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EL SUR DEL SUR / OPINIÓN

Ikea, segunda oportunidad

8/10/2016 - 

Esta semana ha nacido Alicante Plaza, como ustedes ya saben. Pues casi al mismo tiempo que este proyecto editorial se cocía en los últimos meses con la confección de un equipo de profesionales que desde el jueves ya les informan de la actualidad de Alicante y su provincia, en los despachos de Valencia, Alicante y quién sabe si de Suecia, se ha engendrado la segunda oportunidad para que la multinacional Ikea acabe instalándose en los terrenos de Rabasa, donde siempre quiso.

Está claro que la primera premisa para que PSPV y Compromís retomaran el proyecto es que Enrique Ortiz debía desaparecer del mismo. Eso se consumó la última semana de septiembre, con el carpetazo al expediente de la Actuación Territorial Estratégica (ATE), que venía a confirmar el desistimiento del conglomerado de empresas y bancos que acompañaban al todavía dueño del Hércules CF en esta aventura.

De esta manera, se ponía fin a una actuación de 4 millones de metros cuadrados que fundamentalmente pretendía, además de poner a Ikea y satisfacer sus ansias de gestionar toda la zona comercial, salvar el suelo que en su día Ortiz le vendió -con onerosas plusvalías- a Bancaja y Banco de Valencia para hacer el gigantesco plan Rabasa. 

Finiquitada la última herencia popular, el Gobierno bipartito de Valencia -y yo diría que también el de Alicante- ha ido encontrando una sintonía que se ha materializado en dos vías: pactar los horarios comerciales de la ciudad, ya con Compromís, y negociar el aterrizaje de los suecos con el objetivo de que todos tuvieran un relato ante el que justificarse. El del PSPV está claro: exhibir y emplear el exitoso modelo de Elche para Tempe, la promoción pública de la iniciativa industrial/urbanística; el de Compromís, con el buen nombre de Ikea, poder llevarse por delante las grandes superficies comerciales que todavía tiritan del trancazo de la crisis (los nombres son de sobra conocidos). Y de esta manera, presentarse ante el pequeño comercio con el relato de que tenemos Ikea -todos los quieren- y dos grandes superficies menos. De no ser así, no se entendería que el propósito del plan sea que las actuales medias superficies que ya están abiertas en Alicante acaben resituándose junto a los operarios de polo amarillo en Rabasa. 

Ikea parece que ha pedido eso: su tienda y cuatro medianas superficies; la Generalitat gestiona la cuestión urbanística al modelo Pimesa y los socios de Amancio Ortega -ante la falta de una empresa municipal de Urbanismo de Alicante- y venderá que habrá un tercer hospital en la ciudad, y el alcalde, el socialista Gabriel Echávarri, brindará a sus conciudadanos que el Hércules tiene una ciudad deportiva -están previstos unos 8 campos de fútbol- y no hace falta ir a los desérticos llanos de Fontcalent para entrenar.

La operación tiene otra incógnita: la Universidad de Alicante. De las seis zonas en las que se divide el proyecto (tienda de Ikea, medianas superficies, hospital, campos de fútbol, suelo dotacional y parque empresarial), hay dos -suelo dotacional o parque empresarial- de las que no se sabe el destino. En el anterior proyecto ya se incluyó un parque tecnológico para convencer al rector Manuel Palomar de que había que ayudar a la última causa del PP. Entiendo que en este viaje, Palomar también tiene su pequeño momento de gloria: la UA lo es todo en Alicante, y su rector, la vedette con la que todos quieren fotografiarse. Así que esperamos con ansia saber qué papel le tiene reservado el bipartito al hombre de la sonrisa perenne.

El plan tiene una víctima: es el concejal de Guanyar, Miguel Ángel Pavón, a quien el todopoderoso Doctor Rico ya se ha encargado de arrinconar con el lema de que todos quieren Ikea menos él. Y es así, pero Pavón todavía tiene una bala, aunque sea sólo ética: saber de quién son los terrenos y demostrar si Ortiz conserva algún palmo de suelo rústico. Sólo con eso podrá contaminar la operación, sobre todo, culpando más que a Compromís que el PSPV de facilitar el pelotazo, pero con poco éxito de bloquearla. Esta vez, el bipartito tiene números e instrumentos de sobra. Otra cosa es saber cómo se ejecuta, el instrumento elegido (plan parcial o PIE), quien lo hace (qué conselleria) y los trámites.




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