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reflexionando en frío / OPINIÓN

De mentiras e imprudencias

30/07/2020 - 

El virus continúa acechando nuestras calles, sigue haciéndonos temblar. La diferencia a cuando llegó cómo un forastero hace cuatro meses a ahora que ya está empadronado, radica cómo señaló en su artículo en La Vanguardia el periodista especializado en Ciencia Josep Corbella, en el sentido de que si antes estábamos ante un peligro ahora simplemente nos enfrentamos a un riesgo a evitar. Ya sabemos su modus operandi, sus preferencias a la hora de cazar a sus presas, las herramientas con las que defendernos de su mortífera esencia. Deberíamos estar mejor que al inicio de la pandemia, pero la realidad manifiesta nuevos rebrotes que abren la puerta a otro confinamiento estimulado en parte por las imprudencias de unos y las mentiras de otros. 

En lugar de sacar lo mejor en una circunstancia como la que estamos viviendo existen individuos que o acentúan sus impulsos innatos o descubren la peor de sus caras. Facetas juveniles encarnadas por los juerguistas epidémicos que no se resisten a una borrachera ni en estos tiempos tan funestos. No dejo de ver a allegados subir publicaciones a las redes sociales que son representativas de las temeridades cometidas por muchos de mi generación. Fiestas multitudinarias en piscinas, reuniones cachimberas en las que todos fuman en la misma boquilla, bailoteos aparentemente prohibidos en las discotecas a los que los garitos hacen la vista gorda poniendo los intereses dinerarios por delante de los sanitarios…Personajes habitantes de la normalidad, ni de la vieja ni de la nueva, de la suya propia. Panorama que ignora la realidad sin que su conciencia pueda hacer algo por tener cierta decencia o prudencia. Irónico es que seguramente muchos creían haber sacado lecciones del confinamiento. Enseñanzas quizá en materia de odas y de como improvisar botellones cuando te cierran las discotecas. Lo digo por las imágenes de Barcelona en las que se ven a centenares de jóvenes pegarse la borrachera del siglo en las calles de la ciudad condal ante las medidas restrictivas de la Generalitat. 

Govern, cómo le ocurre al Gobierno de España, que manifiesta una ineptitud evidente a la hora de gestionar los rebrotes además de lavarse las manos como si nadie le hubiera dado vela en este entierro cargando los muertos a las Autonomías pese a que las competencias de coordinación o de establecer corredores sanitarios recae sobre Moncloa. De todas formas… ¿es que acaso algún gobernante ha sabido hacerlo todo bien? Es clara la dificultad de atajar la crisis, de derrotar al enemigo con unos medios desfasados. Hasta la llegada de la vacuna no podremos hacer nada salvo evitar riesgos, exposiciones provenientes del egoísmo ciudadano y de las falsas esperanzas de unos políticos que visto lo contemplado en la bancada socialista durante la sesión del miércoles en el Congreso, en ocasiones tampoco cumplen las medidas de distanciamiento y de prevención. Los gobernantes que van a marcar la diferencia durante esta crisis no son los gestores mejor capacitados para bloquear la pandemia sino los políticos leales a sus ciudadanos, unos compatriotas que también debemos sacar lo mejor de nosotros recordando el gen comunitario del ser humano poniendo el interés general por encima del particular. 

Decencia ausente que algunos esperamos con resignación. Al igual que tenemos que aguantar las conductas egoístas de ciertos individuos también estamos llevando la cruz de las mentiras de nuestro Gobierno. Falacias con las patas muy largas que continúan paseando por las ruedas de prensa. Si Fernando Simón dijo al principio de la pandemia que la injerencia del virus en España iba a ser testimonial, la pasada semana, cuando llevamos cuatro meses de suplicio y estamos ya cansados de los cuentos chinos, llega el ejecutivo y asegura tener el virus controlado cuando todos los parámetros atestiguan el barullo epidemiológico en nuestras fronteras. Mientras Sánchez todavía sigue imaginándose ese pasillo triunfal que le regalaron sus ministros, España encabeza el ranking de los países con más rebrotes con 38 infectados por cada 100.000 habitantes. No estamos tan mal, como diría Laporta… 

Si el demonio es el padre de la mentira, Sánchez es el hijo. Ya dijo Jorge Fernández Díaz que Benedicto XVI le había advertido sobre las intenciones de Satanás de destruir España… Empiezo a creer que el secreto escondido en el Manual de resistencia del presidente tiene forma de engaño. Sembrar la cizaña y la mentira por doquier debe de ser su truco para producir fruto de lo que hace, arte del enredo con el que ha instruido a sus ministros. Recuerdo cuando la portavoz del Gobierno María Jesús Montero anunció a bombo y platillo el fin del confinamiento el 26 de abril, o cuando el ministro José Luis Ábalos respaldó falsamente la movilidad entre comunidades en la fase 3, y el titular de Sanidad Salvador Illa tuvo que negar la mayor en ambos casos poniendo en evidencia a sus colegas…Un Illa que junto a Margarita Robles representa lo más decente de un camarote de los hermanos Marx navegante en un mar de mentiras.  

Trucos que pueden ser una de las causas de todas las imprudencias vistas estas semanas. Si tenemos un gobierno blanqueador de la realidad evidentemente los ciudadanos se van a relajar ante las falsas apariencias de normalidad dibujadas por los dirigentes. Es duro reconocer que en el mantra de nueva normalidad no hay ninguna verdad. Lo que está ocurriendo tiene poco de nuevo y mucho menos de normal. Cómo he dicho antes, ya conocemos al virus, llevamos con el ya unos cuantos meses y por mucho que los intereses económicos quieran esconder la realidad tal cual es, no estamos para abrir locales de ocio por doquier como si nada pasara. 

Dejemos de vivir en una mentira, abramos los ojos, cesemos con las trolas y quizá así nos tomemos más enserio el peligroso riesgo que tenemos fuera. Ya verán como así a algunos lo que menos les apetecerá es salir de fiesta…


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