Recupero un breve índice de maneras de matar a Tim Burton (metafóricamente, por supuesto) que ideé al salir de la proyección de su adaptación de Alicia en el País de las Maravillas. Entre las propuestas anotadas, se encontraban la de hacer con Poe lo que él había hecho con Carroll, la de encontrar un director peor que Ed Wood o la de regalarle un peine de Hello Kitty. Cada uno se entretiene con lo que quiere. La lista me viene a la memoria porque mi enfado, y rencor tan infinito que creo que no he visto ninguna de sus películas posteriores, tiene que ver con el reciente cierre de la Fnac en Alicante. Más allá del entreverado romance entre Alicia y el Sombrerero Loco en la película, seguramente sugerido por los productores y acatado sin rechistar por Burton, lo que me indignó fue que al final, la protagonista anuncia que se va a convertir en un agente comercial. Lo cual contraviene diametralmente el espíritu de la obra maestra de Carroll. Confundir la dinamización cultural con la comercial también es lo que ha sucedido tras la desaparición de la multinacional francesa, según alguna de las reacciones que he leído.
En resumen, que hay gente que cree que la marcha de la Fnac es una pérdida para la cultura de la ciudad. Que es como decir que la apuesta de ciertos supermercados por la comida preparada es una gran contribución a la gastronomía. Solamente al principio, quizá, la tienda de la Avenida de la Estación pudo agitar, estimular o germinar el semillero. Pero en pocos años acabó transformándose en una tienda de electrodomésticos y muñecos Funko con un apartado de libros y otro de papelería. También Carrefour o El Corte Inglés tienen librería y nadie los consideraría promotores de la cultura. Ni siquiera la Casa del Libro, donde he vivido situaciones tan surrealistas que podría haberlas rodado el Tim Burton de Eduardo Manostijeras, puede identificarse como tal. De hecho, por desgracia, Alicante está muy lejos de aparentar ser un foco de creación e impulso cultural, a diferencia de, por ejemplo, Murcia o Valencia. Que no lo aparentan, sino que lo son.
Esta columna la he repetido tanto como Tim Burton los papeles extravagantes para Johnny Depp. Ya se pueden imaginar: dinamizar la cultura sería recuperar el Ideal, invertir en ayudas para que no cierren las librerías, los cines, las bibliotecas públicas, los centros de estudios especializados o las salas de conciertos en el centro de la ciudad. También facilitar espacios y subvenciones para los creadores jóvenes. O ser capaces de comprender que apoyar la cultura no consiste en vender más o menos entradas, sino en alentar y programar propuestas alternativas, arriesgadas, diferentes y que abarquen desde los inicios de la historia de cualquier arte hasta los últimos movimientos contemporáneos. Como, mínimo, ya que ninguna administración pública pretende salvar a Alicante del naufragio, deberían alimentar las linternas de los pocos faros que sí encienden su luz cada jornada. Pocos. Privados. Entusiastas. Y solos.
La Fnac era un foco cultural. Claro, y Harryhausen son los padres, Tim Burton. Lo dicho, para matarlos.
@Faroimpostor