“Pasé toda la noche con mi hijo muerto a mi lado, sobre los escombros, junto a mi hija que sobrevivió. Se derrumbó la casa, primero desapareció mi marido, y luego mi hijo de tres años fue golpeado por una viga y murió en el acto. Toda la noche sobre los escombros, con mucho frío, con lluvia, y nadie vino a rescatarnos”. Es el desgarrador testimonio de Ana María Coll, vecina de Sot de Chera, tras declarar en el Juzgado de Catarroja. “Quiero justicia para ellos dos, y este señor no quiero que me pida perdón, que tenga vergüenza y dignidad y que dimita, no estaba en su puesto de trabajo, que acaben todos donde tienen que acabar”. Otra mujer, de Cheste, perdió a su hermana y su sobrina. “Iban a trabajar y fueron arrastradas por el agua del barranco del Poyo. No pienso reunirme con el jefe del Consell, ¿para qué?. Se ausentó de su puesto de trabajo, me da igual donde estuvo, lo que sí sé es donde no estuvo y fue al frente de una comunidad”.
El sábado, en València, salieron a la calle, de nuevo, decenas de miles de personas para pedir la dimisión de Carlos Mazón, actual President de la Generalitat Valenciana. Las familias de las víctimas de la DANA, el personal sanitario, de Emergencias, del 112, presidieron esta sexta convocatoria para reivindicar justicia y reparación. Al término de la marcha se guardaron minutos de silencio y se leyeron los 228 nombres de las víctimas. Según mi amigo y colega Rafa Xambó, que participó en las tareas de organización de la manifestación, el llanto llenó la Plaça de la Verge con emociones quebradas de dolor. Un silencio roto por las numerosas historias personales sufridas aquella tarde y noche del 29 de Octubre. Es demoledor.
Mazón vino a las Fiestas de la Magdalena. Su presencia se comunicó a los medios periodísticos con 40 minutos de antelación. Tenía previsto visitar las Gaiatas Sequiol y Farola-Ravalet. En la primera, un grupo de personas gritaron pidiendo su dimisión, enviándole a Picassent y calificándole de asesino. Mazón se encontró con lo mismo que le sucede en cada uno de los escasos municipios que puede visitar. En todas partes gritan su nombre y piden enérgicamente su dimisión. Tras esta visita abandonó Castelló, “por motivos de seguridad”. El Ayuntamiento emitió un comunicado criticando la “politización” de las fiestas, una acción que no hizo, por poner un ejemplo, la alcaldesa de València, a pesar de que la Plaça de l’Ajuntament acogió en cada mascletà innumerables mensajes y pancartas pidiendo la dimisión de Mazón.
En Castelló sabían de sobra qué pasaría si Mazón venía a las Fiestas. Y no parecía un acto de protesta orquestado y organizado por colectivo alguno. La ciudadanía está agotada, triste, cabreada, exigiendo dignidad y justicia. Cada día que pasa es más agónico, más frustrante, ignominioso e impotente. Mazón debe dimitir. La DANA, su irresponsable y pésima gestión, ha marcado a todo un pueblo.
Mi vecina Carmen, tras avisarla, se asomó al Instituto Ribalta, donde estaba ubicada la Gaiata Farola-Ravalet. Es nuestro barrio. Vimos a un número amplio de personas cabreadas, de todas las edades, acompañadas, en grupos, solas. Como nosotras que también gritamos pidiendo la dimisión de Mazón. Como en el caso de la primera Gaiata que visitó en este caso tampoco había una organización ni orquestación previa para la concentración que esperaba al jefe del Consell. Era espontánea, como todas las que persiguen a Mazón.

- Sexta manifestación en València. -
- Foto: KIKE TABERNER
Han pasado las Fiestas de la Magdalena y la ciudad amanece perezosa. Intentamos recuperar, al clarear el día, el Parque Ribalta, rezagado en la desocupación de espacios feriales y en la limpieza. Pero regresamos a la normalidad deseada, regresamos al silencio y la calma. Pancho, mi perro, está contento con este sosiego, liberado del estruendo constante de la pólvora y de las verbenas que nos han rodeado durante nueve días.
Ayer, mi vecina Carmen cocinó un hervido de judías verdes, cebolleta y patata. Así de simple. Teníamos ganas de retomar la rutina. De primer plato elaboré una ensalada de migas de bacalao desalado, tomate rosa, cebolla, aceitunas negras y una vinagreta de avellanas. Comimos, un domingo más, como dos reinas. El postre fueron unos trozos de coca de manzana del Forn Blanch, del barrio. En la sobremesa, saboreando la absenta Segarra, de Xert, despellejamos a los amos del planeta, que están poniendo patas arriba el mundo. Y cruzamos los dedos.
Buena Semana. Buena Suerte.