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La hora de los valientes

2/04/2019 - 

ALICANTE. Hace años, Joaquín Sabina escribió acerca de un bulevar de sueños rotos. Un camino con amarguras y con noches en vela. Amarguras como si fueran enfrentamientos frente al Cádiz en el 'play-off'; noches en vela con Luceros y la Segunda División A en la mente.

Es difícil tener perspectiva encarando abril. Comienza una época en la que los equipos colocan entre ceja y ceja sus objetivos finales. Septiembre queda lejos. Aquella racha de cuatro victorias en los cuatro primeros partidos, el gol de Juanjo desde su propio campo en el último minuto frente al Villarreal B o las diez jornadas consecutivas liderando el grupo… Da la sensación de que fue en otra temporada, las cosas han cambiado mucho desde entonces.

Estos siete meses de competición han ido construyendo un proyecto que a principios de abril se sitúa en segunda posición, en un contexto en el que existen factores positivos y también negativos. Da comienzo el último tramo de temporada.

El equipo llega al mismo con una serie de factores a favor. Para comenzar, este curso opositan pocos equipos a los puestos de 'play-off', a falta de siete jornadas los rivales directos están claros: Atlético Baleares, Villarreal B, Cornellà y Lleida (con el Espanyol B de Carlos Castro asomando tímidamente). Esto es una ventaja porque solo uno (como mucho dos) se quedará fuera. Esta circunstancia, teniendo en cuenta la irregularidad y poca fiabilidad de rivales como Villarreal o Lleida, te proporciona una relativa ventaja.

En cuanto a los números, el Hércules es como un paisaje de luces y sombras. Por un lado, es el equipo menos goleado de su grupo (igualado con el Cornellà), algo de lo que desprende seguridad defensiva, a pesar de ciertas taras atrás. Encaja poco, algo que hace buenos a los equipos, sobre todo últimamente que encontramos modelos en Primera División cuyas bases tácticas residen en cerrar espacios y aprovechar verticalmente los huecos generados (como el Getafe de Bordalás). Por otro lado, sus números de cara a puerta son casi irrisorios: el conjunto de Lluís Planagumà suma 15 goles menos que su inmediato perseguidor, el filial del submarino amarillo. Hay que tener en cuenta que el central Pablo Íñiguez es el segundo máximo goleador del equipo, empatado con Emaná, desahuciado por una lesión de menisco, y Chechu, afortunadamente ya recuperado tras ser atropellado por una moto.

Otro factor a favor es el ser propietario de un sistema. Planagumà tiene una idea que pone en práctica casi semana tras semana. El once es poco negociable y el dibujo está bien definido. Íñiguez y Samuel son los centrales del técnico catalán. El primero atesora rigor defensivo, pero destaca por su capacidad de sacar el balón con los pies y la manera en la que avanza metros y rompe líneas desde el primer vértice del esquema. Samuel desprende más dudas y genera más situaciones de descolocación y despistes. Los dos se muestran más sobrios cuando los laterales están bien atrás. Juanjo y Nani responden a perfiles ofensivos, laterales cuya diferenciación es aquello que aportan en campo rival, pero que pecan de carencias atrás. Por ejemplo, es diferente un partido como el del Olot en el que Nieto cumple con nota su tarea defensiva. Y también se notó en

Castalia el agujero en la banda izquierda de Adrián Jiménez por la que el Castellón insistió para hacer daño.

Lo más importante para Planagumà es su doble pivote. Es inimaginable ver un Hércules sin doble pivote. Es el pilar de la idea del míster. Ahí se concentra el sistema nervioso del Hércules. Fran Miranda y Diego Benito. La calma y la tempestad, el sol y la luna, tan diferentes como necesarios. Miranda es el comandante general del ejército, el primero en comportarse como un luchador. Ayuda a los laterales a cubrir huecos, se encarga de destruir la medular del equipo rival y es fundamental a la hora de hacer una presión en bloque alto. A su lado vive el jugador más talentoso del equipo, el que tiene la llave. Diego Benito posee el trabajo de aportar el punto diferente a las transiciones del Hércules, conecta desde el centro con bandas y delanteros, y cuando acerca su posición a la frontal del área puede herir al rival. En los pies del ‘8’ nace la jugada y la proyección hacia adelante.

