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LA TRIBUNA DEL POLITÓLOGO  / OPINIÓN

El reino alicantino de Frozen

23/01/2017 - 

Menudo temporal hemos tenido esta semana en nuestras tierras. Frío, lluvia… e incluso nieve. Ha nevado en Alcoy o en Villena pero también en sitios donde no están tan acostumbrados como Elche, Orihuela o Torrevieja. Pero no en la ciudad de Alicante.

Durante estos días he oído a muchos alicantinos lamentarse por ello (yo uno de ellos), así como toda clase de comentarios del tipo “Qué mala suerte tenemos”, “¿Por qué somos los únicos sin nieve?”,” Alicante está gafada”, etc.

Ciertamente, existen ciertas razones geográficas particulares de nuestra ciudad que son bastante contrarias a la nieve: Estar pegados al mar, nivel cero de altura, dentro en una bahía, etc.

No obstante, en el pasado si ha nevado ocasionalmente aquí. La última vez ocurrió en 1976, cuando llegaron a caer algunos pocos copos sin cuajar. Lo mismo pasó en 1960, aunque de manera algo más intensa. Pero para ver los últimos tejados blancos junto al Benacantil, es preciso que nos vayamos a 1926.

Entonces, ¿por qué aquellas olas de frío polar si dejaron nieve, y ésta no? Pues la respuesta no radica precisamente en “la mala suerte” o en “el caprichoso destino”. De hecho, la culpa es nuestra.

Alicante es la ciudad más poblada y grande de esta provincia. Por tanto, también es la más contaminada. Aquí es donde circulan más coches, donde enchufamos más aparatos contaminantes y emitimos más gases que nadie a nuestra atmósfera.

En el 26 apenas había polución. Aunque en los años 60 y 70 ya había más, todavía cayeron unos cuantos copos. Ahora me temo que ya no habrá ola de frío que pueda con nuestro denso microclima.

¿Podríamos tratar de corregir esta situación? Por supuesto que si. Pero aunque esto es cosa de todos, tiene que haber también cierta voluntad política. Y a día de hoy, diría que aquellos que tienen que ocuparse de reducir la contaminación, están más a otras cosas.

En Alicante tenemos dos concejales supuestamente “ecologistas”. Uno de “Medio Ambiente y Limpieza” y otra de “Protección Animal”. El primero, Víctor Domínguez, desde que se llevara tantos palos el pasado verano por la suciedad en las calles, parece más bien preocupado por limpiar nuestros suelos (un propósito muy loable), pero no tanto nuestra atmósfera.

En cuanto a su compañera Marisol Moreno, da la sensación de que su prioridad máxima es prohibir los toros. Polémicas taurinas aparte, no tiene pinta de que con este panorama Alicante vaya a convertirse en una ciudad referente en la lucha contra el calentamiento global. 

Recientemente me congratulé mucho de ver pelear por este tema al vicealcalde Miguel Ángel Pavón, quien trató de que se redujeran las emisiones de los graneles del Puerto. 

Sin embargo, con ese gran don para la diplomacia que Pavón siempre tiene, al final acabó consiguiendo cabrear a todo el mundo (trabajadores, junta portuaria, etc) y provocar la enésima pelea interna de nuestro tripartito.

Podemos poner excusas de que la competencia para hacer leyes medioambientales es del gobierno o de la Generalitat, y que desde aquí podemos hacer. Pero no es verdad. Cada ciudad y ciudadano si podemos contribuir a reducir la contaminación y frenar el cambio climático, con simples gestos cotidianos. Y siempre he echado de menos en Alicante que nos lo recuerden con campañas de concienciación social. 

Hace poco vimos una que me gustó mucho, aquella famosa de “cómetela con patatas” referidas a los excrementos de perros. Pero insisto, no solo hay que limpiar el suelo, también la atmósfera.

Y esto no es cosa de ahora. En la anterior legislatura del PP nuestro Ayuntamiento nos recordaba que Alicante debía de estar “guapa, guapa”, pero no nos explicaba exactamente cómo. Reconozcámoslo, nunca hemos sido una ciudad muy ecologista. Un claro déficit a mejorar, en el que deberíamos de implicarnos todos.

Así pues, a falta de mayor voluntad política, aprovecho esta tribuna para pedir a los alicantinos que seamos todos un poco más verdes. Se puede utilizar de vez en cuando el transporte público en lugar del coche. En verano, podemos ir a bañarnos al Postiguet para refrescarnos, en vez de tener todo el día el aire acondicionado enchufado. Y ahora en estos días de frío, estoy seguro de que somos capaces de encontrar otras formas más divertidas de entrar en calor que poniendo siempre a tope la calefacción.

Quizás así cuando venga la siguiente gran ola de frío polar, al fin podremos volver a ver nevar en esta ciudad. También existe la opción de seguir lamentando nuestra “mala suerte”, como si esto no tuviera nada que ver con nosotros.  O incluso, podemos tratar de buscar a Elsa de ‘Frozen’, para que use sus poderes mágicos y nos cree la nieve. Esta última opción es incluso algo menos absurda que la anterior. 

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