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Análisis ap - la pugna democrática por el gobierno de la capital

#26M en Alicante: la meta es ser el candidato más votado; el bloque es el comodín

25/05/2019 - 

ALICANTE. La suerte está echada en la carrera electoral por la Alcaldía del Ayuntamiento de Alicante: puede que la más abierta del periodo democrático reciente, tras un mandato especialmente convulso en el que se han sucedido tres gobiernos distintos (tripartito, PSOE en solitario y PP en solitario). 

Los seis partidos que, según todas las encuestas conocidas, parecen contar con mayores opciones de formar parte de la futura corporación municipal (PP, PSPV-PSOE, Unides Podem EU, Cs, Compromís y Vox) cerraron este viernes dos semanas de campaña (más o menos intensa, según la formación que se analice) con la intención de convencer al electorado mediante una variada batería de propuestas que, en teoría, deberían mejorar las condiciones de vida de la ciudadanía.

Todos han jugado sus bazas y han desplegado las estrategias que han creído oportunas para tratar de ganarse la confianza del mayor número de votantes posible. Pese a que pudiese parecer una obviedad, lo cierto es que esa es la clave relevante que está en juego en la jornada electoral de este domingo. 

En un escenario en el que nadie atisba la posibilidad de que se alcance una mayoría absoluta (la cifra mágica de 15 concejales, en un Ayuntamiento conformado por 29), el objetivo determinante es sumar más papeletas que el resto de los partidos en competencia. Y hacerlo con la ventaja suficiente para evitar alianzas entre los de la acera de enfrente

Con más o menos claridad (y con más o menos expectativas reales, según cada caso), todos los candidatos han reconocido que ambicionan esa meta, ya que quien reúna más papeletas al cierre de la noche electoral, se convertirá en alcalde o alcaldesa in pectore, siempre que al bloque del eje político opuesto no le lleguen los números para impedirlo. Ese es el reto. Y por eso los aspirantes de PP, PSPV-PSOE y Cs -a priori, los mejor situados para lograr la vara de mando- han ido a máximos, con llamadas al voto útil tanto en sus respectivos espacios ideológicos y caladeros electorales, como en los del prójimo.

En realidad, la posibilidad de pacto por la izquierda o por la derecha es solo un comodín al que puede que solo se recurra si resulta estrictamente necesario. A lo largo de los últimos quince días, a los seis alcaldables se les ha preguntado en reiteradas ocasiones por sus opciones preferentes para conformar pactos postelectorales. Pero sólo tres de ellos sí se han mojado abierta y claramente, sabedores de que (por grado de penetración social o por contaminación de la evolución de voto nacional) no ocupan las primeras plazas en la parrilla de salida. 

Así, el candidato de Unides Podem EU, Xavier López, sí ha expresado su convencimiento de que con el alcaldable socialista, Paco Sanguino, sería fácil entenderse. El aspirante de Compromís, Natxo Bellido, también ha abogado por reproducir la alianza progresista a la manera del Botànic (hasta se ha postulado como garantía para evitar una posible pinza PSOE-Cs). Y el alcaldable de Vox, Mario Ortolá, también se ha mostrado abierto a prestar apoyo a PP y/o Cs

Sin embargo, los otros tres contrincantes en liza han optado por dar respuestas evasivas o, incluso, han apostado directamente por gobernar en minoría. La cabeza de lista de Cs, Mari Carmen Sánchez, ha supeditado un posible pacto de gobierno con PP o PSOE a que ella fuese su líder y que se aceptase su propia hoja de ruta para la ciudad. Sanguino ha jugado alternativamente a la ambigüedad para no cerrarse puertas. Incluso ha insinuado la posibilidad de que, al final, no llame a ninguna. Y el alcalde y aspirante a la reelección por el PP, Luis Barcala, ha manifestado claramente cuál es su expectativa: revalidar su gobierno en minoría, pero con más representantes del PP en el pleno. Es más, ha ofrecido la que hasta ahora ha sido la posición más tajante al respecto: "Da mejor resultado un gobierno con las ideas claras y fuerte, aunque sea en minoría, que un tripartito que no hace otra cosa más que estar robándose el protagonismo unos a otros y estar pelándose entre ellos en lugar de preocuparse de los temas de Alicante", respondió, en la entrevista publicada por Alicante Plaza.

