Arte y fotografía

ARTE CONTEMPORÁNEO

Cuando la caída no es el final: una trilogía artística sobre el antes, durante y después del colapso

'Hacia la caída' reúne en Estudio Seis (Benimaclet) a nueve artistas que reflexionan sobre el derrumbe desde la pintura, la cerámica o la instalación. La exposición forma parte de una trilogía que concluirá en septiembre, cuando la “tormenta” pase y toque pensar qué queda después.

  • Imágenes cedidas por Estudio Seis
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VALÈNCIA. Antes de la tormenta suelen aparecer señales. Los pájaros cambian su canto, los animales buscan refugio y el paisaje parece transformarse antes de que llegue la lluvia. Si se presta atención, es posible intuir que algo está a punto de suceder. “Hay un aviso de que todo está por quebrarse, por caer. Entonces llega la preparación”, explica Soledad Estomba, de Estudio Seis. Hace apenas unos meses, un grupo de ocho artistas exploró precisamente ese instante previo al cambio en la exposición colectiva Esto todavía se parece a un buen lugar, presentada en el espacio Catástrofe de València. Juntas abordaron un momento de aparente estabilidad en el que todavía era posible sostener ciertas promesas de futuro, aunque las primeras fisuras ya comenzaban a hacerse visibles.

Ahora, ese proceso continúa con Hacia la caída, la segunda entrega de una trilogía que se adentra de lleno en “la tormenta”. Del 19 al 21 de junio, Estudio Seis acoge las obras de Carmen Andreu (Alicante, 2003), Joar Remolar (Betxí, 1999), Lara Ribes (Castellón, 2002), Celia Marco (Alicante, 1995), Lucía Mir (Elche, 2000), Magdalena Lorca (Lampa, 1997), Sara Mono (Castellón, 1998), Sara Reyes (Santander, 2000) y, esta vez, Dario Machin (Lanzarote, 1996). Un encuentro en el que han aflorado distintas formas de entender el quiebre: desde la explosión o la suspensión hasta la transformación e incertidumbre.

La idea surgió durante las conversaciones previas entre las participantes. Según explica la comisaria Agustina Bornhoffer, el concepto de utopía aparecía de forma recurrente en los trabajos de las artistas, aunque casi siempre como consecuencia de una ruptura previa. “Nos dimos cuenta de que la utopía era una desembocadura de un colapso para cada una", señala. De ahí nació la estructura de la trilogía: un primer capítulo centrado en el momento previo al quiebre, un segundo dedicado al propio colapso y un tercero que abordará qué sucede después.

A partir de aquí, la muestra no entiende la caída como un acontecimiento único ni necesariamente negativo. Algunas piezas se acercan a ella desde el territorio y la geografía, otras desde la transformación de los materiales o desde experiencias más íntimas. “Cada artista lo entiende de una manera distinta", reitera Bornhoffer. Esa amplitud hace que el colapso no aparezca como una imagen cerrada, sino como una mezcla de gestos, materiales y asociaciones que se cruzan dentro del recorrido.

  • Imágenes cedidas por Estudio Seis -

Las formas del colapso

Pintura, escultura, dibujo, instalación o cerámica conviven así en una misma exposición en la que cada artista parte de un universo propio, aunque el proceso ha ido generando conexiones inesperadas. “Se fueron armando relaciones que no estaban previstas desde el principio”, explica Bornhoffer. Es lo que sucedió, por ejemplo, con Lucía Mir y Sara Reyes, quienes desarrollaron piezas en torno al motivo del telón desde aproximaciones muy distintas: mientras Mir lo abordó desde la pintura y el imaginario teatral, Reyes recurrió a materiales reutilizados para construir una suerte de telón suspendido. Ese cruce resume bien el funcionamiento de la muestra: las piezas no nacen necesariamente juntas, pero acaban encontrando un lugar común en el recorrido. En esta segunda entrega, eso sí, Mir ha desplazado su investigación hacia un universo más ligado a los animales, los esqueletos y las fisonomías.”.

En otras obras, la caída se desplazó hacia el cuerpo, la identidad o la percepción de una misma. Joar Remolar ha combinado pintura y escultura a través de elementos animales -como unos cuernos de toro- que remiten a la construcción de la identidad y a la manera en que una se mira y se representa. En el caso de Darío Machín, la propuesta se vincula al paisaje y a la forma en que los territorios se ven afectados por procesos de transformación social y ambiental. En ese recorrido aparecen, además, imágenes que remiten a la lágrima o el llanto, y las cuales pueden leerse tanto desde la tristeza como desde la liberación o el cambio.

