguntas”, afirma. En el caso de la publicación, lo hace en mayor extensión, con la libertad que le otorgan las páginas y de la que no dispone en lo acotado del tiempo estimado para un largometraje. Su objetivo no es otro que sacar a relucir la verdad, que va en contra de lo que se ha conocido. “No hay ningún indicio que sostenga la versión oficial de la muerte de Unamuno sobre algo sólido”, afirma el autor

Manuel Menchón relaciona al único testigo del fallecimiento del escritor y político con el aparato de la Falange en Huelva y, además, evidencia cómo la última frase que se supone que pronunció el 31 de diciembre de 1936, justo antes de morir, es un lema falangista de la época: “Dios no puede volverle la espalda a España”. Una situación que con ironía describe como “un cuento de Navidad en la última noche nevada del primer año de guerra”.

La difusión de la muerte de Unamuno en aquellas circunstancias, que considera manipuladas, supuso no solo su muerte física, sino también espiritual, de su mensaje. “La opinión pública le vio como alguien pro-golpista y cercano a la Falange, pero esto es radicalmente falso”, apunta. El origen de la estrategia falangista para ocultar las circunstancias reales lo encuentra en la opinión pública internacional. La muerte de Federico García Lorca, que entiende como un error estratégico ya que les puso en contra a la comunidad internacional, no permitía más errores de cálculo. “Unamuno era infinitamente más conocido en Europa que Lorca, que solo era un poeta”, afirma Menchón. El escritor fue piedra fundacional de la República, se le propuso que la presidiera e incluso sonó para el Premio Nobel, pero no se le dio porque Hitler maniobró para evitarlo, según demuestra también en el libro. “Era el intelectual más importante de España y de los más relevantes de Europa”, sentencia.

Miguel de Unamuno y Millán-Astray.

¿Qué hubo de cierto en su discusión con Millán-Astray? 

El 12 de octubre de 1936 se produjo un duro enfrentamiento entre Unamuno y el militar Millán-Astray durante un acto en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, el cual puso al intelectual en el punto de mira de los sublevados. Un enfrentamiento que se consideraba dudoso ya que no había prueba documental hasta ahora. “En el libro se muestran unas cuartillas, que habían estado 85 años desaparecidas, donde un catedrático toma buena nota de todo lo que allí está pasando y de la temperatura del ambiente”, describe Manchón, quien afirma que todavía fue mucho peor de lo que se pensaba. Según se apunta en esas hojas, Millán-Astray concluye el duro enfrentamiento dialéctico afirmando, literalmente, que “los catalanistas morirán; los profesores con ideas diferentes morirán también”.

La causa del enfado con Unamuno no es otra que lo que se percibe como un verdadero acto de traición en ese acto. “Habló de José Rizal, el ideólogo revolucionario filipino al que conocía y procesaba admiración, de quien dijo que era mejor español que cualquiera de los allí presentes”, explica Menchón. Al día siguiente fue expulsado de la Universidad de Salamanca, de la cual era rector, en una destitución firmada por Franco, y se le expulsó también del Ayuntamiento de la ciudad, del cual era alcalde perpetuo desde la época republicana. Incluso el jefe provincial de la Falange, Francisco Bravo, escribe al hijo de Unamuno para prevenirle sobre el incidente.

Contra el profesorado y los intelectuales

Tras el 12 de octubre, Millán-Astray la toma especialmente con los intelectuales e incluso días más tarde llega a afirmar que hay que matarlos si no están con el golpe. “Así lo dice en un discurso que hemos conseguido en el cuartel de requetés de Salamanca”, desvela. Desde ese momento, se inicia de manera oficial una acción contra el profesorado, los pensadores y los escritores que no les apoyen, llegándose a publicar en el Boletín Oficial del Estado que hay que depurar al profesorado que no esté con el golpe. “Lo que dice Millán-Astray en el Paraninfo se hace ley”, sentencia Menchón. Desde ese punto de vista, primero por el acto de traición, y después por seguir con lo que se decía en el BOE, Unamuno debía ser eliminado. “La cuestión es que vivía en Salamanca, siendo vecino de Franco y Millán-Astray, y además tenía una repercusión internacional impresionante, que hoy en día no somos conscientes de ello”, explica.

República afrancesada, antimilitarismo y antiviolencia

“Unamuno nunca se calló lo que pensaba, pero estaba con la rabia contenida y por eso se le llamó ‘chaquetero’ cuando en realidad siempre tuvo su misma brújula”, recuerda el autor. Su brújula era la república afrancesada, el antimilitarismo y la antiviolencia, manteniéndose ahí incluso cuando el golpe sucede. “No era un hombre de ideologías sino de ideas; un filósofo y pensador”, describe Menchón. Tras el golpe, se produjo una brutal matanza en la plaza de Salamanca. “Como alcalde honorífico de la ciudad, va al Ayuntamiento al día siguiente de esa masacre, cuando se nombra a un alcalde militar, y en su discurso puso como ejemplo a Fray Luis de León, no por motivos religiosos sino abogando por la paz y la no violencia”, apunta. Su participación en ese acto se usó como justificación para argumentar que Unamuno se había adherido a los golpistas. “Es falso, porque posteriormente se le convoca en otras ocasiones y él no va”, recuerda.

Azaña, presidente de la República, era amigo suyo, pero mantenía ciertos piques intelectuales con él. Al ver aquello, le destituyó como rector de la Universidad de Salamanca, cargo que en el que fue restituido después por Franco, hasta el incidente del Paraninfo. “Unamuno se sintió ofendido por la destitución, así que Franco lo aprovechó, ofreciéndoselo de nuevo de forma estratégica, y eso es entendido como una complicidad con los golpistas, pero lo cierto es que lo que intentaba constantemente era realizar una mediación de paz desde el cargo por petición de la Unión Internacional Paneuropea”, afirma Menchón. Algunos de los miembros más conocidos de esa organización fueron Albert Einstein, Thomas Mann, Franz Werfel, Salvador de Madariaga, Aristide Briand, Konrad Adenauer o Georges Pompidou. “Unamuno estaba en ese nivel”, sentencia Manchón.

Por aquel entonces, el viejo rector se desahogaba escribiendo a Francisco de Cossío sobre su repulsión por la violencia fratricida “entre los hunos y los hotros”. Más allá de su éxito o no, su papel fue tan necesario y desintoxicante en aquel momento como lo es también ahora, en este preciso instante en el que los simpatizantes de hunos envían sobres con balas mientras hotros queman las calles en pasionales arrebatos. Todos ellos encuentran a alguien que los justifica y defiende.

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