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SED BUEN@S Y LEED, EL DÍA DEL LIBRO, LA SEMANA DEL LIBRO, LA FERIA DEL LIBRO 

Del 23 de abril al 6 de mayo: Día del Libro, Sant Jordi, las rosas y la Feria del Libro, ¿quién da más?

23/04/2018 - 

ALICANTE. A veces las cosas son lo que son y no lo que aparentan ser, por lo que a pesar de las buenas caras, los comentarios positivos, las quejas por algunos condicionantes más exógenos que endógenos (el tráfico, el viento, la cultura del grito, la masificación, el ruido), o las caras de cansancio de los libreros destinados a las tiendas de campamento en la campaña especial del Día del Libro, situados en fronteras inhóspitas, pero contentos de la buena acogida de los nativos, cada vez menos bárbaros y más ciudadanos, el horizonte sigue estando teñido de bruma.

No sería descabellado hablar de la Feria del Libro de Alicante de nuestra Era, y la Feria del Libro de Alicante, antes de nuestra Era, con el año 2017 como bisagra, no sería descabellado, pero sería incorrecto, dada la cantidad de indicadores de inseguridad que jalonan estos días previos a saberse la programación para 2018, y el momento de cambio sobre cambio entre los gestores políticos de la cosa cultural.

No acaba de estar del todo claro si dedicarle un día a la exaltación libresca -un día, una semana, vamos, acotarlo en el tiempo- es una loa al comercio, al objeto de diseño perfecto o a la búsqueda del placer, una de las finalidades de la lectura, lo que sí está claro es que leer puede hacer daño, y también mucho bien, lo que demuestra que no es una actividad inocente, ni mucho menos inocua. 

Preparando el terreno, empezando con la efeméride del 23 de abril, dia de Sant Jordi, el llibre i la rosa, y con la expectativa puesta sobre la Fira del Llibre d’Alacant, que levantará persianas el próximo jueves 26 de abril, y las bajará once días más tarde, el 6 de mayo, aquí vamos dejando una avanzadilla de recomendaciones, absolutamente arbitrarias, para escarbar, buscar y solicitar en vuestra librería de confianza, o incluso para un feliz encuentro sobre los tablones de una paradeta. Empezamos con narrativas en castellano, en unos días lanzaremos su equivalente en valencià/català.

La primera de nuestras arbitrarias lecturas recomendadas pertenece a una de nuestras escuderías editoriales de referencia, y en las páginas de CulturPlaza por partida doble, ya que el compañero Edu Almiñana también la ha seleccionado entre sus admoniciones para la Fira del Llibre de València. Editorial Impedimenta, en su tarea de convertirse en el catálogo de referencia en español para conocer la obra del polaco Stanislaw Lem  (Lvov, 1921-Cracovia, 2006), después de publicar El hospital de la transfiguración en 2007, y continuar con Vacío perfecto, Magnitud imaginaria, La investigación,Golem XIV, Máscara, Astronautas, o la primera traducción directa del polaco de Solaris, nos trae ahora La fiebre del heno, en traducción de Pilar Giralt y Jadwiga Maurizio, una obra de lectura primaveral, sobre todo para la nómina de personas afectadas por las diferentes alergias y sus efectos rinosensibles. A caballo entre lo detectivesco y la ficción científica -el género nuclear de Lem-, La fiebre del heno goza de la prosa fría y con pocas concesiones al artificio formal del autor polaco, exigente con el lector que no encuentra florituras a las que asirse, inmerso en las etapas del viaje que realiza un astronauta norteamericano por las autovías que llevan de Nápoles a París, con parada obligatoria en Roma, con el encargo de esclarecer una serie de misteriosas muertes acaecidas en un balneario de Nápoles. Locura, la dicotomía entre casualidad y causalidad,  y antihistamínicos, una trinidad difícil de evitar, sobre todo para la multitud de lectores y lectoras que tenemos a mano el ventolín.

La segunda propuesta viene desde Donosti, al menos su casa editorial, con un nombre tremendamente evocativo, Expediciones Polares, que nos trae una faceta diferente de Álber Vázquez (Rentería, 1969), referente de la novela bélica, especializado en el siglo XVIII español y en las guerras hispano-apaches que tuvieron lugar en Arizona, Nuevo México y Texas, que ahora incide en la vía abierta en 2015 con Sangre a borbotones, con la que fue finalista en la Semana Negra de Gijón. Con una soberbia e impactante cubierta ilustrada por Sergi Pérez, Monstruoso corazón ardiente infecta de desasosiego en su lectura de diálogos canónicos, sexo y violencia poco contenida, en la narración de una venganza negra, pervertida y afilada.


