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recuerdos de campeonato

Calpisa: Cuando fuimos campeones

Entre 1974 y 1981 Alicante disfrutó del periodo más exitoso del deporte profesional en toda su historia. Los responsables de aquel hito sobreviven en la memoria colectiva del balonmano español, sin que se pueda rendir homenaje a sus triunfos.

16/10/2018 - 

ALICANTE. En el Pabellón Pitiu Rochel solo hay dos imágenes que recuerdan al equipo deportivo más laureado de la ciudad: un panel con un perfil del jugador que le da nombre a las instalaciones, el alicantino Rochel, y una fotografía enmarcada en la conserjería, donde se puede ver una panorámica en blanco y negro desde media cancha, con unas gradas repletas hasta el pasillo superior, de la celebración de la primera liga del Calpisa, un equipo legendario que en el inconsciente colectivo alicantino adquiere la categoría de mito, ya que gran parte de la vecindad ni siquiera sabe de su existencia.

Entre los años 1974 y 1981 la ciudad de Alicante disfrutó del periodo más exitoso del deporte profesional en toda su historia. Cuatro campeonatos de Liga de División de Honor, cuatro Copas del Rey, un subcampeonato de la Copa de Europa, campeón de la Recopa de Europa en 1980. En el mundo contemporáneo, donde la virtualidad se sobrepone a aquello que llamamos el mundo real, estos trofeos descansan en la memoria de quienes los vivieron, dentro de la cancha, o desde las graderías llenas hasta la bandera del pabellón que los propios éxitos del equipo obligaron a construir al municipio, en 1974. No hay vitrinas que los alberguen, no hay espacio memorial, no hay un lugar donde visitar y revivir momentos de gloria pasada que son algo más que un efímero accidente en el tiempo.

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Labaca, Gómez, Poli, Novoa, Perramón, Melo, Uría, Albizu, Núñez, Taure, Mario, Cascallana, Goyo, Castaño, De Miguel, Cabanas y los dos hombres alrededor de los que pivotaba aquel equipo, el entrenador Miguel Roca y el gran capitán y más tarde entrenador, Pitiu Rochel. Pronunciar estos nombres en voz alta es como invocar el espíritu inocente de los años setenta, una década que transitaba entre la luz del turismo, la voz de Nino Bravo y las grúas que empezaban a crear bosques de cemento en la costa mediterránea, al amparo del progreso, como una huida hacia adelante, sin mirar atrás, a los tiempos de oscuridad que todavía tejían su red bajo la apariencia de normalidad. Alicante necesitaba un nuevo imaginario optimista y luminoso, y el balonmano se lo iba a ofrecer envuelto en el color celeste de su zamarra.

Varios miembros de aquel equipo campeón han seguido vinculados a la ciudad de Alicante, donde residen y han hecho su vida laboral y familiar, tras abandonar el deporte profesional la mayoría de ellos, con la excepción del más joven, el junior Javi Cabanas, que ha desarrollado una exitosa carrera como entrenador.
Convocados para recordar la memoria invisible del mejor equipo deportivo profesional de la historia de Alicante, el primero en responder la llamada es el que fue sin duda el fichaje estrella que transformó el querido Obras del Puerto liderado por Pitiu Rochel, en el imbatible Calpisa, José Perramón Acosta, Papitu Perramón, el niño de oro.

 «Cuando me dedicaron la calle, yo le dije al alcalde —entonces Gabriel Echávarri— muchas «gracias por la calle, pero yo creo que hay un equipo de balonmano en Alicante que también se merece que se le ponga una calle, el Calpisa». Al final del discurso, se me acercó y me dijo, «Perramón, te tomo la palabra y vamos a trabajar en ello». Ahora no sé cómo está el tema, tras el cambio de gobierno, pero sería de justicia, el Calpisa ha hecho historia en Alicante».

­­—¿Cómo era el balonmano en aquella época, antes de ser campeones del mundo? 

­­—«Yo te voy a decir cómo era el balonmano en Alicante. Formaba parte de la tradición, junto con el fútbol. El domingo perfecto en aquella época, para un alicantino, era ver por la mañana a las doce al Calpisa, en División de Honor, y luego, a las cuatro o cuatro y media de la tarde, porque entonces los partidos de fútbol dominicales se jugaban a esa hora, al Hércules. [Hay que decir que esa tradición matinal del balonmano era más familiar que la futbolera, ya que las propias fotografías de la época lo muestran, el pabellón se llenaba con familias enteras, mientras que el coliseo balonpédico alicantino era un feudo eminentemente masculino]. Esto la gente lo recuerda con mucha nostalgia, mucho cariño y alegría».

­­—¿El pistoletazo de salida de este Calpisa es el fichaje de Perramón?

