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tendencias escénicas

'Acampada': el teatro para todos de Pont Flotant

La compañía valenciana estrena su obra sobre diversidad funcional en el Teatre El Musical

16/10/2019 - 

VALÈNCIA. En el test de prueba de una convivencia no hay experiencia más extrema que la de irse de acampada. Compartir techo, sueño, olores y miedos en un espacio reducido, ajeno y no siempre cómodo exige altas dosis de flexibilidad, de organización, de empatía y de paciencia.

De ahí que para su nueva propuesta, donde abordan la diversidad funcional, Pont Flotant haya elegido esta modalidad de viaje como metáfora de contacto real entre las personas.

Acampada está programada los próximos 26 y 27 de octubre en el Teatre El Musical, y los días 22 y 23 de noviembre se instalará en la sala Cuarta Pared de Madrid, donde forma parte del Festival de Otoño.

En esta muestra de artes escénicas fue donde la compañía valenciana estableció el año pasado, precisamente, las bases éticas y artísticas del montaje.

Àlex Cantó, Joan Collado, Pau Pons y Jesús Muñoz pusieron en marcha el laboratorio escénico Otras InCapacidades, donde colaboraron pedagogos, psicólogos y artistas de diferentes ámbitos, como la danza, la música o el arte conceptual, en sesiones de formación e investigación en las que participaron personas con y sin experiencia en el teatro y con diversas capacidades.

“Al principio, teníamos muchas reservas. Quisimos vivir este proceso experiencial de manera muy horizontal para decidir si nos sentíamos con el derecho moral de hablar desde el teatro sobre la diversidad funcional”, revela Jesús Muñoz.

Esto es un simulacro

Sin darse cuenta, los miembros de la compañía caían en tópicos, excluían sin pretenderlo, adoptaban una actitud paternalista. “Este laboratorio fue muy revelador acerca de las injusticias que cometemos diariamente al tratar con las personas que no son como los humanos estándar. Se trata de tics basados en el bagaje cultural y educacional y hay que cambiar el paradigma”, comparte Muñoz, que sube a escena junto a Àlex Cantó, Itziar Manero y tres actores con diversidad funcional: Mónica Lamberti camina con muletas, Benito Valverde vive en un centro para discapacitados intelectuales y Alberto Romera tiene síndrome de Down.

Los miembros de Pont Flotant ya venían dándole vueltas al proyecto desde que en marzo del año pasado estrenaron su producción para el Teatre Escalante Les 7 diferències.

El montaje infantil era un canto a la diversidad protagonizado por personas procedentes de China, Bangladesh, Perú y Guinea Ecuatorial. Del mismo modo que en aquella ocasión primó la sinceridad y la coherencia al subir a escena a intérpretes de rasgos físicos, orígenes, idiomas y culturas dispares para que relatasen su experiencia en primera persona, en Acampada había que darle voz a sus protagonistas.

Uno de los días llevaron unas tiendas de campaña al espacio de trabajo: “Allí dentro revivimos momentos de otras acampadas, de otras épocas. Empezamos a sentirnos un grupo de amigos de toda la vida. Entonces alguien propuso que saliésemos del teatro para acampar de verdad en la montaña. Pero antes decidimos ensayar, hacer un simulacro de acampada”.

El lugar de los unos y de los otros

El hilo conductor de la pieza es un ensayo de acampada en un teatro con focos, donde un ciclorama es el que procura los árboles y las estrellas. Y una actividad tan ligada a la ingenuidad y a la nostalgia, sirve para meter el dedo en la llaga.

“En este espectáculo está latente el instinto de rebelión contra los estándares impuestos por la sociedad capitalista, contra ese espíritu de superación que nos han grabado a fuego para que seamos los mejores, para que superemos al otro. La diversidad funcional no le interesa al neoliberalismo, porque las personas que no producen se consideran un lastre. Hace falta una implicación individual y colectiva, política y económica para que aquellos que tiene dificultades para funcionar en la sociedad, no las tengan. El espíritu subversivo es necesario en la evolución social”, clama Muñoz.

Así, la obra no sólo es lo que sucede en la escena, sino también lo que ocurre antes y después. Desde la manera en que se recibe a los espectadores hasta su implicación en este simulacro de coexistencia. Pont Flotant propone a una audiencia activa como analogía de un ciudadano activo.

Habitualmente, las obras a las que acceden las personas con diversidad funcional se gestan específicamente para ellas, pero la compañía ha creado una obra para todos, “tanto si tienes problemas de visión, como de lectura, discapacidad intelectual y dificultades de comprensión”.

La puesta en escena se sirve de diferentes lenguajes y soportes para que la convivencia en el patio de butacas también se establezca. Los actores se sirven de audio descripciones para facilitar la comprensión a los invidentes,  de textos y proyecciones de texto y dibujos para ayudar a una lectura fácil.

También son barreras


El propio código comunicativo brinda posibilidades escénicas a la compañía, que las integra en la dramaturgia como guiños metateatrales que producen situaciones irónicas, como el uso de diferentes lenguas, castellano, valenciano y euskera, o una conversación en susurros. Las diferencias idiomáticas y de volumen en la comunicación, también son barreras.

“Es responsabilidad de cada uno construir infraestructuras para que todos podamos hacerlo todo, desde estudiar hasta tomar un café o ir al cine. Los problemas que exponemos sirven de modelo para reflexionar sobre el deber de cada uno”, subraya Jesús Muñoz, que aclara que el discurso contenido en la obra se transmite con humor y no da una sensación de arenga, “no decimos lo que hay que pensar ni hacer”.

El deseo último es poder realizar la acampada escénica fuera del teatro, “porque mezclarnos más a menudo, nos hará más felices a todos”.

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