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TRIBUNA LIBRE

Rabiad malditos, rabiad

Nadie dijo nada cuando los presos políticos, esos que ahora para el Gobierno son “personas retenidas”, eran asesinados y torturados. Nadie dijo nada cuando hubo persecución y desapariciones de adolescentes y estudiantes, cuando se encarceló a periodistas… silencio, solo silencio, ni tertulianos ni opinadores ni políticos cómplices hablaron

Publicado: 28/01/2026 ·06:00
Actualizado: 28/01/2026 · 06:00
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Han pasado una cantidad razonable de días desde la “extracción quirúrgica” de Maduro y su puesta a disposición ante un tribunal norteamericano en la ciudad de Nueva York como para poder hacer unas reflexiones en voz alta y compartirlas con el lector.

Tengo muy claro que para los venezolanos esta cuestión no va de geopolítica de salón ni de debates teóricos sobre la legalidad de la operación –derecho internacional– como pretenden desde la izquierda española (toda, desde socialistas y comunistas, separatistas, republicanos, etc.), no nos engañemos ni que no nos engañen, son todos lo mismo, para los venezolanos esto va de supervivencia, de sobrevivir ya que es la primera vez desde hace 27 años que alguien, en lugar de debatir, condenar o no, evaluar la situación…, ha hecho algo en concreto. No intenciones sino que ha realizado una acción que están celebrando millones de venezolanos y es la posibilidad, remota pero real, plausible, de que termine la pesadilla chavista social comunista que desde hace casi tres décadas tiene a Venezuela intervenida políticamente, sumida en la pobreza, destruyendo su economía y el bienestar humano de los venezolanos.

Nos dicen los socialcomunistas, expertos de sofá o de plató de televisión, muy bien remunerados por cierto, la falacia del “atentado contra el Derecho Internacional”, o bien “y tú que  hubieras hecho”; nos dicen estos socialistas que la violencia no es la solución, que las cosas se deben resolver por la vía democrática…Que bien suena. A los venezolanos que en Venezuela pasan hambre y penalidades, que luchan por sobrevivir día a día les suena a música celestial. Y a los más de 8 millones, digo ocho millones de exiliados, a estos les entra la risa. La poca risa que les queda en el alma.

La verdad es que aquí, que empezamos a entenderlos, ya que el camino que hemos emprendido nos llevará irremisiblemente a la misma situación de no cambiar radicalmente las cosas, nos suena como muy académico, muy civilizado pero, lo que yo quiero es que no me digan lo que no hubieran hecho ellos, lo que quiero es que me digan que hubieran hecho; quiero que me den una alternativa realista, práctica, efectiva porque durante años, muchos años, ha habido diálogos y mediaciones internacionales, mesas de interlocución y discusión, foros y coloquios, etc. y mientras tanto Chávez, Maduro y sus cómplices compraban más armas, encarcelaban, torturaban y liquidaban a los opositores con el silencio cómplice y culpable de los que ahora sacan pegas a la “extracción”.

Recuerdo presión internacional, sanciones y denuncias, informes de la ONU… pero todo seguía igual en Venezuela, error, empeoraba a cada momento para los venezolanos. Muchos perdieron la vida, otros fueron encarcelados y torturados, a la mayoría se le calló y retiró su derecho a la disconformidad, muchos millones se exiliaron, pero todos perdieron su libertad.

Señores de la izquierda, su posición de neutralidad, su buenismo, su bienquedismo no resucita a los ejecutados ni da de comer a los niños hambrientos ni da asistencia médica a los enfermos. Decir que Trump pretende robar el petróleo venezolano no es argumento. Desde hace años, iraníes, cubanos, rusos, chinos ya lo estaban robando porque desde luego no llegaron a Venezuela a hacer turismo; saquearon Pedevesa y exprimieron al país y a los venezolanos de a pie no les llegó ni un céntimo de dólar de ese petróleo. Siguieron cada vez más pobres, hambrientos y reprimidos.

