entrevista

Fernando Maestre: «La lucha contra el cambio climático debe partir de cada uno de nosotros»

Ecólogo e investigador distinguido de la Universidad de Alicante, dirige el Laboratorio de Zonas Áridas y Cambio Global. Acaba de ser nombrado uno de los científicos más influyentes del mundo en Ecología y Medio Ambiente, según la prestigiosa Web of Science, que le incluye en su ranking

17/12/2019 - 

ALICANTE. Estudia los ecosistemas de las zonas áridas del planeta y su respuesta al cambio climático. Desde los microorganismos del suelo hasta la capacidad hídrica de las plantas,  Fernando Maestre ahonda en el comportamiento de los actores que intervienen en el proceso que libera y fija CO2 al suelo manteniendo un equilibrio vital, roto en las últimas décadas por el calentamiento global. Tras el decreto de emergencia climática de la Unión Europea, el escenario futuro de nuestra región es poco halagüeño al ser una de las más sensibles a las subidas de temperatura del planeta, para lo que Maestre ofrece recetas que pasan por cambiar hábitos de consumo y echar mano de la ingeniería genética para crear microorganismos que engullan el CO2 que sobra de la atmósfera.  

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— ¿Cómo está respondiendo el ecosistema de las zonas áridas al cambio climático?

— Los cambios que antes se sucedían durante cientos de años se están produciendo en décadas y esto está afectando a los microorganismos del suelo a múltiples niveles: las plantas sufren estrés hídrico, están floreciendo antes, lo que afecta a su interacción con los insectos que las polinizan, y ello genera una serie de reacciones en cadena que afecta al ecosistema.

— ¿En qué medida?

— Nosotros vivimos gracias a que hay suelo; sin él no existiría la vida tal como la conocemos hoy día: nos da de comer, mantiene la cubierta vegetal que nos permite respirar, y a veces no somos conscientes de ello. Una de las consecuencias del cambio climático en entornos como el nuestro es que las plantas cada vez más son menos capaces de retenerlo y mantener su fertilidad, su capacidad de generar la vida. Ello incrementa su erosión y reduce su capacidad de absorber carbono de la atmósfera.

* Lea el artículo completo en el número de 33 de la revista Plaza edición Alicante

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