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El PP valenciano y el antiwokismo

Publicado: 30/03/2025 ·06:00
Actualizado: 30/03/2025 · 06:00
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El preacuerdo de los presupuestos de la Generalitat entre PP y Vox todavía no se ha consumado en una votación y ya ha traspasado las fronteras. El ávido Pedro Sánchez ya ha logrado una coartada para pregonar los retrocesos que puede generar lo que él llama el Pacto del Ventorro. El PP de Feijóo, en cambio, lo ve un signo de estabilidad para que la Comunitat Valenciana tenga unas cuentas de la reconstrucción y da carta blanca a sus barones en apuros -sin mayoría absoluta- para que se autohumillen, como hizo Carlos Mazón, para afrontar el mandato con una guía presupuestaria con la que llegar a la meta. 

Estamos en estas por todo lo que ha llovido en la Comunitat Valenciana. No sólo con la Dana. Ya ocurrió en julio de 2023, cuando Mazón y Vox avanzaron la alianza de gobierno, cuyas consecuencias ya vio en sus carnes en el propio Feijóo en la segunda vuelta de las elecciones autonómicas. Está claro que siempre es mejor tener presupuestos que no tenerlos, pero si algo ha demostrado la democracia española, con Rajoy, antes, y con el propio Sánchez, ahora, es que sin cuentas públicas se puede gobernar, y sin mayores apuros.

Pero bien, aquí el debate no es el presupuesto, si no todo a lo que ha renunciado ya de por si Carlos Mazón para poder coger oxígeno mientras avanza la investigación judicial de la Dana. Y no es solo las renuncias que hemos visto hasta ahora impuestas por la ultraderecha: no asumir más inmigrantes; rajar del pacto verde y abominar del valenciano. Sino que la cuestión es que si este antiwokismo asumido por Carlos Mazón, y, a priori, bendecido por Feijóo, puede ir a más. Es como dejar la puerta abierta a aquellos que cuestionan todo el sistema y que se cuelan en tu despacho mientras no se defiende lo que tu (PP) has ayudado a crear, mantener y desarrollar. 

Vayamos a ejemplos que se pueden dar en la propia Comunitat Valenciana, más allá de los desagravios que de por si puede generar a la renuncia de las políticas medioambientales o a la falta de mano de obra en determinados sectores productivos. Por ejemplo, que Vox imponga una retirada de las ayudas a patronal y a los sindicatos, como intentó en Castilla-Léon. ¿Con qué cara nos venderán el diálogo social entre empresarios y representantes sindicales? Otro ejemplo, retirada de ayudas a ONG como Cruz Roja -por citar una- que hacen una impagable labor de ayuda a la inmigración, a su formación y a su inserción en el mundo laboral. Hablamos de las identidades sexuales. ¿Será capaz del PP de coger el garrote y reducir el debate de la diversidad sexual a un modelo clásico y binario?

Son interrogantes que están en la mesa. Y que de momento no parecen ninguna quimera porque unas de las partes que hace posible ese pacto del Ventorro exige cada vez más: que si derribar la propia Academia Valenciana de la Lengua que el propio PP impulsó; que si finiquitar las ayudas a los sindicatos, como ha dejado entrever el portavoz José María Llanos... y otras lindezas que rondan en el debate. 

El problema no es solo del PP, en este caso. Deberíamos tener una mirada más general e interpelar sobre todo a los dos grandes partidos de España, pero también a aquellos que han contribuido a la gobernabilidad de alguna comunidad autónoma en un momento u otro. El sistema siempre hay que defenderlo y hacer pedagogía de él. Y si tiene fisuras, hay que solventarlas. Pero nunca renunciar a ellas. En este caso, la necesidad de Mazón lo ha convertido en oportunidad, como en su día Sánchez abrió un flanco para satisfacer su necesidad (con independentistas). Pero ahora es como si el PP se hubiera autoimpuesto una amnesia colectiva más para que el president valenciano tenga unos presupuestos, sino para tener un argumento contra el líder del PSOE. Mejor presupuest(ad)os que agachados; que estar sin cuentas, pero dignificados.

Supongo que los magos de Génova habrán sobrepesado ambas partes de la balanza, pero de lo que no cabe duda es que se han dejado una fisura abierta: si el sacrificio (por la reconstrucción) de la Comunitat Valenciana justifica replicar el modelo en otras regiones. La particularidad de Mazón es su delicada situación política, que es de todo o nada: si hay presupuestos, hay vida; si no hay presupuestos, habrá elecciones porque el argumento de la estabilidad se habrá esfumado de un plumazo.

Ese es el riesgo en el que se ha metido el PP. Si le sale bien, aire. Pero si no, todo saltará por los aires. Mientras, el ávido Sánchez ya tiene otro argumento -el de situar el Pacto del Ventorro como un dilema ante el electorado- para pasearse por toda España señalando con el dedo a la Comunitat Valenciana (y de paso tapando otras políticas y liderazgos erráticos). Ese es el problema de morder la manzana del antiwokismo. Además de no hacer pedagogía de lo que tú (como organización) has hecho y has defendido cuando has gobernado en solitario, has caído en la trampa de compartir el mecanismo que justifica la vuelta al pasado, incluso, entre quienes no necesariamente lo compartían, como decía Estefanía Molina esta semana en El País

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