VALÈNCIA. Las tazas de frases motivacionales están repletas de mensajes que auguran un buen día, pero ninguna acaba de ser del todo realista. Algunas dicen “hoy vas a comerte el mundo”, cuando en realidad deberían augurar que lo único que vas a comer en todo el día es una tortilla precocinada porque se te ha olvidado el tupper de camino al trabajo. Otras dicen “hoy será un día genial”, cuando lo único genial que va a pasarte es, con suerte, que puedas dormirte una siesta antes de que vengan los niños a revolucionarlo todo. Ese “hoy” para cada uno puede ser muy diferente, pero para creativos como la ilustradora y escritora Agustina Guerrero, también pueden ser muy angustiantes.
Una mañana Agustina decide que ese “hoy” va a ser diferente y le dedica una novela entera: Hoy (Lumen), el relato de un día en el que construye su propia taza en la que escribe: “Hoy vas a tomar el camino contrario, y todo va a estar bien”. Huyendo de las prisas y de la superproducción, Guerrero se atreve a dibujar un día que se comprende entre más de 250 páginas y en el que decide, contra todo pronóstico, no entrar a la oficina y salir a dar una vuelta por Barcelona. Un recorrido para huir de la superproducción que casualmente hace que termine produciendo una novela.

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Como hace en otros trabajos como El viaje (Lumen), en el que viaja a Japón de la mano de su amiga Loly y su enemiga, la ansiedad, en Hoy la autora vuelve a llevar al lector en la mochila para que recorra el mundo con ella. “Explico siempre algún momento de mi vida en las novelas, se caracterizan precisamente por ser autobiográficas y hablar sobre mis sentimientos, mis miedos y mis rutinas. El formato cómic me permite explorar las emociones y recuerdos que asocio a ciertos paseos y a pensar en cómo me relaciono con lo que me rodea”.
De esta forma tinta su mundo rutinario de grisáceo y pinta decenas de bocadillos llenos de órdenes y comandos, mientras que cuando se va acercando el tan ansiado “descontrol” llegan los colores más vivos. “Incluyo en la paleta de color, el rosa y el azul para hablar de la novedad y de todo el mundo que me estaba perdiendo. Conforme voy avanzando en la novela veo cómo dejarme llevar, por una parte, más desenfadada de mi persona y veo como improvisar y dejarme llevar por el momento. Los colores y encuadres nuevos van apareciendo poco a poco y el arte en sí mismo va hablando de mi proceso”.

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En Hoy, Guerrero retrata a su familia, la rutina con la que empiezan la mañana y la angustias de las prisas por llevar al niño al colegio y recogerle de las extraescolares. También dibuja su jardín y sus tomateras como un refugio de color y novedad, y con todo esto se encuentran con colores que se van haciendo cada vez más cálidos cuando el personaje principal, ella misma, se da cuenta de que puede controlar su día cambiando la ruta preestablecida y “saltándose un día en el estudio” para volver a explorar con nuevos ojos la ciudad en la que vive desde hace años.
“Todas las decisiones que tomo a lo largo de la novela forman parte de un baile que hago con el lector. Muestro una pequeña parte íntima de mi vida para explicar mi escenario diario, aunque siempre consultando a mi pareja y mi hijo si aparecen. Tengo muy claro lo que quiero contar y lo que no, pero abrir a mostrar una parte de mi ayuda a explicar que supone para mí ese acto de rebeldía en la novela”. Un paseo en el que se encuentra también con una vieja amiga y en el que entra a una librería para, sorprendentemente, encontrarse con ella misma y con sus novelas.

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El libro, que es una oda al descanso, al autocuidado y a la creación, cobra aún más significado cuando mientras lo está componiendo, Guerrero, al igual que toda España, se ve sumida en un apagón energético que deja al todo el mundo sin conexión. Ahí comprende la necesidad real que tiene la gente de su entorno y ella misma de apagar la idea de “estar siempre disponibles y de sentirnos siempre productivos”.
“En el momento del apagón dejó de existir la urgencia, la vida se vivió a otros ritmos y tuvimos que juntarnos por obligación. La gente empezó a hablar y compartir espacios y fue como vivir una celebración. La constante conexión nos va a acabar pasando mucha factura y el apagón fue revelador para ver que la gente disfruta de estar despejada”. Y sin quererlo, con este suceso, hizo la mejor campaña de marketing de la historia para presentar una novela que habla, precisamente, de la importancia de cambiar los rumbos y estar presente.

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