X AVISO DE COOKIES: Este sitio web hace uso de cookies con la finalidad de recopilar datos estadísticos anónimos de uso de la web, así como la mejora del funcionamiento y personalización de la experiencia de navegación del usuario. Aceptar Más información

UNA IDEA, UN PERIÓDICO

La prensa política en Alcoy durante la II República

El Archivo Municipal de la ciudad ha puesto en marcha la digitalización de la hemeroteca de esta y otras etapas de la historia de Alcoy en un ambicioso proyecto de repositorio virtual.

10/11/2018 - 

ALICANTE. «Es más importante la fundación de un periódico que la erección de un templo». Es una de las contundentes sentencias con las que el periódico alcoyano La Gaceta de Levante defendía la necesidad de que existiera una prensa católica fuerte. Lo hacía en plena II República, unos años de grandes convulsiones políticas en los que todo el mundo tenía algo que decir. La caída de la dictadura de Primo de Rivera había traído el fin de la censura, y la libertad de expresión quedaba recogida en la constitución republicana de 1931. Aunque no es oro todo lo que reluce —también hubo denuncias, multas, cierres de periódicos o encarcelamientos de periodistas—, es cierto que fue una etapa de grandes avances en esta materia, en la que el sector periodístico desplegó un pluralismo hasta entonces nunca visto. Cada partido, cada escisión, cada corriente ideológica quería tener su propio órgano de comunicación escrita, lo que provocó una enorme saturación de publicaciones en una sociedad con una cuota de analfabetismo superior al treinta por ciento.

Lea Plaza al completo en su dispositivo iOS o Android con nuestra app

Esta ebullición periodística se vivió también en Alcoy, una ciudad que se encontraba en la primera liga de las urbes debido a su esplendor industrial y donde ya existía una larga tradición en el sector de la prensa escrita —el periódico más antiguo del que se tiene constancia, La Glorieta de Alcoy, se empezó a publicar en 1837—. El boom de cabeceras políticas en la capital de l’Alcoià durante el periodo de la II República ha quedado recogido en exhaustivos trabajos de investigación, entre los que destacan los libros editados por el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert La prensa en la provincia de Alicante durante la Segunda República (1931-1936), con Francisco Moreno a la cabeza, y La premsa en les comarques de l’Alcoià-Comtat (1837-1939) (2004), coordinado por Àngel Beneito y Francesc Blay, así como el catálogo de la exposición 150 anys de premsa a Alcoi, que organizó el Centre Alcoià d’Estudis Històrics i Arqueològics en 1987. Todos ellos dan buena cuenta de la cantidad de periódicos que se editaban en aquellos agitados años en Alcoy, donde, como ocurría en el resto del Estado, la prensa cubría prácticamente la totalidad del espectro ideológico.

Como ocurre todavía hoy, los sectores con mayor poder económico eran los que podían mantener publicaciones con mayor solvencia, por eso los conservadores La Voz del Pueblo y La Gaceta de Levante fueron de los pocos periódicos que sobrevivieron hasta la II República desde etapas anteriores. El primero, que llevaba por subtítulo Semanario de propaganda católico-social y llegó a tener una tirada de dos mil ejemplares —cuando lo habitual eran tiradas de trescientas a quinientas—, se editó desde la primera década del siglo XX hasta la Guerra Civil y fue un gran defensor de la escuela religiosa. El segundo nació en 1924, orbitaba alrededor de los sectores más reaccionarios de la CEDA —sus propietarios eran miembros de Acción Católica— y en sus páginas se criticaba el marxismo, la masonería y el judaísmo, además de mostrar simpatía por los regímenes fascistas que se habían instaurado en Europa.

Con todo, y a pesar de sus evidentes sesgos ideológicos, La Gaceta de Levante fue uno de los periódicos con mayor vocación informativa en un contexto en el que reinaba la mera propaganda: publicaba artículos sobre infraestructuras, urbanismo, actividades culturales o descubrimientos arqueológicos, lo cual lo convirtió en una de las cabeceras más influyentes de la ciudad. La oferta de prensa conservadora se complementaba con otras publicaciones como Acción, semanario carlista aparecido en 1935 que se oponía a la República, la Hoja Parroquial (1932-1936), que exponía en un lenguaje sencillo los principios religiosos que entraban en conflicto con el nuevo orden, o Indicador Religioso, que publicaría 31 números entre 1929 y 1930.