La referencia de Barcala se dirigía a la alianza gestada en 2015 entre PSOE, Guanyar y Compromís. Los tres sumaron 15 concejales y hasta contaron con el apoyo de los seis ediles de Cs para que el candidato socialista, Gabriel Echávarri, fuese investido alcalde tras 20 años de gobiernos consecutivos del PP.

Pero, al tiempo, las palabras del candidato popular aludían a la situación que, en su opinión, podría repetirse ante la hipótesis de un pacto en el que pudiesen convivir PP, Cs y Vox. Así que, hasta aquí, la conclusión compartida por los tres partidos con mayores expectativas es: mejor crecer y, luego, ya veremos.

En ese horizonte, una vez más, el índice de participación será decisivo. Los cánones tradicionales establecen que si es alta, favorece a la izquierda. En la ciudad de Alicante, lo fue en la doble cita electoral del 28 de abril: de un 74,91% en las generales (un 70,42% en 2016); y de un 73,05% en las autonómicas (un 63,58% en 2015). En las dos convocatorias el PSOE salió victorioso. Y en las dos, Cs se convirtió en la segunda fuerza más votada superando al PP.

Ahí se sitúan dos de las incógnitas fundamentales en esta ocasión: por un lado, si se mantendrá ese nivel de movilización; y, por otro, si el partido de Albert Rivera volverá a adelantar a los populares. Por el momento, en la cúpula regional de Cs se tiene el convencimiento (y los cálculos demoscópicos) de que sucederá de nuevo. Pero esa opinión contrasta con los datos que se manejan en el seno del PP de Alicante, que situarían a la lista de Barcala como la más votada. No existe otra posibilidad más que esperar al escrutinio para comprobar quién está en lo cierto. 

La realidad es que ninguno de los dos partidos que se disputan el liderazgo del centro-derecha ha contado esta vez con sus primeros espadas nacionales para arrastrar al electorado. Cs tuvo que cancelar una visita de Inés Arrimadas, como ya sucedió con el acto anunciado en la campaña precedente respecto al propio Rivera, aunque sí han estado presentes Toni Cantó y el candidato a las europeas Luis Garicano. Y en el PP, ni su presidente nacional, Pablo Casado, ni su secretario general, Teodoro García Egea, se han dejado ver esta vez en la ciudad. Tampoco Isabel Bonig (que suspendió su participación en el primer mitin de campaña, con motivo del fallecimiento del exministro Alfredo Pérez Rubalcaba).

Por la izquierda, tampoco ha habido una especial efervescencia ni desembarcos masivos de sus respectivos líderes, pero sí ha habido actos con Pedro Sánchez y Ximo Puig, con Alberto Garzón y con Mónica Oltra.

Lo cierto es que, en la quinta capital de provincia del país, la campaña ha sido más bien de perfil bajo, basada en encuentros pequeños con militantes y en presentaciones sectoriales: exposiciones e intervenciones limitadas y que tire la marca.

Propuestas, estrategias y dilemas

Pese a que el resultado es más que incierto, sí parece claro que, gane quien gane, existe un diagnóstico más o menos común entre todas las fuerzas políticas sobre cuáles son las necesidades que se debe abordar en estos próximos cuatro años en la ciudad. 

En primer lugar, los seis partidos acuden a las urnas con promesas para mejorar dos servicios públicos básicos que sí dependen de la gestión municipal: la limpieza viaria y el transporte. También coinciden en la urgencia de dar impulso a un nuevo Plan General como instrumento para generar actividad económica y oportunidades de empleo. Casi se aferran a esa planificación -sin duda, positiva- como si fuese la única solución y remedio a todos los problemas que afectan a la ciudadanía. 

Y en tercer lugar, las seis fuerzas ponen el foco en la reclamación de inversiones pendientes desde hace años que corresponde ejecutar a otras administraciones. Ahí entra todo: desde centros de salud y colegios, hasta infraestructuras relacionadas con el transporte.

Así que, pese a que, las recetas puedan diferir, el plato que se supone que los seis candidatos se comprometen a cocinar debe ser, como mínimo, similar. Este diario ya comparó las principales propuestas incorporadas en los programas de cada formación.