­­—«… entre otros. Pero sí es verdad que a mí me utilizaron un poco como estandarte, porque en aquella época, el equipo del que yo venía, el Granollers, lo ganaba todo. Yo había empezado en el Barcelona, allí estuve dos años, donde hice una segunda temporada muy buena, por lo que me fichó el Granollers, que en aquel momento era la cuna del balonmano en España, ganaba todos los campeonatos. Era el equivalente al Reus en hockey, o el Joventut de Badalona en baloncesto. Después del Granollers, estuve un año en el Picadero-Filomatic. El Picadero Jockey Club era un equipo de Barcelona que jugaba en primera división, pero que no tenía recursos, así es que se buscó un sponsor, que fue Filomatic, la marca de cuchillas de afeitar —que por cierto, la agencia de publicidad que llevó la fusión del club con la marca fue la de Lluís Bassat; Filomatic es una marca de la familia Bassat—. Del Picadero volví un año más al Granollers, con el que volvimos a ganar la Liga y la Copa, y ese año coincidió con el interés de Torregrosa y la promotora Calpisa por convertir el equipo de balonmano del Obras del Puerto en un equipo competitivo. 

Andrés Muñoz, presidente entonces del Obras del Puerto, declaró que querían «hacer un buen equipo de balonmano para promocionar este deporte en Alicante. Pensamos en cómo empezar y después de asesorarnos, decidimos ir en busca del número uno, que era Perramón. Conseguida su ficha fue mucho más fácil traer al resto de los jugadores para los que suponía una garantía, al tiempo que les daba prestigio pertenecer al mismo equipo que él». 

­­—En privado, Jordi Pujol, el que más tarde fue President de la Generalitat de Catalunya, comentaba que había tenido su papel en la creación de ese Calpisa, aconsejando e intermediando en el fichaje de Perramón y Goyo. 

­­—«Ostras, yo no lo conocía, a Pujol, pero sí es verdad que por terceros me llegó que era muy admirador mío. Y sí que es verdad que Juan Torregrosa, el presidente de  la Compañía Alicantina de Promociones Inmobiliarias SA (Calpisa), tenía muy buenas relaciones; de hecho, justo entonces estaban construyendo unas promociones en Santa Coloma de Gramanet, y puede que de aquí venga la relación. Esa última temporada con el Granollers, jugamos la final de Copa contra el Barcelona, y yo hice un partido impresionante, rematándolo marcando un gol de portería a portería. Los de Alicante que habían ido allí a verme, para proponerme el fichaje, estaban alucinando. Y debo decir que ese fue el fichaje de mi vida, no por el montante de dinero que me dieron entonces, sino por venir a Alicante. Yo hice una nueva vida en Alicante, conocí aquí a mi esposa, María José San Román, y aquí sigo. Es una ciudad acogedora, gusta y se vive muy bien en ella».

Siguen manteniendo contacto de manera regular, se han convocado entre ellos y lamentan las ausencias de los compañeros que no han podido asistir por diversas circunstancias

Los tiempos han cambiado y también lo han hecho las relaciones entre el poder económico, la empresa, las administraciones y el deporte profesional. Todo se ha profesionalizado más, tanto el deporte como la contabilidad de las empresas y las administraciones, ahora mismo hay muy pocos casos en que una sola empresa pueda hacerse cargo de un equipo profesional hasta el punto de que su nombre y el del equipo se fusionen en uno. Perramón, también empresario, esboza un panorama hostil: «Los tiempos han cambiado; tal vez en esto los tiempos entonces eran mejores, había menos empresas, pero ganaban más dinero. También se puede pensar que no hay una política que incentive la inversión de las empresas en deporte, desgravaciones, una ley de patrocinios en el deporte que haga atractiva para las empresas esta implicación». Aquí asoma el Perramón que en las primeras elecciones tras la Transición, ocupó un puesto en las listas de UCD que le permitieron ejercer durante año y medio de concejal en la corporación alicantina.

Militante político fue, también, durante toda su vida, el otro gran estandarte de aquel Calpisa, el alicantino José Rochel Morales, Pitiu Rochel, el zurdo de oro, afiliado al PSOE incluso desde antes de la Transición, cuando el partido no había sido legalizado. Bajo la inscripción Pabellón Pitiu Rochel, a la entrada de este recinto, se produce el reencuentro de las tres generaciones de jugadores que formaron aquel colectivo, en las figuras de Pitu Perramón, Santos Labaca y Javi Cabanas. Siguen manteniendo contacto de manera regular, se han convocado entre ellos y lamentan las ausencias de los compañeros que no han podido asistir por diversas circunstancias, pero el lugar hechizado por el espíritu del compañero y amigo Pitiu hace aflorar emociones y recuerdos.

­­—SANTOS LABACA: El grupo humano es lo más importante, un grupo que se lleve bien, un grupo con calidad humana, eso es imprescindible en todo colectivo…

­­—PERRAMÓN: … claro, pero tiene que coincidir un grupo de buena gente, y nosotros lo éramos.

