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DEL MERENGUE AL REGGAETON 

Pasado, presente y futuro de la verbena de pueblo

Actuar de madrugada cuatro horas seguidas, acostarse cuando sale el sol, y descansar apenas tres días al mes. Así es la vida frenética de los trabajadores de las orquestas que recorren cada verano la geografía española

26/07/2018 - 

VALÈNCIA. “Nuestro trabajo se asemeja, salvando distancias, al de un deportista de élite. Llevamos nuestro cuerpo hasta el límite y tenemos que cuidarnos durante todo el año para poder resistir este ritmo tan extremo desde julio hasta octubre”. Es el testimonio de Sandra Palop, una cantante que comenzó su carrera a los 16 años en Operación Triunfo, y que en un momento dado decidió cambiar la televisión por la vida en la carretera. Con 30 años recién cumplidos y siete como vocalista de la orquesta La Tribu, Sandra es ya veterana en un sector en el que encontró estabilidad económica y trabajo duro a partes iguales. Los quince miembros de su formación –ocho sobre el escenario, dos técnicos y cinco personas para montaje y desmontaje- son su familia. Con ellos viaja, come, duerme y trabaja casi ininterrumpidamente. Para que nos hagamos una idea, tienen actuación 27 de los 31 días que tiene el mes de agosto.

En invierno el ritmo de trabajo se ralentiza, pero no desaparece. Carnavales, fallas, semana santa, fiestas patronales… no hay mes del año que ofrezcan menos de seis espectáculos. Diciembre y enero, que son los meses más tranquilos, se dedican a renovar el repertorio en sus locales de ensayo en Gandía. “Quedamos tres días a la semana y ensayamos a jornada completa, no solo la parte musical, sino también la escénica y la interacción con las luces”, señala Sandra.

Poco tienen que ver las “orquestas de pueblo” de antaño con las de ahora. “En los últimos años, los espectáculos han evolucionado muchísimo –explica a Cultur Plaza José Gutiérrez, de la empresa Producciones Artísticas Orange-. Los montajes de entonces, con cuatro altavoces y sin luces, nos parecen ahora prehistóricos. Primero introducimos focos y ahora estamos plenamente metidos en las pantallas de LED; más del 90% de las orquestas las tienen. Además, antiguamente los artistas viajaban junto a la carga en furgonetas grandes. Ahora el material lo transporta un camión o un tráiler, y los técnicos y artistas viajan en un vehículo aparte”.

A pesar de la deuda ineludible de las verbenas con el pachangueo, el repertorio de estas formaciones también ha evolucionado. Eso sí, sin salirse de los raíles de la música comercial. Pasodobles, cumbias, merengues y rancheras dan paso, en el segundo tramo de la noche, a los éxitos contemporáneos de radiofórmula –donde el reggaetón cotiza al alza- y al socorrido popurrí pop rock de los ochenta. “Antes no se concebía una orquesta sin metales, pero a medida que llega gente más joven a las comisiones fiestas nos piden que reduzcamos la parte pachanguera y pongamos temas más actuales”, revela Gutiérrez. “El set list nunca está cerrado; van escogiendo las canciones según las reacciones que observan en el público. Si ves que la gente no se arranca a bailar, hay que cambiar de estrategia”.

“Cada vez se demandan más las orquestas con repertorio de rock en valenciano, con versiones de Txarango o La Gossa Sorda –señala el gerente del Grupo Titanic, empresa afincada en Gandía que representa a la Orquesta Titanic, Zona Cero y Seven Crashers, entre otras-. Para esos casos tenemos a La Pato, que tiene 26 años de experiencia en ese campo y tiene dolçainers en la formación”.

Ingresos de 27.000 euros al año

Las “orquestas de pueblo” son importantes dentro del sector de la música en vivo: entre los meses de mayo y septiembre dan trabajo a miles de personas y generan un volumen de negocio nada despreciable. Son una parte esencial de los casi 450 millones de euros que gastan los municipios españoles en fiestas populares y festejos cada año.

Los cachés de las orquestas son muy variables; dependen del prestigio de la formación, del tipo de montaje escénico y del número y la calidad de los artistas que se suben al escenario. En la primera división, los ayuntamientos pueden llegar a pagar hasta 25.000 euros por orquestas que llevan hasta el paroxismo el concepto de verbena: espectáculos pirotécnicos, acrobacias, fuego y lo que se preste.

Una formación media está compuesta por batería, bajista, uno o dos guitarras, teclista y al menos dos cantantes -una voz femenina y otra masculina- para abarcar las 6 o 7 horas de repertorio que tienen en cartera. Cada uno de ellos percibe un salario medio de entre 150 y 200 euros por noche, aunque los que gozan de más prestigio pueden cobrar fácilmente 300 o 400 euros. Con una media de 85 a 90 conciertos al año, un músico o cantante plenamente dedicado a lo orquesta puede percibir entre 25.000 ó 27.000 euros al año. “En orquestas de prestigio como la nuestra, los sueldos son muy buenos y te permiten vivir de ello, aunque muchos de nosotros compaginamos este trabajo con otros durante el invierno, como profesores de música o haciendo jam sessions”, añade Sandra Palop.

Condiciones laborales

Nada, ni el auge de las bandas tributo ni la competencia de las disco móviles, parecen indicar que las orquestas de pueblo estén en declive. Pero es cierto que la crisis económica, sumada a la subida del IVA del 10 al 21%, se llevó por delante a muchas formaciones de pequeño y mediano formato. “Fue una tormenta perfecta –comenta Gabriel García, vicepresidente de la Junta Directiva de la Asociación de Representantes Técnicos del Espectáculo A.R.T.E.-. El caudal de la contratación pública bajó muchísimo, y los cachés no repercutieron la subida del IVA. Además, las condiciones laborales empeoraron bastante: personas que trabajaban diez horas y solo estaban dadas de alta en la Seguridad Social por dos, y pegas para proporcionar camerinos o ayuda para carga y descarga. Hace tres años tocamos fondo, y ahora parece que las cosas vuelven a mejorar”.  “También ha mejorado mucho la política de pagos de los ayuntamientos. Hubo un tiempo en que llegaban a tardar un año en pagarnos, y eso nos ponía las cosas muy difíciles”, apunta por su parte el empresario Francisco Muñoz.

“Creo que nunca vamos a volver a los buenos tiempos del año 2000, pero la verdad es que entonces tampoco tenía sentido lo que se llegaba a cobrar”, dice Gabriel García. Efectivamente, en algunos lugares llegaba a cobrarse mucho, y bajo mano. Al menos así se desprende de la reciente sentencia de doce años de prisión contra el empresario gallego Ángel Martínez “Lito”, por defraudar 46 millones de euros a Hacienda.

“El mundo de la verbena es el que se lleva la fama de ser pirata, pero siempre es así –defiende Sandra Palop-. Yo particularmente estoy muy contenta y siempre he cobrado en tiempo y forma. Hay muchos más trapicheos en otros lugares del espectáculo donde la gente menos se lo espera”.

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