Este sitio web hace uso de cookies con la finalidad de recopilar datos estadísticos anónimos de uso de la web, así como la mejora del funcionamiento y personalización de la experiencia de navegación del usuario. Política de Cookies Aceptar

vals para hormigas / OPINIÓN

Afema, una historia de terror real

2/11/2016 - 

Ya no basta con contar por enésima vez la crueldad que, más a menudo de lo que pensamos, gasta la vida con las personas. Echar los dados al aire, recopilar datos de diversos usuarios y dar vida a un frankenstein terrible en el que una madre con cáncer se queda sola cuando pierde a su hijo con una grave discapacidad mientras la niña de otra familia cuenta los días haciendo crochet en el aire con los dedos para no aburrirse. Una historia donde todo es falso y donde todo es verdad, una terrorífica verdad. Ya no basta con subrayar la angustia de las familias que ven cómo pasan los años sin que nada se solucione, sin que crezca más que el dolor, sin que la única alegría posible sea que su hijo pasee por la calle con otros tantos afectados por las enfermedades mentales. O que aprenda a convivir un día sí y otro también, hasta que llega el día en que una voz le pide que no conviva más.

Ya no basta con sacudir los documentos delante de quien toque. Ya no basta con darse una y otra vez de cara con la burocracia, con el papeleo, con el truco de magia que convierte el dinero, contante y sonante, en certificados de única conducta posible, en salvoconductos para cruzar sin que se te caiga la cara de vergüenza las puertas de un banco que no siempre es tan solidario como quiere hacer entender. Ya no basta con llamar a la puerta una y otra vez, con llamar a todas las puertas, con encontrar una puerta tras otra como en un relato de Kafka. Ya no basta con que las diferentes instancias del Gobierno autonómico hayan convertido a Kafka en un autor costumbrista. Ya no basta con tratar de llamar la atención de una consellera, Mónica Oltra, que coloca su sensibilidad hacia los asuntos sociales como guarnición del jugoso solomillo de la alta política y la decoración de despachos con buenas vistas.

Ya no basta con que el aire de la asociación Afema, que atiende a los enfermos mentales de Alicante y a sus familias, se haya contaminado con el grisú de la desesperanza, la desconfianza y el sudor de los días. Ya no basta con recordar los cinco meses de impagos que la Administración disfraza con la calabaza de las soluciones dispersas e improvisadas. Ya no basta con recordar que hay usuarios que ni siquiera reciben subvención alguna. La última campaña de los trabajadores de Afema, en huelga desde hace un mes, pone cara a sus familias, tan afectadas por la falta de sueldo como cualquier implicado en este relato de fantasmas, muertos vivientes y habitaciones sin luz que es el trato que recibe la discapacidad por parte de los políticos. Donde los usuarios son los principales afectados, aunque ya no baste. Donde sus familias son tan protagonistas como los trabajadores y sus familias, aunque ya no baste. Donde lo único que disiparía las tinieblas de esta historia de terror sería el sol de los pagos en efectivo. Sin excusas. Con la única voluntad de restar problemas a quien no hace más que acumularlos toda la vida. Y sin haber hecho nada para merecerlo.

@Faroimpostor

Noticias relacionadas

next
x