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el billete / OPINIÓN

Cuneros, paracaidistas y astronautas

Foto: PEPE OLIVARES
24/03/2019 - 

"Son unas elecciones españolas, y solo faltaría que un español no se pueda presentar a unas elecciones españolas por una provincia española", dijo Cayetana Álvarez de Toledo para defenderse de quienes habían criticado que se presentase por Barcelona no siendo catalana. La candidata del PP tiene más razón que un santo y Pablo Casado tiene muchos motivos para presentarla por Barcelona y no por Sevilla porque se va a ocupar, lleva tiempo haciéndolo como periodista, del mayor problema que tiene ahora Cataluña. La aristócrata madrileña –con triple nacionalidad española, argentina y francesa– estuvo casi 20 años casada con un catalán, y no habla catalán –presume de ello– seguramente porque no le ha hecho falta, no porque no haya tenido ocasión. A Álvarez de Toledo no le es indiferente Cataluña.

Su razonamiento, no obstante, no sirve para cualquier cunero –candidato extraño al lugar por el que se presenta– en un sistema electoral organizado en circunscripciones provinciales. Si diera igual de qué provincia es cada diputado, como dice también Ciudadanos para defender que Girauta se presente por Toledo, las elecciones generales se habrían organizado con una circunscripción única para toda España, como en las elecciones al Parlamento Europeo. De hecho, esta es una de las propuestas de quienes buscan una fórmula para corregir la sobrerrepresentación de los partidos nacionalistas en el Congreso en relación a su número de votos.

En realidad, tampoco en las elecciones al Parlamento Europeo la circunscripción es única, hay una por cada país miembro y ninguna ley impide que el PP, en lugar de presentar a Esteban González Pons, ponga como cabeza de lista a un señor de Irlanda que se vanaglorie de no hablar español porque la lengua franca en la UE es la de Shakespeare. "Son unas elecciones europeas, y solo faltaría que un europeo no se pueda presentar a unas elecciones europeas por un país europeo", podría argumentar el susodicho en perfecto inglés.

Cayetana Álvarez de Toledo y Pablo Casado, en Barcelona. Foto: EFE/ Enric Fontcuberta

Uno entiende que los diputados en el Congreso y en el Senado están para trabajar por España, para establecer las normas y cambiarlas cuando sea necesario con el objetivo de resolver problemas y avanzar como sociedad y como país. Siendo un poco pinkeriano y a pesar del descrédito que soportan los políticos, hasta ahora no lo han hecho tan mal si comparamos esta España con la de hace 40 años o con la mayoría de países del mundo.

Pero sucede que muchos de los problemas que el Legislativo debe resolver o instar al Ejecutivo a que resuelva son específicos de un solo lugar, de ahí que sea una buena idea que haya diputados que se preocupen por las cosas de la terreta la desertificación en Almería, el tren en Extremadura, el sector minero en León, los costes de la insularidad en Baleares y Canarias, la crisis citrícola..., diputados a los que los alcaldes, las asociaciones civiles, los empresarios o el Gobierno autonómico de turno puedan acudir para que defiendan los intereses de quienes les han votado. España la forman 50 provincias y dos ciudades autónomas con características variopintas y el tópico de que algunos políticos no ven más allá de la M-40 no surge de la nada.

Perdemos peso

En las tres provincias valencianas elegiremos el próximo 28 de abril a un total de 32 diputados al Congreso, uno menos que en 2016 debido a un leve descenso de la población que hace perder a Valencia el decimosexto escaño que ganó hace tres años. Además, la Comunitat pierde un senador territorial toca uno por comunidad autónoma y otro más por cada millón de habitantes, ya que la población ha quedado ligeramente por debajo de los cinco millones. Tenía seis senadores territoriales y ahora tendrá cinco.

A esa pérdida de un escaño en el Congreso se suma la desgracia de tener como candidatos en puestos de salida a dos cuneros de tomo y lomo, paracaidistas colocados por la dirección nacional de su partido porque en la lista de Madrid no caben todos y necesitan asegurarse su presencia en el Congreso. Ambos se presentan en Alicante, que con un total de 12 escaños –la cuarta provincia que más tiene junto a Sevilla es una circunscripción propicia para los paracaidistas

Txema Guijarro. Foto: RAFA MOLINA

Se trata del número uno de Unidas Podemos, Txema Guijarro, y del número uno del PSOE, el ministro Pedro Duque. El astronauta colocado por Sánchez está casado con una alicantina Consuelo Femenía, embajadora de España en Malta y tiene un chalet en Xàbia, el que casi provocó su dimisión por tenerlo a nombre de una sociedad patrimonial para pagar menos impuestos. Es lo que tiene la Costa Blanca, que la gente se compra un chalet allí y ya tiene excusa para presentarse por Alicante, como García Margallo.

El madrileño Txema Guijarro, (todavía) amigo de Pablo Iglesias y que conoce mejor Ecuador que la provincia de Alicante, representará a los valencianos por tercera vez en el Congreso. Aterrizó en la lista de Valencia (número 5) en 2015, pero cuando en 2016 lo bajaron al 6 por el pacto con Esquerra Unida Iglesias lo acomodó en el 3 de Alicante. Ahora, sin coalición con Compromís y con el segundo escaño para Unidas Podemos en el aire según las encuestas, Guijarro encabeza la lista por delante de Rita Bosaho, anterior número 1. 

Cierto es que Guijarro en esta legislatura se ha currado algunas iniciativas proalicantinas –otros ni se acuerdan de en qué lista iban, como aquel Nacho Uriarte (PP) del que nos recordaron que existía y era "diputado por Valencia" cuando provocó un accidente conduciendo ebrio por Madrid–; y que esta vez no ha sido designado a dedo, ya que se ganó el puesto en las primarias prenavideñas de Podemos. Unas primarias celebradas con unas normas que harían las delicias de Álvarez de Toledo: toda España votaba a todos los candidatos, se presentasen donde se presentasen. Los colegas de Pablo Iglesias arrasaron.

Pensará algún lector que, visto lo visto en estos 40 años, tener más diputados valencianos no garantiza que nos vayan a representar mejor. Así es, pero tener los que nos tocan aumenta las posibilidades. Con diez se puede jugar mejor, como decía Helenio Herrera, pero ningún entrenador quiere jugar con diez porque es más fácil ganar con once.

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