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LA YOYOBA  / OPINIÓN

Campeones

1/02/2019 - 

Yo también tengo una medalla. La de la Virgen Niña. Me la regalaron en mi primera comunión. No sé si algún día me servirá de salvoconducto para que un partido político me convierta en candidata a algo. Lo que sea, un sillón de concejala, una alcaldía, una consellería o quizá un ministerio. Tengo otros méritos. Pocos, tampoco vayamos a engañarnos, pero ninguno de ellos me ha conducido a las mieles efímeras de un podio, que es lo más apreciado en el mercadillo electoral.  El conocimiento ha perdido valor frente al reconocimiento. 

La política es un talent show donde las celebridades buscan acomodo y los partidos nombres mediáticos con los que deslumbrar a una plebe empoderada a golpe de sms. El mundo del espectáculo está plagado de estrellas fugaces que un día enarbolaron banderas en un estadio, en una cancha, en un escenario o en un plató de televisión. Y de entre todos los espectáculos posibles, el deporte es el que genera más ídolos que han unido su nombre a la marca de su patria. Por eso son los más codiciados en las listas electorales. Nada nuevo bajo el sol. Recurrir a los héroes locales es tan viejo como la política. 

El PP siempre ha tenido cierta querencia a las glorias deportivas mientras que al PSOE o a Ciudadanos les tiran más las bambalinas. Sin ir más lejos, la judoka Miriam Blasco hace años que se enterró en el Senado donde se retiran las antiguallas que no se sabe dónde colocar en casa. En sus horas dulces, Isabel Fernández y Kiko Sánchez Luna dieron relumbrón al ayuntamiento de Alicante por donde pasaron con más penas que gloria. Igual que Niurka Montalvo fue el gran fichaje de Camps para la Secretaria Autonómica del Deporte hasta que la Gurtel pasó por su puerta. Las bancadas de gobiernos y oposiciones están plagadas de medallas para que los devotos dejen sus ofrendas en las urnas en señal de agradecimiento por las gestas olímpicas. Ahí tienen a Abel Antón, a Marta Domínguez, a Fermín Cacho, a Dori Ruano, Sandra Myers y a la malograda Ruth Beitia que no superó la barrera de su presentación en público. 

El PP quiere campeones, aunque sea de lanzamiento de huesos de oliva. Ya lo decía a diestro y siniestro Javier Arenas, quien a pesar de sus esfuerzos nunca logró subir al podio del gobierno de Andalucía. Los fichajes mediáticos salen de nuevo a escena. Pedro Sánchez acaba de dar el campanazo en su partido con la preselección de Pepu Hernández para la alcaldía de Madrid. Javier Imbroda regenta una consejería andaluza de la mano de Ciudadanos. Y Guardiola no es “molt honorable” porque no quiere. La lista es enorme y en todos los partidos. Ahí tienen a Lluís Llach que se metió en harina “pel seu país que és tant petit”, a Puigcorbé que tenía función diaria en el ayuntamiento de Barcelona y a Francesc Sanguino que se prepara para alzar el telón en el de Alicante. 

Y, salvando todas las distancias, Toni Cantó vela armas en el Palau de Benicarló mientras Felisuco hace lo que puede para arrebatar el trono a Miguel Ángel Revilla, que hace campaña desde el plató de la Sexta Noche. “El més tonto fa rellotges”, que dirían los paisanos que observan boquiabiertos esta lluvia de estrellas que se nos viene encima. Para los que aún necesiten un gancho electoral que arrastre a la peña, les sugiero que sondeen a Manolo el del Bombo. Nadie como él para animar el graderío. Y si lo que buscan es ganarse el voto millenial, creo que el Cara Anchoa está disponible. @layoyoba

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