Las bandas del 4-4-2 quizá sean la parte del esquema más irregular. Sin duda, el mercado de invierno benefició al Hércules. La incorporación de Jesús Alfaro ha tapado un hueco y un punto débil del equipo en la primera vuelta: la banda de Pol Roigé. Alfaro aporta un desequilibrio y una verticalidad que mejora las virtudes de Roigé. El equipo, además de la proyección de los laterales, necesita llegada a línea de fondo. La banda no

ocupada por Chechu tiene que ser una buena arma por fuera porque la posición del capitán no lo aporta. El papel del jienense ha ido reconvirtiéndose con los años de Segunda B, el andaluz ya no posee la capacidad física que hace cinco años, pero sigue siendo muy influyente y su adaptación al equipo ha pasado por tener más tareas hacia el interior con diagonales. Su importancia es evidente,

le cuesta más que antes ser superior físicamente que el rival, pero es más inteligente.

Una vez miras hacia arriba hay que pararse a analizar. Carlos Martínez es una de las piezas más importantes. Al principio de temporada, Carlos ganó respeto, dio motivos para adquirir un importante peso en el equipo. Aunque no se mostrara como un goleador, se presentó como un atacante bien físicamente, con una base táctica buena y con detalles técnicos. Sin embargo, conforme pasaron las semanas, su rendimiento menguó, participó mucho menos en el juego y el físico no le respondía igual (desprendía una sensación muy parecida a la de Juanjo Nieto). Incluso, Planagumà le sentó frente al Mestalla transmitiendo un claro mensaje: o volvía a ser importante o quedaba fuera (también sentó a Juanjo ante el Levante B la semana anterior).

Carlos Martínez es un futbolista que genera espacios, que se mueve entre la defensa, que ataca el área y que sabe caer a banda. El entrenador y la afición saben de sus cualidades, por eso se le exige un buen rendimiento, las expectativas están más altas que con otros. El caso de Juanjo Nieto es el mismo, el de Castellón demostró la pasada temporada ser un lateral preparado para el salto a Segunda División A, por eso no se le permite un rendimiento tan pobre como el que ha mostrado en alguna fase de esta temporada.

El trabajo de Carlos Martínez es comparable (con una evidente distancia) al de Griezmann en el Atlético. Destacan en sus equipos por ser de los que más talento aportan y su tarea es acompañar al delantero referencia con movimientos que generen superioridades, teniendo una importante relación con los futbolistas que generan el juego en la línea de detrás. Griezmann suele acompañar últimamente a Morata, igual que la pareja de baile de Carlos es desde hace poco Benja.

El Elche hizo un enorme favor al eterno rival cediéndole a su delantero. Hay que tener en cuenta que Benja, hasta la jornada 25 de La Liga 1|2|3, había participado en 20 partidos, partiendo de titular en siete ocasiones (la última, una semana anterior a fichar por el Hércules). Portillo cobró de esta manera algún favor que le debía el vecino. Actuó de la mejor manera para cubrir a Emaná. Benja todavía no se ha destapado como un futbolista importante, pero aporta más que casi todos los delanteros de esta etapa en Segunda B. Ni Carlos Fernández, ni Óscar Díaz, ni Mainz, ni Delgado, ni Berrocal, ni Mariano. Ninguno es mejor que Benja. Tiene presencia en el área, es poderoso físicamente y se desmarca con coherencia, sus movimientos son inteligentes. Parece el indicado para erradicar el eterno problema con el gol.

Mirando al banquillo, parece que, en las últimas tres semanas, algo ha cambiado en Planagumà. El partido en Badalona supuso un punto de inflexión en el técnico. Él sabe que se equivocó aquel día, que aquella derrota llevaba su nombre. El equipo salió enchufado, fue un

vendaval, todo iba bien y marcó Samuel en el minuto 8. Pero tras el gol, el bloque de presión se atrasó a campo propio, regaló el balón y el Hércules perdió el control del partido de tal forma que acabó perdiendo. Fue una derrota tan dura que pudo ser incluso positiva. Positiva porque Planagumà vio cómo no se puede comportar un equipo que aspira a subir a Segunda.

Con la pista de despegue en Badalona, el Hércules comenzó a encarar la última parte de la película. En los tres partidos siguientes

no ha habido derrota, el Hércules ha sumado 7 de 9, ha interpretado mejor los partidos y ha competido bien. Ha llegado la hora de los valientes.

El primer puesto queda a cinco puntos y el equipo tiene en la cabeza el último partido de liga, que será ante el Baleares en casa. El objetivo debe ser convertir ese enfrentamiento en una final por el primer puesto, para pasar directamente a la eliminatoria de campeones para regresar, por fin, al fútbol profesional.

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