Y si desvengornzada es la lengua utilizada por Vázquez, no lo es menos la que se gasta Santiago Aguilar (Madrid, 1959), miembro del colectivo cinematográfico La Cuadrilla, junto a Luís Guridi, con el que dirigió Justino, un asesino de la tercera edad (1994), Matías, juez de línea (1996) o Atilano, presidente (1998), en una apuesta deicidida, que parecía que iba a crear escuela, por los denominados secundarios. En este caso, El mundo es un buñuelo, editada por la editorial andaluza Bandaàparte, de momento en forma de novela costumbrista y deslenguada, recrea la biografía imaginada de un proletario de la interpretación, Cándido,  que vive la vida del mismo modo que la interpreta, en un una bambalinas movie a la búsqueda del padre-guía desparecido, y de Carmiña, primer amor más que perdido, difuminado con un mutis por el foro. Humor e ironía no exentas de ternura.

La literatura francesa no es un hexágono, sino más bien un gran archipiélado con miles de islotes casi desconocidos, como en aquellos versos de Char: “A veces imagino que no estaría mal ahogarse en la superficie de un estanque donde ninguna barca se aventuraría”. Cada islote es un mundo literario en si mismo, habitado por seres incógnitos que pocas veces se aventuran más allá de las aguas. De uno de esos islotes, la joven editorial barcelonesa Hurtado & Ortega ha rescatado a Grégoire Bouillier (Tizi Ouzou, 1960), amanuense de un género en desuso, la memorialística pura, ante el empuje de los híbridos autoficcionales. En Tres circunvoluciones alrededor de un sol cada vez más negro se recopilan sus tres primeros libros, Informe sobre mi persona (2002), El invitado secreto (2004) y Cabo Cañaveral (2008). Nada mejor que unas cuantas líneas, las que abren el Informa, para tener una idea clara de la transparente literatura de Bouillier: “TUVE UNA INFANCIA FELIZ. Un domingo por la tarde, mi madre aparece en nuestro cuarto, donde mi hermano y yo jugamos cada uno en su rincón: ‘Niños, ¿creéis que os quiero?’. Su voz es intensa, su nariz se abre desmesurada. Mi hermano responde sin medias tintas. Yo dudo en lanzarme desde las alturas de mis siete años. Soy consciente de la situación, pero también me asustan las posibles consecuencias. Acabo por murmurar: ‘Quizá nos quieres un poco demasiado’. 

La memoria, aunque sea la memoria de otras, pasada por el tamiz de una prosa de elegancia inmaculada, y la experiencia de las lecturas y una vida ordenada que era la admiración de autores de la última gran hornada de star system británico, como Julian Barnes, es la excusa argumental de Anita Brookner (Londres, 1928-2016). De ella, el ácido Barnes dijo que “durante mucho tiempo fumó Sovereign, una marca barata de Benson & Hedges, el único detalle poco elegante que vi en ella” y que “sus novelas siempre tratan de mujeres solteras y solitarias que al parecer no hacen nada más que devolver libros a la biblioteca, ir a salones de té y reflexionar sobre la vida que no han vivido”. Pero seguro que conocéis aquella anécdota de los Simpson, en que ante la explosión de acontecimientos, peleas, intrigas y acción de un blockbuster, Homer contrapone el argumento de uno de los episodios de Downton Abbey: “se ha perdido una cuchara”. Y quien no sepa de la intensidad de Downton, en la primera novela publicada por Anita Brookner, editada ahora por Libros del Asteroide, Un debut en la vida, puede encontrar ese aura de sofisticación elegante. “A sus cuarenta años, la doctora Weiss comprendió que la literatura le había destrozado la vida”.

Y para cerrar esta primera tanda de insinuaciones lectoras volveremos a París y Barcelona, donde una nueva editorial de reciente creación pero ideas bastante claras, las afueras, recupera la primera obra de uno de esos anarquistas autodidactas de los años 30 que más tarde encontraron su lugar en la Série noire dirigida por Marcel Duhamel. Jean Meckert (París, 1910-1995), que más tarde desarrollaría su carrera en el polar con el pseudónimo de John o Jean Amila, publicó en 1941, a su regreso del frente, la novela Los golpes, escrita originariamente en 1936, siendo reconocido inmediatamente por autores de peso como André Gide o Raymond Queneau. Considerado por algunos como el antídoto al cinismo de Céline, Meckert convierte la soledad del yo en un diálogo con la sociedad no desde la resignación, sino desde un vitalismo que tiene mucho de camusiano: “Se quiera o no, para nosotros el curro tiene una importancia brutal. No puedes evitar pensar en ello. Es lo que hay, vivimos para eso, de algún modo, deslomarse para el prójimo por un pedazo de pan”. 


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