Opinión

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El juicio de la Dana, la condena de Pérez Llorca

Publicado: 06/01/2026 ·06:00
Actualizado: 06/01/2026 · 06:00
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«Queridos Reyes Magos: por favor, os lo suplico, que termine el juicio de la Dana». Así es como seguramente empiece la carta de Juanfran Pérez Llorca a sus Majestades de Oriente. De los creadores de los juicios de Núremberg, ha llegado el proceso que se celebra en el Juzgado de Catarroja. Va camino de ser más largo que un día sin pan o que un día de Reyes sin roscón; ese delicioso dulce importado por Felipe V que, a buen seguro, se le está atragantando al president de la Generalitat.

El gran problema de Pérez Llorca es que el relato de los hechos no ha pasado página, ni de la Dana ni de Carlos Mazón. No lo hace porque el destino ha querido que la jueza sea sumamente minuciosa, queriendo saber hasta la marca de zapatos que el expresident calzaba esa tarde o el modelo de móvil desde el que Alberto Núñez Feijóo enviaba mensajes a su delegado en la Comunitat. Este escrutinio está estirando la historia como esa novela que se hace eterna porque el autor se recrea en la ambientación. Sus motivos tendrá, pues es peligrosa la actitud de ver togas con colores políticos, pero lo cierto es que esta recreación no ha dejado tranquilo a nadie durante la Navidad.

Clase política y ciudadanía presenciamos los actos judiciales como si de un true verdict se tratase. Un espectáculo con tintes de true crime en el que hemos asistido a la muerte política de Carlos Mazón y Salomé Pradas. Como en todo reality que se precie, se han filtrado WhatsApps y detalles íntimos, ofreciendo ingredientes de sobra para que la opinión pública dicte su propio veredicto.

La dilatación del proceso es inversamente proporcional a la amortización política de Juanfran Pérez Llorca. Aunque el jefe del Consell actual da pasos hacia la concordia para borrar las secuelas de la tragedia, la agitación constante de aquel 29 de octubre de 2024 agiganta la figura de su predecesor e impide a la conciencia colectiva pasar de pantalla. Por mucho que el actual president abra un abismo entre su gestión y la anterior, el estigma persiste: para muchos, el que gobierna sigue siendo Mazón, y su sucesor es visto como corresponsable de aquel día fatídico.

Pesa más el relato judicial que el político. Es indiferente lo que apruebe el Consell en sus gabinetes; lo que realmente importa son los autos que se redacten en Catarroja. Hasta que el juicio no termine —y todo apunta a que va para largo—, Pérez Llorca no podrá trabajar sin la sombra de la sospecha sobre su cabeza. Si cuando llegue la hora de elegir candidato el asunto sigue en el "correveidile" procesal, quizá Feijóo se lo piense dos veces. No sería extraño que Génova buscase a alguien alejado de la tormenta perfecta; un dirigente que no fuese ni juez ni parte en la catástrofe. Para desgracia de Pérez Llorca, hoy seguimos hablando más de Mazón que de él.

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