Los candidatos han tenido un protagonismo y un nivel de acierto dispar. Todos, salvo Ortolá (que ha estado prácticamente desaparecido por la dificultad de un partido como Vox de articular un discurso local, como la que tuvo el Podemos de los inicios), se han limitado a organizar pequeñas reuniones para presentar propuestas sectoriales. 

Puede que el más activo haya sido Barcala. Primero, por su doble condición de alcalde y candidato. Y segundo, porque estaba obligado a la remontada. De ahí que haya tratado de potenciar su grado de conocimiento personal más que la marca. Es decir, casi todo lo contrario que Sanguino y Sánchez, que han parecido depositar sus esperanzas en el efecto tractor de las siglas en busca del manido viento de cola.

Por lo demás, puede concluirse que a Sanguino le ha penalizado su inexperiencia política en lances como los debates; que a Sánchez le ha restado su permanencia en les Corts y no haber vivido el relato de Alicante en primera persona; y que Barcala le ha castigado el papel de diana de todos. López ha superado el examen de solvencia y ha madurado la propuesta de la confluencia respecto a Guanyar. Y Bellido ha tenido que levantarse de la lona tras el golpe del voto útil hacia el PSOE de las generales, en las que Compromís solo logró 3.207 votos (en las autonómicas, sumaron 15.240, por encima de los 13.582 de las municipales de 2015).  

Y, por último, las estrategias. El PP ha tratado de reducir el debate a una decisión entre los tres primeros años del mandato, bajo la gestión del tripartito, y este último año, bajo su gobierno. Los populares han cultivado la imagen de lo que llamaron el gallinero plural como resumen de una etapa marcada por las disputas internas, frente a la idea de la reactivación de la ciudad que, aseguran, habrían conseguido desde abril de 2018. 

La izquierda, por su parte (con más o menos éxito y voluntad, según cada caso), ha intentado rebatir ese planteamiento para defender que esa disputa interna -que, según sus líderes, se hinchó a veces de forma grotesca desde dentro y desde fuera- no dejo ver el resto. En ese concepto de resto, según sus representantes, entraría que se saneó el Ayuntamiento tras la deuda de 170 millones heredada del PP, lo que habría permitido que Barcala pudiese acometer, ahora, los proyectos que ellos iniciaron. 

Además, especialmente Unides Podem EU y Compromís han tratado de retrotraer el relato a antes de 2015 -hasta los 20 años precedentes de hegemonía del PP-, para recordar los casos de presunta corrupción que afectaron a sus dirigentes en la ciudad.

Lo cierto es que algunos de ellos aún no han llegado a juicio: no solo se trata del supuesto amaño del Plan General del caso Brugal; también el caso de la contrata de las sillas o el caso de la adjudicación de las obras del Plan E. Otros ya cuentan con sentencias y, además, exculpatorias, como el de la feria outlet del Puerto. Con todo, los populares también han replicado frente a ese argumento que hoy el partido no es el de aquella etapa y que no existe ninguna duda sobre su gestión actual.

Cs, por su parte, ha jugado con dos barajas. Ha reprochado a todos los errores del pasado y del presente, y se ha ofrecido como la única alternativa de gobierno capaz de pactar con PP y PSOE, pese no haber aprovechado la posibilidad de sumar ni con unos ni con otros a lo largo de estos cuatro años. 

El dilema ahora es saber que pesará más en la decisión de los electores al acudir a las urnas. ¿Se castigará el desencuentro constante que imperó entre la izquierda y la imagen de parálisis (cierta o no) que acabó calando de ello? ¿Se da por pagada la factura de los casos de presunta corrupción que contribuyeron a restar 10 concejales al PP en 2015? ¿Habrá cuajado el mensaje de la reactivación de Alicante que se atribuyen? ¿Se considerará válida la opción de Cs pese a no haber asumido la responsabilidad de gobernar cuando ha tenido la posibilidad de hacerlo? ¿Se pinchará el globo de Vox que comenzó a crecer con las elecciones andaluzas o serán una fuerza decisiva en el pleno?  Y la última incógnita que para pocos cuenta: ¿qué efecto tendrá Contigo y el resto de las 13 candidaturas que también se presentan al Ayuntamiento de Alicante?

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