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Análisis

Los que han aprendido del fracaso son mejores líderes

"El fracaso, cuando se procesa bien, genera cosas muy poderosas en las personas"

Publicado: 07/01/2026 ·06:00
Actualizado: 07/01/2026 · 06:00
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Vivimos en una sociedad en la que hay personas que opinan de todo y lo hacen de una forma demasiado rápida. Basta con escuchar muchas conversaciones sobre liderazgo, empresa o éxito personal para darse cuenta de ello. Hablan con arrogancia quienes nunca han caído, quienes no han conocido el fracaso ni han tenido que comenzar de nuevo. Opinan desde la superficie, desde la comodidad de no haber sido puestos a prueba por la vida.

Sin embargo, también hay otro tipo de personas que hablan distinto. Son quienes se han caído y se han levantado. Quienes han errado, han perdido y han tenido que volver a empezar. Esas personas no suelen opinar rápido, porque escuchan más y preguntan mejor. No porque sepan menos, sino porque saben lo suficiente como para entender que la vida es compleja y que las respuestas simples casi nunca sirven.

 

La primera es que te quita la soberbia; después te enseña a decidir con más calma"

 

Con el paso de los años he aprendido que el fracaso, cuando se procesa bien, genera cosas muy poderosas en las personas. La primera es que te quita la soberbia. Después te enseña a decidir con más calma. Te vuelve más humano cuando lideras. Pero, sobre todo, te ayuda a no juzgar tan fácilmente a los demás. Porque cuando uno ha estado abajo, en la derrota, entiende que las cosas nunca son tan simples como parecen desde fuera.

Aquí es donde la experiencia vital cobra un valor incalculable. Las personas mayores, aquellas que han vivido más, que se han equivocado más veces y que han tenido que recomponerse una y otra vez, suelen poseer una sabiduría silenciosa que no siempre sabemos escuchar. No hablan desde la teoría, sino desde la vida. No presumen de aciertos, porque saben que muchas veces los éxitos son frágiles. Han aprendido que equivocarse forma parte del camino y que levantarse no siempre es inmediato, pero casi siempre es posible.

Quien ha perdido, ha errado y ha tenido que recomenzar no necesita impresionar. No presume de atajos. No vende humo ni habla desde el postureo. Trae algo mucho más valioso: criterio y sentido común. Ese criterio que no se aprende en manuales ni en ponencias brillantes, sino en noches largas, en decisiones difíciles y en errores que duelen más de lo que se cuenta.

Existe una verdad incómoda que no siempre nos gusta escuchar: la experiencia no siempre grita desde el éxito; muchas veces habla bajito desde el fracaso. Y quizá por eso cuesta tanto reconocerla. Preferimos sentarnos con quienes “siempre ganaron”, con los que parecen tenerlo todo claro, con los que nunca muestran grietas. Pero ahí, con frecuencia, hay más ruido que nueces. Mucha palabra y poca profundidad.

 

Los mejores líderes no son los que nunca fallaron, sino los que supieron aprender del golpe"

 

En mi trayectoria como mentor de proyectos empresariales y como observador cercano de personas en procesos complejos, he visto una y otra vez el mismo patrón. Los mejores líderes no son los que nunca fallaron, sino los que supieron aprender del golpe. Los emprendedores más sensatos no son los que siempre acertaron, sino los que fracasaron, asumieron responsabilidades y regresaron con una mirada distinta. Más prudente, más humilde y, sobre todo, más humana. Esa mirada suele aparecer con los años, con el tiempo y con los errores bien digeridos.

El fracaso bien trabajado no destruye, sino que coloca a cada uno en su sitio. Te enseña que no controlas todo, que el mérito no es absoluto y que el error forma parte del camino. Te obliga a revisar tus decisiones, tus valores y tus prioridades. Y, si sabes escucharlo, te convierte en una persona más justa al evaluar a los demás. Por eso me preocupa una cultura que penaliza tanto el error y glorifica en exceso el éxito inmediato. Una cultura donde caer parece imperdonable y levantarse no siempre es posible.

En ese contexto, muchos esconden sus fracasos, los viven en silencio y los cargan como una culpa. Y eso es un problema serio, porque cuando no hablamos del fracaso, tampoco aprendemos de él. Perdemos la oportunidad de transmitir experiencia, de compartir cicatrices y de convertir el error en conocimiento colectivo. Algo que generaciones anteriores sabían hacer mucho mejor que nosotros.

He visto estudiantes brillantes bloquearse tras un tropiezo inicial. Profesionales excelentes desaparecer después de un error. Personas valiosas abandonar caminos por no sentirse legitimadas para fallar. Y cada vez que eso ocurre, la sociedad pierde talento, humanidad y aprendizaje colectivo. Quizá porque hemos dejado de escuchar a quienes saben que equivocarse no te invalida, sino que te forma y te prepara.

 

Nos recuerda que no somos infalibles, que no lo sabemos todo y que siempre estamos aprendiendo"

 

Tal vez deberíamos cambiar la pregunta. En lugar de admirar solo a quien llega primero, quizá convendría escuchar a quien llegó tarde, pero llegó. A quien tuvo que rodear, detenerse o volver atrás. A quien aprendió a mirar distinto después de equivocarse. En esas personas —muchas veces mayores, muchas veces discretas— hay sabiduría real.

Cuando tengas que aprender, decidir o liderar, no te sientes solo con los que “siempre ganaron”. Siéntate también con quienes saben lo que cuesta volver a empezar. Pregúntales qué harían distinto. Escucha sus silencios. Te darán menos frases brillantes, pero mejores preguntas. Menos certezas, pero más verdad. Pues son personas que han aprendido a gestionar el fracaso, a convivir con la incertidumbre y a acompañar sin juzgar. Porque solo quien ha estado abajo entiende de verdad lo que significa sostener a otros cuando caen.

Tal vez esa sea una de las grandes lecciones del fracaso: nos devuelve a lo esencial. Nos recuerda que no somos infalibles, que no lo sabemos todo y que siempre estamos aprendiendo. Y que, a veces, la verdadera sabiduría no está en quien nunca cayó, sino en quien aprendió a levantarse.

 

Dr. Pedro Juan Martín Castejón

Miembro del Consejo Directivo de Marketing y Comercialización (CGE)

Profesor de Marketing en la Universidad de Murcia y ENAE Business School

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