En el lado opuesto del abanico ideológico, encontramos la prensa obrera, sometida siempre a una extrema precariedad: la mayoría de colaboradores no cobraban por su trabajo y en muchas ocasiones los periódicos los escribían dos o tres personas con diferentes pseudónimos. En Alcoy el movimiento libertario contaba con una larga trayectoria y gozaba de muy buena salud. Es por ello que el anarcosindicalismo también tuvo sus medios de expresión escrita, amenazados en todo momento por las estrecheces económicas y la represión política, lo que provocó que la mayoría de publicaciones tuviera una vida inestable y efímera. Entre estos periódicos se encuentran Redención, un semanario con vocación universal que fue recuperado de la década anterior y publicó 23 números en 1930; el semanario Solidaridad Obrera, que en 1936 se trasladó de València a Alcoy junto al llamado Comité Regional de la CNT de Levante; el mensual Boletín del Sindicato de la Industria Textil y Fabril de Alcoy, ligado a una escisión de la CNT, que predicaba las bondades de la acción sindical; o el semanario Rebelión, publicado entre 1932 y 1933 por las Juventudes Libertarias, que tuvo que suspender su actividad por la morosidad de sus distribuidores. 

También las fiestas contaron con sus propias publicaciones, como la revista Pregón, que lanzó la Asociación de la Prensa de la ciudad en 1936 en honor a la celebración de los Moros y Cristianos

Dentro del movimiento obrero, la prensa socialista, aun sin suponer una amenaza para la hegemonía mediática de la derecha, vivió su mejor momento durante la II República, aunque también tuvo que soportar problemas económicos y encontronazos con los gobiernos conservadores. Los periódicos vinculados al Partido Socialista eran considerados un pilar más de la organización, se dedicaban a difundir convocatorias e información sobre el partido y a extender sus principios teóricos. En Alcoy los socialistas también lanzaron su publicación, el quincenal Orientación Social, que tuvo una irregular vida entre 1931 y el estallido de la guerra. La cabecera, que tomaba el relevo de la anterior Conciencia obrera, denunciaba el caciquismo, criticaba la gestión de los recursos del gobierno local y velaba por los derechos de los trabajadores y sus condiciones de vida, además de mostrar una preocupación constante por la falta de escuelas y otros temas relativos a la educación. En sus páginas convivían las columnas de opinión de sus colaboradores locales junto a las firmas de personalidades como Pablo Iglesias, Víctor Hugo o Émile Zola.

Las opciones políticas republicanas también tuvieron sus propios medios de comunicación en Alcoy. El más importante de ellos fue El Faro (1930-1932), creado como órgano oficial del Partido Republicano Radical Socialista. Muy vinculado a la figura de Juan Botella Asensi, seguiría al que sería ministro en su escisión, Izquierda Radical Socialista. El Faro se distinguía por su carácter jacobino, por su anticlericalismo y por su objetivo de enaltecer la figura de Botella Asensi y defender sus acciones frente a sus rivales políticos. Pero hubo otros periódicos vinculados a distintas organizaciones republicanas, como Ciudad del Serpis (1932), abiertamente populista y políticamente ambiguo; Nosotros (1934-1945), semanario en la órbita de Izquierda Republicana que apostaba por crear un frente progresista; Democracia (1930), de carácter conservador moderado; o República (1932-1933), cercano al Partido Republicano Radical de Lerroux. 

Aunque el predominio de la prensa política era claro, también hubo lugar para otro tipo de publicaciones durante la II República. Además de algunos boletines gremiales eminentemente prácticos, encontramos publicaciones de carácter cultural como el semanario Radio Alcoy, dedicado a promocionar el nuevo medio de comunicación —la emisora homónima que se inició en 1931 y que sigue en funcionamiento en la actualidad—, con un importante componente gráfico y que en su primer número se definía como apolítica y «ante todo alcoyanísima». También las fiestas contaron con sus propias publicaciones, como la revista Pregón, que lanzó la Asociación de la Prensa de la ciudad en 1936 en honor a la celebración de los Moros y Cristianos, o El fallero, que apareció en 1934 y 1935 con motivo de las fiestas de San José, una celebración muy importante en Alcoy en aquel momento de la que en la actualidad no queda prácticamente ni rastro. Esta última, por cierto, fue de las pocas cabeceras que incluyó en sus páginas artículos escritos en valenciano durante el periodo republicano. 