Habrá intereses económicos, dicen. Por supuesto que los hay pero resulta que en este mundo, desde que existe la humanidad, hay intereses económicos; es lo que ha movido el progreso de nuestras civilizaciones. O  es que estos tertulianos y opinadores  van gratis a los platos a excretar sus opiniones totalmente alineadas con el poder que les paga y alecciona. Pero los venezolanos piensan que si la condición para recuperar su libertad es ceder parte de su petróleo; si para que su pueblo no se muera de hambre deben ceder algo, parte, de su riqueza nacional que hasta ahora la tenía apropiada un tirano y sus cómplices, internos y del exterior, les compensa.

Más aún cuando durante años nadie dijo nada mientras la tiranía desplomó la producción petrolera, cerró empresas, fábricas, colapsó el sistema de salud, provocó que millones de venezolanos huyeran caminando, con lo puesto, por las selvas, por caminos fronterizos; nadie dijo nada cuando las menores se prostituían para poder comer en ese éxodo maldito, cuando las madres daban a luz en las cunetas de carreteras y caminos; nadie dijo nada cuando los niños dormían en las estaciones de autobús. Nadie dijo nada cuando los presos políticos, esos que ahora para el Gobierno son “personas retenidas”, eran asesinados y torturados. Nadie dijo nada cuando hubo persecución y desapariciones de adolescentes y estudiantes, cuando se encarceló a periodistas…silencio, solo silencio, ni tertulianos ni opinadores ni políticos cómplices hablaron.

Pero ahora sí. Aparecen defensores de la soberanía y del derecho internacional, analistas de pitiminí, filósofos de andar por casa, matemáticos de la economía de plató que no entienden que para los venezolanos no se trata de un debate ideológico sino de una tragedia humana y por lo tanto prefieren entre soberanía con tortura o intervención con esperanza la segunda opción. Sin miedo la segunda opción porque tras más de 800 víctimas de tortura, más de 10.000 ejecuciones extrajudiciales, 18.400 presos políticos, más del 90% de su país sumido en la pobreza profunda con hospitales sin insumos, abuelos buscando comida en la basura, etc. consideran que no es una buena opción mirar hacia otro lado, no, eso ya no es una opción. 

Los venezolanos prefieren, como cualquiera de nosotros con un poco de sentido común y no ideologizados ni radicalizados, la opción de la intervención con esperanza y saben que la transición no será fácil ni rápida pero en la mayoría de los casos no rendirse es lo más heroico que se puede hacer.

Y los españoles deberíamos tomar buena nota y no rendirnos. Ahora una pregunta: ¿alguien me puede decir en qué se diferencia la España actual de la Venezuela chavista? La senda que ya hemos tomado y que nos lleva indefectiblemente a ese final. Aquí hacemos demasiado caso a las palabras de PJ O’Rourke:  “Es hora del auge de la extrema moderación; poder para el extremo medio. Reunamos a los débiles, y a los débiles junto a los insulsos y a estos con los tímidos”

No debemos resignarnos, como en su día hicieron los venezolanos, y plantearnos ya que si unos tienen la receta pero les falta la valentía para aplicarla y les sobran complejos y los otros no parece que sepan acertar con la receta pero les sobra valentía y decisión para hacer lo que hay que hacer;  y además no se ponen de acuerdo unos con otros por lo que siempre sale ganando el malvado, seremos los ciudadanos de a pie los que tengamos que empujarles.

Esperanza para Venezuela y esperanza para España.

Por cierto, leo hace unos días que Maduro ha hablado desde la cárcel: “Estamos bien, somos unos luchadores”. Yo, personalmente, le auguro una lucha titánica en la prisión de NY cada vez que tenga que recoger la pastilla de jabón en las duchas de la cárcel.

Ricardo Romero es especialista en estrategia de impacto

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