ALICANTE.- La desaparición y posterior hallazgo del cadáver del empresario alicantino Jesús Tavira, de 63 años, ha conmocionado a la ciudad de Alicante y ha reabierto inevitablemente el eco del caso Sala, en el que fue un testigo clave. Tavira, muy conocido en el sector de la compraventa y desguace de vehículos, llevaba desaparecido desde el 18 de marzo, hasta que su cuerpo fue localizado el 29 de abril enterrado bajo una losa de hormigón en una vivienda de la pedanía de Bacarot. Las primeras investigaciones apuntan a que el móvil del asesinato es un ajuste de cuentas.
Tavira era propietario de un desguace situado junto al lavadero y concesionario Novocar, el mismo entorno donde en 2016 fue asesinada María del Carmen Martínez, viuda del expresidente de la CAM. Su actividad se centraba en la compra de vehículos siniestrados, su desmontaje y la venta de piezas, además de operaciones de compraventa de coches usados. Según diversas fuentes, mantenía vínculos comerciales de años con Miguel López, yerno de la víctima del caso Sala y gerente de Novocar, lo que explicaba su relevancia posterior en aquel proceso judicial.
Un testigo que marcó el juicio del caso Sala
Durante el juicio por el asesinato de la viuda de la CAM, Tavira fue uno de los testigos más comentados. La Policía documentó más de 200 comunicaciones telefónicas entre él y López en los días previos al crimen, lo que motivó varios interrogatorios. Sin embargo, nunca fue imputado y su testimonio se centró en movimientos sospechosos que dijo haber observado en la zona.
El 18 de marzo, Tavira fue visto por última vez desayunando en un bar cercano a su domicilio, un gesto rutinario que no hacía presagiar nada extraño. Su familia denunció la desaparición ese mismo día. Dos días después, su coche apareció completamente calcinado en el barrio de las Mil Viviendas, un hallazgo que reforzó la hipótesis de una desaparición forzosa y activó un dispositivo policial de máxima prioridad.

- Instalaciones del desguace Tavira, de Alicante.
Tras más de un mes de investigación bajo estricto hermetismo, agentes de la Policía Nacional localizaron su cuerpo en un agujero cubierto de hormigón dentro de una vivienda alquilada por un matrimonio de origen magrebí. El cadáver presentaba múltiples heridas de arma blanca y un avanzado estado de descomposición. La identificación se confirmó mediante ADN y por una medalla reconocida por la familia.
Hasta ahora, la Policía ha detenido a cuatro personas: un mecánico que trabajaba para Tavira, considerado principal sospechoso; su pareja, y otros dos individuos vinculados al entorno laboral. Se investigan delitos de asesinato, robo con violencia, daños —por el coche incendiado— y encubrimiento.
Aunque no existen indicios que relacionen este crimen con el caso Sala, la figura de Tavira vuelve inevitablemente a ese escenario. Su perfil —empresario del desguace, subastero, prestamista ocasional y testigo mediático— lo situaba en un entorno económico y personal complejo, donde los conflictos podían escalar con rapidez.