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EL MURO / OPINIÓN

Disloque en el Palau

Buena se ha montado con esa auditoría interna encargada por el Palau de la Música y la concejala del ramo. Lo peor no son sus conclusiones, lo grave es haber aireado con tanta alegría un asunto interno de enorme trascendencia personal y laboral

30/10/2016 - 

Muchas empresas conocidas y potentes, aunque hoy también tóxicas, consideran que trabajar bajo presión y con las plantillas atosigadas “motiva” al personal. Así hasta la extenuación, cuando en realidad sólo produce vértigo y un desasosiego muy alejado del que sufría intelectualmente Pessoa.

Lo resumía un alto ejecutivo bastante descerebrado. Él era utilizado como perro de presa, pero se consideraba indispensable. Hasta que le dieron la patada: “Bajo presión y tensión se trabaja mejor porque todos están asustados y, por tanto, producen más y más sin rechistar. Temen el despido y su insatisfacción y frustración se la llevan a casa”, decía. Es verídico.

Por el contrario, las grandes multinacionales afincadas en nuestro país o recién llegadas apuestan por lo contario. Estudian y aplican psicología y filosofía del trabajo. El optimismo es su base. Aportan psicólogos de proximidad, diálogo, intercambio de ideas y solidaridad profesional; zonas de recreo, actos lúdicos como terapia laboral, buen rollo, brainstorms diarias, observaciones y nunca menosprecio, dogma de fe en este país nuestro repleto de capataces y aprendices de la tiranía aunque ya no usen boina.

"esas empresas españolas de presión y pose están al borde del precipicio. Van cayendo ante la ausencia de implicación"

Esas empresas amigas no están integradas por esclavos del siglo XXI ni amenazadas por una nueva revolución industrial manchesteriana. Mis próximos en esas sociedades óptimas y nada corrosivas explican que no trabajan en una cadena en sí, aunque después lo hagan voluntariamente. Al menos, son felices sin parar y darán y dan su tiempo por lo que haga falta y no por el terror que otros exhuman con cinismo y pleitesía al amo o al capataz de turno, que es el peligroso. Es la diferencia. O sea, el trato y tránsito entre los trasnochado y obsoleto de un sistema caduco, rancio y esclavista sin complejo alguno, frente a un proceso de actualización, modernización y compromiso personal. Por ello, esas empresas españolas de presión y pose están al borde del precipicio. Van cayendo ante la ausencia de implicación, salvo la justa. 

Por ello cuesta entender que en el Palau de la Música, una institución municipal sin apenas distorsiones sociales más que las justas, cuando los sindicatos reivindicaban frente a los gobiernos de izquierda y derecha mejoras para los músicos de la Orquesta de Valencia, se hayan atrevido a reventar su propio equilibrio interno.

Lo han hecho, para más inri, dando una rueda de prensa encabezada por la concejala del Ayuntamiento de Valencia correspondiente Gloria Tello, el actual director del auditorio Vicente Ros, y los responsables de Recursos Humanos y gestión del coliseo. El objetivo, dar cuenta de las conclusiones de una empresa externa contratada para analizar la situación de lo que es o debería de ser el funcionamiento interno del auditorio, según sus criterios subjetivos de productividad. A la firma se le contrató para que elaborara un trabajo de campo sobre la situación laboral, competencias y rentabilidad de la plantilla. Un dinerito.

En público cantaron los resultados como si explicaran la nueva programación o el concierto de ésta o aquella estrella del bel canto o del pop al gusto de nuestra edil. Ellos lo consideran transparencia. Yo, torpeza y bombardeo interno propiciado por los mismos responsables que han de cuidar, proteger y velar por lo suyo y los suyos, aunque se definan progres, modernos y resolutivos.

Ya van dos. La primera fue cuando se filtró interesadamente una encuesta interna a los músicos de la OV sobre la conveniencia o no de la continuidad de su actual director musical, Yaron Traub, que ha cumplido su tiempo. Además les pidieron nuevos nombres y sugerencias. Tardó horas en salir en los papeles y dejar a la orquesta, como se dice, con el culo al aire y sabiendo que su convivencia debía mantenerse durante un año en el limbo de las buenas formas. Dejaron a los músicos de la OV como auténticos traidores. Al final y por fin los sindicatos han reaccionado, aunque tarde.

Obligaciones políticas

No creo que nadie en su sano juicio conozca a ninguna empresa que públicamente eche tarquín sobre sí misma. Y además menosprecie a su plantilla en aras de la supuesta verdad que una firma externa considera desde su “desconocimiento” sobre qué es un centro cultural, sensibilidad interna y meramente externa como si analizara el presente de una fábrica de ladrillos. Qué error y lamentable imagen para un espacio y una plantilla que es imagen en sí mismo de la ciudad, con sus errores y aciertos. Triste. Lo mismo que en su día criticaban.

Espero que el alcalde Joan Ribó lo apunte. No se entienden bien estos ventiladores salvo desde una postura estalinista, ingenua o pseudoprogre. Visto lo que hasta ahora hemos visto animaría también a Ribó a realizar una auditoría propia de su tiempo y hechos, la labor de sus concejales y el personal que ha recibido. Y de paso, que la hiciera pública en una rueda de prensa dicharachera, festiva y de copetín.

Ya sabemos que en todas las empresas públicas y privadas existen o pueden hacerlo trabajadores de todo tipo y que los enchufados, implicados y desocupados están a la orden del día pero los asuntos internos se discuten y analizan interiormente. Y también sabemos que todas esas mismas empresas efectúan análisis y estudios de sus plantillas, necesidades y productividad, pero desde la discreción. Nos observan cada minuto: desde el que se pasa el día en Facebook o hace la compra online hasta el que ver porno en un momento de debilidad extrema. Pero airear asuntos internos públicamente con esa alegría y no atajar los compromisos profesionales que son obligación de los propios políticos y técnicos responsables es señal de medianía o ingenuidad.

La obligación de la gestión política y pública es optimizar, organizar el desgobierno con mano izquierda, profesionalidad laboral, lógica, conocimiento, proximidad, tacto y gentileza. Se llama aprovechar y organizar recursos, o corregir errores. Se estudia en las universidades de todo el mundo.

Aún así, todos ellos remataron su photocall asegurando que pese a las distorsiones encontradas, que eran muchas, no habría despidos. Yo ya no me fiaría. Si es verdad lo que dicen, entonces no tiene sentido el paripé organizado, salvo demostrar que hacen algo. Pero no es nada lúcido. Mañana que vayan y pidan compromiso y levanten los ánimos a una plantilla desacreditada. Que no esperen solidaridad. El detalle es muy grave. Políticamente, un error. Más bien una torpeza.

Ya lo sugirió Montaigne:
La valentía, como todas las demás buenas prendas, tiene sus límites”.

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