  • Obra de Carmen Andreu en la primera exposición -

La muestra reúne, en este sentido, prácticas muy distintas entre sí. Carmen Andreu trabaja desde la escultura, la pintura y la instalación, con una atención especial a la relación entre territorio, memoria y materialidad; Lara Ribes articula sus instalaciones en torno a las tensiones entre ecocapitalismo, desarrollo industrial y explotación del territorio; Celia Marco investiga los materiales a través de la cerámica, el papel, los biomateriales y el objeto encontrado; Magdalena Lorca cruza la cerámica, el diseño teatral y la creación visual; o Sara Mono se mueve entre la pintura, el dibujo y la instalación. Esa variedad de lenguajes permite que la idea de colapso no aparezca como una imagen única, sino como un campo abierto de asociaciones.

Un proyecto que también se desgasta

Pero Hacia la caída no solo habla del colapso desde las obras. El propio proceso de la exposición ha estado atravesado por esa idea de inestabilidad. La muestra iba a celebrarse inicialmente en un espacio público, pero a dos semanas de la inauguración el grupo tuvo que replantear la sede por cuestiones técnicas y de montaje. “Nos dimos cuenta de que no nos cuadraba”, recuerda Bornhoffer. La limitación para colgar piezas y adaptar el proyecto generó un momento de desánimo que, de algún modo, terminó conectando con el propio tema de la exposición.

A ese cambio de rumbo se suma, por otro lado, el desgaste de sostener una propuesta que no termina en una sola muestra, sino que se extiende durante meses. “Está siendo mentalmente agotador”, reconoce la comisaria. El grupo empezó a reunirse en diciembre del año pasado y la tercera exposición está prevista para después del verano. “Diría que está siendo catártico para todas nosotras”, añade Bornhoffer.

  • Imágenes cedidas por Estudio Seis -

Estudio Seis: algo más que una sede

En ese desplazamiento apareció Estudio Seis, no solo como lugar de acogida, sino como un agente activo dentro del proyecto. La propuesta llegó al espacio a través de las propias artistas, que buscaban una nueva sede para esta segunda entrega de la trilogía. “Nos preguntaron si nos interesaba, porque la idea era que las exposiciones fueran cambiando de espacio, manteniendo el mismo concepto pero desarrollándolo en distintos procesos”, explica Soledad Estomba.

Desde el estudio, la respuesta fue implicarse más allá de la cesión del lugar. Estomba se incorporó al comisariado junto a Agustina Bornhoffer y el proyecto empezó a adaptarse también a las dinámicas del propio espacio. “No cedemos solo el espacio. Nos gusta participar, apostar por artistas ajenos al estudio y abrirnos a otras propuestas”, apunta. En esta ocasión, además, Darío Machín, integrante de Estudio Seis, participa con una pieza, y Ángel Arias firma el texto que acompaña la exposición.

  • Imágenes cedidas por Estudio Seis -

Para Estomba, esa forma de trabajo tiene que ver con entender el arte como un intercambio. “Siempre es un dar y tomar. Aprendemos de procesos y experiencias, y creemos que de algo conjunto pueden salir cosas que beneficien a todos”, señala. En ese sentido, Hacia la caída encaja con una de las líneas del estudio: generar un espacio profesional fuera de los circuitos más institucionales, abierto al barrio y a propuestas vinculadas al arte contemporáneo emergente. 

También cree la responsable de Estudio Seis que la temática implica de alguna manera u otra a todas las personas. “Estamos viviendo unos momentos históricos de mucho colapso. Siempre hay momentos de quiebre y es difícil detectar en el instante cómo nos afecta. Hay veces que no es fácil identificar si lo que viene será bueno o malo”.

El después

Ese después será, precisamente, el punto de partida de la tercera exposición de la serie, prevista para septiembre. Si el primer capítulo se detenía en las señales previas y Hacia la caída se adentra en el momento del colapso, la última entrega abordará qué ocurre cuando la ruptura ya ha sucedido y nada vuelve exactamente al lugar anterior. La intención, explica Bornhoffer, es que esa muestra final pueda desarrollarse en un formato más amplio, con menos limitaciones de espacio y con piezas capaces de desplegarse de otra manera.

Hasta entonces, Hacia la caída funciona como una parada intermedia, una exposición que habla del derrumbe mientras atraviesa sus propios cansancios y cambios de rumbo. Mas que como un final, la caída aparece como un estado compartido. Un lugar incómodo, pero también necesario, desde el que empezar a imaginar qué viene después. 

  • Obra de Lucía Mir en la primera exposición -

 

 

 

 

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