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La brecha entre las promesas tecnológicas y la infraestructura

A pesar de los importantes avances en infraestructura digital, como la fibra óptica, España enfrenta diversas expectativas tecnológicas incumplidas o retrasadas

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VALÈNCIA. A pesar de los importantes avances en infraestructura digital, como la fibra óptica, España enfrenta diversas expectativas tecnológicas incumplidas o retrasadas. No es que las tecnologías fallen. Ahí están la blockchain con su capacidad para rastrearlo todo; la realidad virtual que mimetiza nuestras vidas en entornos tridimensionales; la robótica para que deleguemos en las máquinas las tareas más tediosas o peligrosas, el IoT que conecta cualquier objeto con internet o la inteligencia artificial resolviendo en segundos tareas complejas que, tradicionalmente, requerían de la inteligencia humana. Tan presentes están que, a veces, en lugar de asistir, toman ya decisiones.

Distinto es que en nuestro día a día percibamos su impacto. Muchos siguen haciendo la lista de la compra, soportando los atascos, la burocracia o compartiendo 8 horas diarias de oficina con los compañeros de siempre. 

Conectividad

Del despliegue del 5G dependían la capacidad de conectar millones de dispositivos simultáneamente; la mejora del Internet de las Cosas, el arranque de las smart cities o el coche autónomo. Por eso, uno de los temas principales en la recién celebrada edición del MWC GSMA de Barcelona ha girado en torno a si el 5G ha cumplido con las expectativas tras una inversión de más de 1.000 millones de euros para su despliegue financiados, en gran parte, por las grandes operadoras de telefonía. En líneas generales, la respuesta es No, aunque Marc Bara, profesor de tecnología en OBS Business School, matiza la rotundidad de la respuesta.

Por un lado, el despliegue del 5G ha sido eficiente. En España alcanza ya al 96% de la población y se ha triplicado en zonas rurales en solo tres años. La falta de infraestructura no es entonces el problema. Si lo es, sin embargo, que el 5G no haya traído la latencia extremadamente baja prometida, que los usuarios no se hayan abalanzado a la tienda para hacerse con un dispositivo de última generación o que las empresas no hayan sabido encontrar aplicaciones de utilidad real para aprovechar el 5G. La consecuencia es que el retorno que están recibiendo las operadoras por la inversión no se está materializando al ritmo que esperaban.

Así las cosas, las operadoras buscan vías alternativas que les ayuden a recuperar lo invertido. Una de las que señala el profesor Bara corresponde a la creación de redes privadas 5G con edge computing e IA integrada. Según la GSMA, la base de clientes de redes privadas móviles superó las 1.800 implementaciones a mediados de 2025. Es probablemente el segmento con más potencial de ingresos a corto plazo. Fábricas, campus industriales, puertos, aeropuertos u hospitales son posibles clientes.

Valenciaport es una de esas organizaciones que se han sumado a esta tendencia embarcada en un proyecto de desarrollo e implantación de su propia red 5G, con más de 25.000 equipos conectados (teléfonos, vehículos, cámaras de vigilancia, sensores ambientales, servicios de seguridad, drones, entre otros). El pasado mes de noviembre, la Autoridad Portuaria de València (APV) adjudicaba a Orange España el contrato para el desarrollo e implantación de la red por un importe total de 6,9 millones de euros.

  • Puerto de Valencia. -

Centros de datos

Fundamentales también para la digitalización de la economía son los centros de datos. Gracias a ellos son posibles desde aplicaciones, comunes como la mensajería instantánea o los contenidos de streaming, hasta otras más sofisticadas como la interconexión con empresas, hospitales, entidades bancarias o la Administración pública. De aquí que los data centers sean considerados como una infraestructura crítica.

Igual que con la red, tampoco aquí vamos mal. A fecha de febrero de 2026, se estimaban España la existencia de 130 a 260 centros de datos, dependiendo de si se contabiliza solo las grandes infraestructuras de hiperescalares o se incluyen instalaciones menores. Madrid, Barcelona y Aragón son los principales nodos, con inversiones que superan los 27.500 millones de dólares.

Noticia reciente es el anuncio de Amazon Web Service de invertir 33.700 millones de euros en España para ampliar y respaldar su infraestructura de centros de datos, proporcionando capacidades avanzadas de inteligencia artificial (IA) y computación en la nube a organizaciones de toda Europa. Además de la inversión, a celebrar también los 29.900 empleos a tiempo completo que se supone que va a generar

Pero también hay cosas que lamentar. El año pasado, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) pedía frenar la construcción de estos megacentros ante la posible sobredemanda de energía y agua. Advertían de que, con el auge de la inteligencia artificial (IA) y las criptomonedas, “la demanda computacional se está disparando”, provocando un rápido incremento del número de megacentros de datos con el consecuente aumento del consumo eléctrico. Y aquí llegamos al verdadero cuello de botella.

Saturación de la red eléctrica

Actualmente, la red eléctrica española atraviesa una situación crítica de saturación, alcanzando el 85,7% de sus subestaciones. De hecho, ya se ha advertido de la imposibilidad de admitir nuevas solicitudes de puntos de conexión para vivienda, centros de datos o proyectos industriales en un momento clave para la electrificación y la transición digital.

Como señalaba Manuel A. Velázquez, senior partner de la consultora energética Era Group, en la publicación El Debate ·el impacto de una red colapsada es muy alto”, puesto que de la capacidad de conexión depende la instalación de nuevas industrias, como los centros de datos, pero también el mantenimiento y desarrollo de sectores como el químico, el metalúrgico o el alimentario. También es fundamental para poder dar servicio, por ejemplo, a nuevos desarrollos urbanísticos. Todo eso es lo que nos jugamos. Del coche autónomo o del taxi volador, ya ni hablamos. 

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