­­—JAVI CABANAS: Los veteranos, como es normal, eran los que dominaban el cotarro, y te daban una colleja si tocaba; ya te tocaría dárselas tú a los que vinieran detrás. Esto es muy importante en un equipo, el respeto y llevarse bien.

­­—P. : Es que después de entrenar (de que me entraran agujetas al verlos desde la portería haciendo flexiones y pesas —este comentario provoca las risas de Santos y Javi—) nos bajábamos al Dallas a tomar una cerveza y después nos íbamos a cenar, en compañía de nuestras parejas. Bajaba hasta Roca (Miguel Roca, duro entrenador, mito del balonmano español) a jugar al ‘Hijoputa’...

­­—J.C.: ...no, a los dados, ¿cómo se llama eso de los dados?

­­—P. : El ‘Hijoputa’... ah, no, ¡el ‘Mentiroso’!

­­—S.L.:  Éramos un grupo de gente, muchos venidos de fuera…

­­—J.C.: Santos de Pasajes, País Vasco, Juanjo Uría de Rentería, Melo de Santander, yo castellano, Pitu [Perramón] catalán…

­­—P. : Barcelonés, yo soy sobre todo barcelonés del Eixample…

­­—S.L.: … que muchos de nosotros luego nos hemos quedado en Alicante, que nos hemos sentido muy bien acogidos por la ciudad. Yo hago ahora un poco de ‘organizador’, de aglutinador. Los convoco, quedamos una vez al mes para comer o cenar… bueno, menos Nacho (Novoa), que lo he dejado por imposible.

Aquí ahora no hay un euro. Pero es que en baloncesto, que ocupó ese segundo lugar como deporte preferido, pasa igual

­­—J.C.: El balonmano ahora está muy mal aquí, a pesar de los éxitos internacionales y de la selección. Yo vengo ahora de entrenar un par de temporadas en Hungría, y allí está en auge, aunque siempre han tenido nivel. Hay un par de equipos con mucho dinero, para lo que es el balonmano, y una liga competitiva. Aquí ahora no hay un euro. Pero es que en baloncesto, que ocupó ese segundo lugar como deporte preferido, pasa igual. Y en el fútbol todo el mundo ve a Messi o a Cristiano, pero no veas cómo están muchos equipos de Primera, ya no te digo de Segunda o Segunda B. El deporte en España está muy por debajo de lo que los resultados enseñan.

­­—J.C.: Los jóvenes que empiezan a jugar ahora no saben quiénes somos. Su memoria del balonmano empieza con Barrufet, Garralda, la generación posterior a la mía, que son los que han empezado a ver por la televisión.

La importancia de la televisión es tal que apenas hay grabaciones disponibles del gran hito del Calpisa, el que fue su canto del cisne, la Recopa de Europa ganada contra el representante del potente balonmano germano, el VFL Gummersbach, aunque Cabanas asegura que él dispone de una versión casi íntegra del partido en Alemania. El Calpisa había llegado a la final tras tres durísimas eliminatorias, la primera contra el Union Krems, de Austria, al que eliminó ganando tanto el partido de ida, 21-17, como el de vuelta, 28-15. El siguiente enfrentamiento fue contra el Dosza Debrecen húngaro, perdiendo la ida en Hungría 24-22, pero remontando 32-19 en Alicante. La eliminatoria contra el equipo sueco del Göteborg empezaba a ofrecer una imagen de la potencia del equipo alicantino. Arrollaron por un apabullante 40-25 en Alicante, repitiendo victoria en Suecia por 25-28. La final contra el equipo alemán también era a doble partido, jugándose la ida en casa, lo que siempre es un hándicap, pero la renta de cinco goles, conseguida ante su público, con el resultado final de 20-15 en Alicante, la defendió con uñas y dientes en el pabellón de Gummersbach, la pequeña París, como es conocida entre sus habitantes, en el estado de Renania del Norte-Westfalia, la por entonces República Federal Alemana, perdiendo únicamente de dos tantos, 18-16, renta suficiente para traerse el trofeo a orillas del Mediterráneo.

Trofeos, fotografías, grabaciones en vídeo, camisetas, equipaciones, redes de portería, carteles, los objetos también forman parte de la memoria, y la memoria del Calpisa necesita  un espacio para sus objetos, en homenaje a los dieciocho de la Recopa: Pitiu Rochel, Juan Pedro de Miguel, Víctor García Borrás, Javier Cabanas, Goyo López, Jesus Albizu, José Luis Soriano Poli, Miguel Ángel Cascallana, Nacho Novoa, Juan Francisco Muñoz Melo, Miguel Castaño, Eugenio González Mazorra, Mario Hernández, Santos Labaca, Paco Morán, José Luis Egea, José Manuel Tauré y Jorge Aráez Cañavate.  

* Este artículo se pubicó originalmente en el número 19 de la edición de Alicante de la revista Plaza

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