ALICANTE. Nassim Taleb, prestigioso operador financiero y matemático líbano-estadounidense, publicó en 2007 el libro El cisne negro, un ensayo sobre una teoría que sorprendió al mundo editorial. El autor desvela en el prólogo por qué acuñó dicha denominación. Explica que, antes del descubrimiento de Australia, en Europa se pensaba que todos los cisnes eran blancos, y que la visión del primer cisne con plumas negras en el Nuevo Mundo invalidó la afirmación que desde hacía milenios se sostenía.
A continuación pasa a definir su teoría y es entonces cuando se entiende el título, que funciona como una metáfora: “Es un suceso con tres atributos. Primero, es una rareza, pues habita fuera del reino de las expectativas normales, porque nada del pasado puede apuntar de forma convincente a su posibilidad. Segundo, produce un impacto tremendo. Tercero, pese a su condición de rareza, la naturaleza humana hace que inventemos explicaciones de su existencia después del hecho, con lo que se hace explicable y predecible”.
A lo largo del libro, amplía las bases de su idea indicando que se trata de un evento impredecible que cambia el curso de la historia, la economía o la sociedad, y que el ser humano crea a toro pasado una narrativa que da la falsa ilusión de que se podía haber evitado. Como ejemplos de su teoría cita varios acontecimientos de la historia contemporánea: el asesinato del archiduque de Austria en 1914, que desencadedenó la Primera Guerra mundial; el atentado terrorista del 11 de septiembre de 2001 y el tsunami del Pacífico, en 2004.
Con el fin de argumentar el primer atributo, se detiene brevemente en el atentado del 11-S: “Si el riesgo hubiera sido razonablemente previsible […], aviones de combate habrían sobrevolado las Torres Gemelas […] y el atentado no habría tenido lugar”. A estas consideraciones se puede añadir que el gobierno estadounidense habría instaurado diversas medidas como prohibir al pasaje llevar cúters, tijeras y objetos punzantes de pequeño tamaño y reforzar las cabinas, por mencionar algunas, e instaurar protocolos que solo desde esa fatídica fecha se implementaron en los vuelos comerciales.
Las responsabilidades penales
Pero el 'cisne negro' no dejaría de ser una mera curiosidad, a caballo entre la filosofía y la matemática, si no fuera por las repercusiones que generó en el ámbito judicial. Taleb abordó esta cuestión en un libro posterior, Jugarse la piel, donde en contra de lo que podría pensarse no exime a políticos y servidores públicos de sus posibles implicaciones penales, pese a que su teoría se refiere a sucesos impredecibles.
Su tesis se fundamenta en que diferencia la imprevisibilidad de un evento y la imprudencia de ejecutar obras en las que un solo suceso raro puede causar una catastrófe, basándose en la falsa seguridad de los modelos estadísticos que no prevén eventos extremos. Así, si un político construye una escuela en una zona sísmica sin reforzar su estructura contra seísmos, porque nunca ha habido un terremoto en medio siglo, no es una víctima del azar, es responsable de ignorar la posibilidad de ese evento extremo. Es obvio que no se puede rebatir este razonamiento, pero el problema surge cuando se trata de una obra ejecutada hace largo tiempo por otros políticos.
Es preciso señalar, asimismo, que el autor no menciona los “no cisnes negros”, es decir, los sucesos previsibles, pudiéndose deducir que en estos no existe margen para el debate en relación a las responsabilidades penales de los implicados.
La tesis de Taleb ha merecido una especial atención en la esfera judicial, aunque su interpretación ha sido objetada al no tratarse de una autoridad en el mundo del derecho. Existen diversas causas por “homicidio imprudente” en que los abogados han aducido el primer atributo como circunstancia atenuante o eximente, argumentando que no puede existir mala praxis ni falta de previsión al tratarse de sucesos técnicamente inevitables e imprevisibles.
Un ejemplo relativamente reciente fue el devastador terremoto en la ciudad italiana de L'Aquila, en 2009, donde perecieron centenares de personas. El suceso derivó en un juicio que fue polémico al condenar la justicia a seis científicos y un funcionario por su proceder negligente y que suscitó el interés del mismo Taleb para ilustrar su teoría.
Al hilo de lo anterior, cabe recordar, aun sucintamente, las diferencias entre las responsabilidades penales y las políticas. Las primeras se vinculan a la comisión de una acción tipificada como delito en el Código Penal y que solo determina un juez; y las segundas conciernen a la gestión y que el 'castigo' de un político es la destitución o la dimisión, o dicho de otro modo, no ha cometido un delito pero ha hecho un mal trabajo.

El desbordamiento del barranco del Poyo
(No se consideran en este apartado otros desbordamientos, también trágicos, acaecidos en la provincia de Valencia y en otras comunidades autónomas). Se estima que esta tragedia causó aproximadamente el 90% de los fallecidos por la dana del 29 de octubre de 2024 en la provincia de Valencia. Su desbordamiento se produjo entre las seis y las siete de la tarde. El agua avanzó desde la cabecera del Poyo a una velocidad de unos ocho metros por segundo y, en pocos minutos, llegó hasta las zonas bajas del barranco.
Los medios señalaron que fue un tsunami que llevó más agua que el Nilo y una cantidad equivalente a dos piscinas olímpicas por segundo. Nature Communications, la prestigiosa revista de acceso abierto, hermana de la más popular Nature, publicó el mes pasado un amplio estudio sobre la dana en el que resaltó el hecho de que fue “una inundación repentina ('the flash-flood' in the Poio ravine)”.
Volviendo a los tres atributos, no hay duda de que esta catástrofe natural se ajusta al primero y segundo: la imprevisibilidad y el fatal impacto. Y, al igual que con el análisis de Taleb sobre el 11-S, podemos establecer lo siguiente:
— Si el riesgo hubiera sido razonablemente concebible con años de antelación, las obras presupuestadas por el Gobierno central para encauzar y drenar el barranco no se hubieran paralizado en 2021.
— Si se hubiera sabido los días previos, los hidrógrafos y meteorólogos habrían emitido con más anticipación sus alertas respectivas: la posibilidad de la crecida súbita del cauce y el riesgo meteorológico extremo. Igualmente, los militares y los bomberos se habrían movilizado antes a la zona (recordemos que las dotaciones de bomberos se retiraron del Poyo poco antes de las tres de la tarde porque el nivel del agua había descendido y el caudal no resultaba preocupante). Y, también, el Gobierno autonómico habría alertado antes a la población transmitiendo órdenes precisas (que tras lo acontecido sabemos cuáles serían) y no genéricas.
En cuanto al tercer atributo, la previsibilidad retrospectiva, se ha confirmado en diversas ocasiones. Expertos y técnicos han declarado desde entonces: “El Poyo tenía que estar vigilado, la situación era extremadamente peligrosa y se sabía desde hacía días”, “Se veía que iba a ser un temporal histórico”, “Habría sido una inversión muy rentable (las obras de adecuación del barranco)” y otras manifestaciones similares.
El apagón y la tragedia de Adamuz
Estos dos sucesos distan de ser cisnes negros, ya que no cumplen con el primer atributo. Organismos oficiales, empresas, técnicos y profesionales de sus sectores respectivos advirtieron varios meses antes de la posibilidad real de que se produjeran.