Hemeroteca disponible 24 horas 

El estallido de la Guerra Civil modificó para siempre el ecosistema mediático de Alcoy. El alzamiento militar de 1936 sumió la ciudad en un premonitorio silencio —durante diez días no se publicó ningún periódico— que la mayoría de cabeceras ya no lograría romper. El 29 de julio reapareció La Gaceta de Levante, que había sido incautada por las fuerzas antifascistas y ahora reflejaba la actividad revolucionaria de Alcoy frente a la sublevación derechista. Pronto el periódico pasaría a ser rebautizado como Humanidad y operaría como órgano comunicativo del Frente Popular.

La prensa de la ciudad se puso al servicio de la guerra y no tardaron en aparecer otras publicaciones vinculadas a las fuerzas de izquierdas que defendían el legítimo orden republicano. Es el caso de los semanarios Joven Guardia, impulsado por las juventudes socialistas, o Ruta Confederal, de carácter anarcosindicalista, que publicó treinta y cuatro números entre 1937 y 1938 y que, entre otras cuestiones, daba cuenta de las importantes colectivizaciones que tuvieron lugar en Alcoy. La entrada de las tropas franquistas en la ciudad sacudió de nuevo el panorama mediático. Humanidad volvió a convertirse en La Gaceta de Levante y ahora, además, lucía el emblema de la Falange en su cabecera. Las directrices discursivas cambiaron radicalmente y, a partir de aquel momento, la prensa se vio sometida por el régimen franquista en una nueva y oscura etapa. 

El director del archivo afirma que los fondos digitalizados tienen mucha demanda, incluso entre los investigadores internacionales

La mayoría de periódicos mencionados en este artículo se pueden consultar en el repositorio virtual BIVIA, el Portal del Patrimonio Documental de Alcoy puesto en marcha por el Archivo Municipal el año pasado. En estos momentos hay más de trescientas cabeceras y cerca de dieciocho mil ejemplares digitalizados, no solo de la II República, también de otras épocas, lo que convierte el portal en una de las hemerotecas digitales más ambiciosas del territorio valenciano. La tarea, no obstante, persiste. Josep Lluís Santonja, historiador y director del archivo, explica que el proceso se ha realizado en orden cronológico inverso; «trabajamos en función de las necesidades del usuario: primero digitalizamos la prensa de posguerra, luego la de la II República, y ahora lo estamos haciendo con la de las primeras tres décadas del siglo XX». Los formatos de digitalización siguen los estándares fijados por las autoridades en ese ámbito: imágenes en alta y baja resolución y archivos pdf para facilitar la consulta, que permite realizar búsquedas de texto en los documentos. 

La iniciativa ha sido todo un éxito: según Santonja, en tan solo un año de vida el portal digital ha superado el número de usuarios de la hemeroteca física. «El material ya estaba a disposición del público, pero no es lo mismo tener que venir presencialmente y ajustarte a unos horarios que poder consultarlo desde tu casa en cualquier momento», explica. Además, la digitalización salva también del deterioro los ejemplares originales impresos en papel de mala calidad, que no estaban hechos para ser conservados. El director del archivo afirma que los fondos digitalizados tienen mucha demanda, incluso entre los investigadores internacionales, que se han interesado principalmente por las publicaciones que generó el movimiento libertario: «reflejan la visión que tenían sobre cómo debían ser la sociedad, la política, la economía… En Alcoy el ideario anarcosindicalista no se quedó en la teoría, se llevó a la práctica, y eso ofrece una singularidad muy llamativa».

El archivero pone de relieve el valor de la prensa como fuente histórica: «es la mejor manera de conocer el siglo XX, un reflejo de la vida social, política, cultural, etcétera. Son cosas que no puedes encontrar en ningún otro sitio». Un patrimonio increíblemente valioso, en definitiva, que ahora está al alcance de cualquiera. En Alcoy ya no hay excusa para no conocer de primera mano la historia más reciente de la ciudad. Ojalá otros municipios emprendan también ese camino. 

* Este artículo se publicó originalmente en el número 19 (X/23018) de la edición de Alicante de Plaza 

Noticias relacionadas

next
x