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Basquiat XXL

El libro definitivo para descubrir a Basquiat

8/11/2018 - 

VALÈNCIA. Jean-Michel Basquiat fue uno de los últimos grandes artistas plásticos del siglo XX. Treinta años después de su prematuro fallecimiento, el libro Basquiat XXL analiza la obra del artista y nos explica el contexto en el que tuvo lugar.

Basquiat era un artista predestinado a convertirse en leyenda. Tenía madera para ello y además fue la última estrella de una época, la de la edad de oro de Nueva York como meca artística, que a principios de los ochenta llegaba a su fin. Jean-Michel Basquiat forma parte de la misma escena que tuvo a los clubs como hervideros artísticos, del momento en el que el hip hop comenzó a cobrar forma y de una generación de artistas plásticos –Keith Haring, Julian Schnabel, Robert Longo, Kenny Scharf,  Francesco Clemente- con la que se clausuraba la  hegemonía artística que Nueva York había mantenido desde la década de los cincuenta, con la eclosión del realismo abstracto y que mantuvo gracias a la llegada del pop art y al reinado de Warhol. Basquiat murió joven y su carrera artística fue breve –diez años-, pero su obra fue lo suficientemente importante como para que se la recuerde más allá del personaje y del desbarajuste de cifras que suele rodear a sus obras, como ocurre con el cuadro Untitled (Pollo frito), fechado en 1982, y que Sotheby’s ha anunciado que subastará con un precio de salida de 25 millones de dólares.

Como Warhol, Basquiat es un creador que corre el peligro de ser malinterpretado a causa del personaje sobre el cual se sustenta la obra. Y, como Warhol, es también  un artista fundamental en el arte norteamericano del siglo XX, por más que se trivialice su figura. Todos los datos que llevan a dichas conclusiones están reunidos en el libro más exhaustivo que se ha publicado hasta la fecha sobre el artista. El monumental Basquiat XXL, de Taschen recopila imágenes de obras, bocetos y apuntes, acompañándolos de ensayos y textos biográficos que ayudan a comprender la naturaleza y alcance de la obra pictórica del primer artista plástico negro de fama universal en la historia del arte. Treinta años después de su muerte, la revisión del mito y la revisión del valor de su obra han comenzado. Basquiat XXL llega poco después que el documental Boom For Real, estrenado esta primavera. La cinta de la actriz y directora Sara Driver se remonta al origen de su carrera, cuando era un joven problemático que pasaba de ir a clase y dormía en los bancos de los parques o en casas de amigos que, dado su temperamento problemático, acababan lamentando la decisión de acogerle.

Hijo de tahitiano y puertorriqueña, el artista perteneció a la clase media, pero eligió ser un rebelde desde su adolescencia. Descubrió que la escena artística del downtown neoyorquino era su hábitat perfecto. En una ciudad todavía lejos de la gentrificación, la zona urbana menos recomendable se convirtió, a pesar de su peligrosidad, en el hogar de muchos jóvenes con aspiraciones artísticas. La mala reputación de barrios como el Bowery hizo que los alquileres fueran más que asequibles. Eso propició que, a partir de 1975, se congregarán allí una serie de nombres y espacios que terminarían por ser fundamentales para la cultura del siglo XX. Con Warhol como modelo y catalizador, y alrededor de locales como el Max’s Kansas City, el CBGB y el Mudd Club, creció toda una generación de músicos, cineastas, pintores, diseñadores, videoartistas que en muchas ocasiones alternaban varias de esas disciplinas. Precisamente fue en el Mudd Club donde se celebraron las primeras actuaciones del grupo musical de Basquiat, Gray.

Compuesto también por el actor y modelo Vincent Gallo, Gray fue  el típico ejemplo de máxima libertad creativa –sonaban a cruce entre el free jazz y la no wave que entonces se desarrollaba en la ciudad- y de polivalencia creativa, con músicos en sus filas que también eran artistas, como fue también el caso de The Del Byzanteens, donde militaba Jim Jarmusch. En medio de todo aquel huracán subterráneo, Basquiat supo encontrar su lugar. Sus primera manifestaciones fueron con los grafitis que, a medias con su amigo Al Díaz, firmaba como SAMO, acrónimo de la expresión same old shit, es decir, la misma mierda de siempre. Antes de hacer de la pintura su medio de expresión principal, Basquiat ya estaba integrado en ese escenario que se debatía entre el glamour de la tienda Fiorucci y la cutrez del CBGB.

 Uno de los rasgos fundamentales de su obra pictórica es la presencia de las raíces afroamericanas, que se mezclan con el arte callejero y las influencias de la pintura blanca americana y europea. Su arte es tribal y primitivo siempre, por eso sus inicios están también ligados al nacimiento del hip hop. De hecho, se le puede ver en el vídeo del tema ‘Rapture’ de Blondie, ejerciendo de dj y compartiendo espacio con pioneros del rap como Fab Five Freddy –que es mencionado en la letra de la canción- , ahijado del músico de jazz Max Richter, uno de los ídolos del pintor. Debbie Harry –una de las primeras celebridades en comprarle obra- y Chris Stein fueron dos figuras fundamentales en el lanzamiento de Basquiat. Hicieron que pasara a formar parte de TV Party, un programa de televisión por cable presentado por el periodista Glenn O’Brien, columnista habitual de Andy Warhol’s Interview. O’Brien quedó tan prendado de su talento que escribió una película a su medida. En New York Beat, que no estrenaría hasta 2001, ya con el título Downtown 1981, Basquiat encarna a un artista bohemio destinado a convertirse en una gran estrella. El underground artístico de la ciudad con nombres y apellidos desfila ante la cámara escena tras escena.

Después de haber participado en un par de exposiciones colectivas que lo lanzaron como pintor de obras de gran formato y le pusieron en contacto con galeristas como Annina Nosei, Basquiat trabó amistad con Warhol y ambos comenzaron a colaborar en proyectos artísticos. Dicha alianza recibió críticas por ambos lados. Se acusó a Warhol de aprovecharse del talento joven del tahitiano y a este de acercarse a Warhol para ganar notoriedad. La relación que mantuvieron ambos quedó bien documentada en Basquiat (1996), debut cinematográfico de Julian Schnabel, que en su momento declaró que sentía la necesidad de contar la verdadera historia de quien fuera su amigo. En la cinta, Bowie hacía un papel soberbio interpretando a Warhol, personaje con el que, contrariamente a lo que pudiera parecer, nunca tuvo un gran feeling. Otra amiga, la realizadora Tamra Davis, también quiso contar su historia a través de un documental titulado The Radiant Child (2010).

Basquiat falleció a los 27 años. Su muerte por sobredosis fue digna de una estrella del pop. De hecho, su perfil público siempre tuvo más que ver con eso que con el calado de su obra. Treinta años es tiempo suficiente como para entender la importancia de su obra, salvaje, llena de vida, hecho por la mano de un creador con una visión propia que un día dijo: “No pienso en el arte cuando trabajo. Intento pensar en la vida”. Basquiat XXL se ha convertido en el inventario editorial más importante que ha tenido nunca su trabajo. Un libro que además de mostrarnos obras fundamentales como Untitled (Skull), Flexible o Arm and Hammer  nos explica las circunstancias y los entresijos de su creación.

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