Opinión

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El adiós de la FNAC y el atronador silencio de una ciudad

Publicado: 11/01/2026 ·06:00
Actualizado: 11/01/2026 · 06:00
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El cierre de un comercio siempre es un drama, por mediano o pequeño que sea. Si además es de ámbito cultural, todavía más. Sobre todo porque un comercio cultural, como otros, no solo vende productos: vende experiencias, es un punto de encuentro y ofrece conferencias, charlas, coloquios, conciertos, exposiciones, etc. El nivel cultural de una ciudad lo miden el número de teatros, las salas (o espacios) de conciertos, los conservatorios, las exposiciones y, sobre todo, las librerías, aunque vendan otros productos relacionados.

Por eso, el anuncio de FNAC de cerrar su tienda en Alicante no deja de ser solo un drama laboral, que también. Es una catástrofe para aquellas personas que consumen cultura, poca o mucha, pero que tienen uno o varios lugares de referencia en la ciudad cuando necesitan un libro, un videojuego, un vinilo o una guía de viajes. Es como si desapareciera una linde, una estatua o un hito que, en este caso, aporta conocimiento y bienestar, interno y externo.

He de reconocer que hacía tiempo que no iba por el Boulevard Plaza, donde se halla la tienda, pero sí tenía a menudo citas en la cafetería de la FNAC (otro elemento distintivo de la enseña: disponer de un lugar para comentar o conversar antes o después de una compra). Pero, si uno echa la vista atrás, es necesario reconocer el papel fundamental que jugó en su día la enseña francesa como agitadora cultural de Alicante, con conciertos, conferencias, charlas o exposiciones, además de su papel como comercio temático.

El modelo de FNAC ha triunfado en casi todas las ciudades (hay experimentos en centros comerciales alejados de la urbe que no tanto). Además, se ha convertido en motor de otros comercios similares. Aunque al principio hubiera reticencias a su implantación (por aquello de que abría en domingo o vendía productos electrónicos), al final, en la mayoría de las ciudades se ha integrado dentro de la trama comercial y con un papel destacado como agitador y ofertante de calidad.

¿Que el modelo de tienda cultural de estas características pueda estar caduco? Supongo que a lo largo de estos 25, el comercio ha sobrevivido a todas las modas, circunstancias y variedades de consumo cultural. Es más doloroso leer que la tienda iba más o menos bien, pero que el fin del contrato del alquiler les ha sobrevenido y que estarían dispuestos a una nueva reapertura en otro lugar. 

Sea como fuere, por cuestiones internas de la empresa, o por cuestiones propias del mercado, lo más triste que no haya salido ninguna voz institucional al menos a lamentar el cierre. Lo suyo era que se hubiera dado una cierta iniciativa en preocuparse no solo por el presente de la FNAC en particular, sino de todo el sector cultural en general y, en caso de conocer las incertidumbres, tener alternativas a mano para al menos garantizar la continuidad del negocio, con más o menos efectivos, o en otra ubicación. El objetivo es que ese corazón de papel, vinilo y ocio no dejara de palpitar. 

Ya sé que es pedir peras al olmo en esta ciudad. El desahucio de la Librería 80 Mundos tampoco auguraba ninguna reacción en el plano comercial (sí que se dio en el urbanístico). Sólo el acuerdo entre particulares posibilitó evitar ese culturalicio. Por desgracia, a veces da que pensar que este sector económico solo preocupa si trae mainstream y genera cash en grandes cantidades, pese a que genere molestias. Incluso, hasta con eso, también se ponen zancadillas a aquellos que lo intentan de buena fe. Y ese es el error: la cultura es todo lo que genera relación e intercambio de experiencias. Hasta una peluquería es cultura. Allí también se lee (aunque sea el Hola).

Ya sabemos que siempre vende más cortar la cinta de la inauguración de una nueva tienda que evitar su cierre, sea un comercio de barrio o de una multinacional. Con 80 Mundos todavía vimos el lamento de la gente en una protesta por la calle; en el caso de la FNAC sólo hemos conocido la queja de los afectados, los trabajadores. En este caso, no ha sido posibe ni un acuerdo entre particulares, ni voces institucionales diciendo algo. Ha sido un silencio atronador. Todo un síntoma.

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