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VALÈNCIA. Kim ha muerto, pero en la vida de sus padres, a miles de kilómetros de distancia, hacía tiempo que ya no seguía viva. Todo eso se convirtió la culpa, en preguntas sin responder, y en versiones incompletas de una vida que ya no puede explicarse.

La muerte de una hija es el punto de partida, pero no lo único. En Después de Kim, la nueva película de Ángeles González-Sinde, rodada en la Comunitat y que se estrena este viernes en salas de cine, el shock es un vehículo para hablar, desde el drama hasta thriller, con alguna fugas para el  humor de la distancia emocional.

“Mis películas generalmente son historias que tienen un detonante muy dramático, una pérdida, y luego vamos viendo cómo esa persona se reconstruye”, explica González-Sinde, que visitó ayer los Cines Lys. Ell misma reivindica esa mezcla de géneros como una forma de acercarse más a la experiencia real —“En la vida las cosas suelen estar entreveradas de momentos que rozan lo cómico o la sonrisa”.

Los padres, que vivían en Buenos Aires, a miles de kilómetros de la Benidorm que acogía a su hija viajarán para conocer qué le ha pasado realmente. La muerte violenta de Kim es el centro de la narración, pero sobre todo sirve como excusa para revisar un triángulo materno-paterno-filial que nunca funcionó. 

De hecho, si hay un sentimiento que articula el relato es la culpa: “En relación a la maternidad y a la paternidad siempre tienes la sensación de que te has quedado corto o te has pasado”, señala la directa. Y más concretamente en la película, los protagonistas: “Han fracasado, no han sabido estar al lado de su hija”.

El personaje interpretado por Darío Grandinetti encarna esa deriva emocional. Su arco argumental recoge la primer molestia por recibir noticias de su despegada hija a obsesionarse con el caso. “Es una historia en la que se van cayendo los prejuicios y van descubriendo a una hija que no conocía”, explica el actor.

Grandinetti describe ese tránsito como una “montaña rusa”, tanto emocional como narrativa: “No pueden planificar nada. Van armando su rutina en función de lo poco que saben”. La historia aboca a una película construida así, escena a escena, sin certezas para el público. Pero una intuición que dice mucho de la construcción del personaje: “Siento que los padres tienen la sensación de que, si siguieran juntos, su hija estaría viva”.

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Benidorm sin caricatura

La película se basa en una novela homónima de González-Sinde, y ahí aún no estaba Benidorm. La ciudad alicantina fue el nuevo contexto en la adaptación cinematográfica. Aunque es de sobre conocida por la directora, ya que tiene una casa en la zona. Rodar en Benidorm exigía, al menos, tener cuidado porque “es fácil caer en la caricatura y no queríamos hacer un Benidorm caricaturesco”, subraya.

La ciudad hace desubicar la historia porque fuerza la percepción del dolor de los personajes con “una ciudad de vacaciones donde todo el mundo está en un momento estupendo”.

Es desde este contexto donde se construye el personaje ausente, el de Kim. La hija no aparece, pero está en todas partes —“La conocemos por cómo es su casa, su coche, su colegio, sus amigas”, explica la directora.

Aunque González-Sinde es la autora de la novela original, y ahora se ha encargado del guion y de la dirección, ha seguido abierta a la sorpresa. Tanto que el proceso de montaje ha sido clave para acabar de encajarlo todo. Como muestra: “El primer corte tenía dos horas y veinte y la versión final dura una hora y cuarenta y cinco”. ¿Qué se ha quedado fuera? “La edición siempre suele consistir en eliminar lo evidente para dejar espacio a la interpretación”, confiesa la directora.

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