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tiempos modernos

Arelis Uribe: "Se puede escribir lejos de la tradición cuica y blanca"

2/10/2019 - 

 VALÈNCIA. La presentación del libro Quiltras de Arelis Uribe en la librería Traficantes de sueños en el centro de Madrid está concurrida. La sala está repleta de sillas ocupadas -mayoritariamente por mujeres de todas las edades-, de libros verdes recién comprados, de personas que escuchan de pie e incluso de un hermoso perro blanco que se ha sentado junto a su dueña en el centro exacto de la sala, como si señalara la diana espiritual de un encuentro que tiene, ciertamente, una energía singular. Yo me siento al fondo de todo y escucho porque es lo que mejor sé hacer. No logro ver el rostro de emoción que las palabras de Sol Salama (editora de Tránsito), Elena Medel (poeta y presentadora del libro) y Arelis Uribe (autora) desprenden. Varios textos leídos en voz alta arrancan los aplausos de los allí congregados. Me recuerdan vagamente a esos antiguo filandones leoneses, ya saben, esa reunión preferiblemente femenina, alrededor del fuego, donde se contaban cuentos, se recitaban romances, se hablaba de los chascarrillos de los pueblos, incluso se cantaba y se bailaba. Esto último no lo hacemos pero estamos a punto. Quiltras es un conjunto de ocho hermosos y brutales relatos de Arelis, una autora chilena de enorme expresividad y talento que conserva un estilo literario único para explicarnos cómo eso de ser mujer en estos 'Tiempos Modernos' y cómo sobrevivir a ello.

-Este libro se publica justo cuando la editorial Tránsito cumple 1 año y siento que hay cierta relación y una coherencia absoluta, pues las protagonistas de 'Quiltras' son mujeres que están en ese camino, en ese tránsito de serlo del todo. ¿Crees que todas esas protagonistas comparten esa inmadurez, florecimiento o formación?
-Sí, se ha dicho que Quiltras es literatura de formación, porque sus personajes son adolescentes que están en el tránsito de la niñez a la adultez, de la pobreza a la profesionalización aburguesada, de la periferia al centro. Aunque también creo que ese proceso, el de desplazamiento, no acaba nunca. Nos pasamos la vida en movimiento. Aprendemos en todas las etapas de la vida. Cada día la identidad se nos da vuelta por algún encuentro o desencuentro y creo que jamás dejamos de aprender. Cuando paramos y nos quedamos en quietud es cuando nos llega la muerte.

-En la presentación que hiciste el otro día en la librería Traficantes de Sueños leíste un hermoso texto que explicaba cómo había cambiado tu situación como escritora. desde Hace dos años apenas había 5 personas en tu presentación; este mes de septiembre has abarrotado todas las presentaciones en España. ¿Puedes recordar aquel momento?
-Hace dos años hubo una persona en la presentación, no cinco. Y sí, fue triste, lo dije esa noche, porque la soledad es a lo que más temo. La soledad es la sensación de no sentirse amada y el amor es vínculo, soga que nos sostiene a la tierra y al resto de las personas. En un planeta lleno de gente qué cosa más triste sentir que no hay algo allá afuera para ti. Así me sentí.

-Hablaste también en ese texto de lo que significa la palabra 'quiltro' y por qué la utilizaste para el título.
-“Quiltro” es el genérico masculino en mapudungún, la lengua del pueblo mapuche, es decir, el pueblo originario más numeroso de Chile; para nombrar a un perro. En Chile hablamos español desde que España invadió América y entonces las palabras originarias, indias,  quedaron relegadas a un segundo plano y las que sobrevivieron tienen una carga sucia, de   segunda clase. Decirle a alguien “quiltro” es algo despectivo. En Chile se usa la palabra “quiltro” para nombrar a los perros de segunda categoría, es decir, los perros que habitan la       pobreza, sin raza, sin destino, sin amo; lo que a su vez es una forma bella de libertad: ninguna atadura. Y el libro se llama “Quiltras” porque las personajes son así: mestizas, pobres, salvajes.

-Fue también bastante revelador cuando Sol Salama, tu editora, explicó cómo en algún momento pensó que era buena idea colocar una especie de glosario de 'chilenismos' al final del libro. Una idea que desechó rápidamente. ¿Qué opinas del momento actual que vive nuestro idioma con su anchura de vocabulario y acentos por todo el mundo?
-Vengo de tomarme una cerveza con unas chicas españolas y hablábamos de eso, de lo bueno que es traficar palabras, de mezclar lenguajes, que nuestros idiomas se vuelvan un poco         quiltros. Porque si no nos enredamos, si no soltamos la cristalización de nuestra identidad o nuestra lengua para encontrarnos o perdernos en otras personas, ¿cómo vamos a sobrevivir? 

-En cierto pero, en este sentido, has dicho que este libro pretende combatir la herida universal del machismo pero, ¿no crees que necesitamos más que nunca a los hombres para lograrlo? Lo digo porque no hay muchos personajes masculinos en 'Quiltras' que se salven, que ayuden a pensar que con ellos podemos lograrlo.
-Sí, nunca he dicho que eso que hemos definido como “hombres” no tengan un rol. El feminismo es la espada de las mujeres para combatir un mundo patriarcal. Es guerrilla. Es      tráfico de estrategias de sobrevivencia. Y sabemos que la violencia masculina no tiene como único foco a las mujeres, sino también a otras identidades, incluyendo a otros hombres. La violencia entre hombres es horrorosa. La guerra, la lucha de egos del gran panel de hombres que es la ONU, en fin, se matan entre ellos a toda hora. Un poco de feminismo, es decir, de soltar los mandatos agresivos del género, no les haría nada mal.

-Quería hablar de tu estilo literario al que algunos han calificado de 'tosco' y que, sin embargo, a mí me parece que bordea en muchas ocasiones el lenguaje más poético (no creo que sea casualidad que la poeta Elena Medel presentara tu libro). ¿Cómo definirías ese estilo, si es que eres consciente de esa voluntad estilística?
-Yo no considero tosca mi prosa, al contrario, me esforcé mucho cuando escribí en dejarme llevar por la pasión más musical poética de mi sentir. Pero sé que no es poesía, que es       narrativa, y las reglas de la narrativa son diferentes. Se crea ambiente, la voz debe emular una conversación, un monólogo, un susurro secreto al oído. Hay imágenes poéticas que me       gustan y las tengo muy identificadas. Estoy tranquila con mi estilo, pero a la vez quiero explorar la poesía y estoy en eso.

-En la presentación estaba Gabriela Wiener que ha hecho un prólogo maravilloso a tu libro y me preguntaba qué autoras y qué autores latinoamericanos pero también de otros países se han influido a ti. ¿Qué lees y cómo?
-Ahora último leo mucha poesía: Anne Carson, Sharon Olds, Daniela Catrileo, Mauricio Redolés, Hernán Miranda, Víctor López Zumelzu, Andrés Anwandter, Gladys González,         Begoña Ugalde, Patti Smith, Luna Miguel, Violeta Parra. Antes, leía mucha narrativa: Roberto Bolaño (que también es poeta), María Moreno, Lina Meruane, Gabriela Wiener, Claudia Apablaza, Lena Dunham, Siri Husvedt, Paul Auster, Jorge Ibangüengoitia, Stephen King, Pedro Lemebel, Alejandro Zambra, Gabriel García Márquez, y en fin, mucho más. 

- En este sentido, ¿qué lugar ocupa el periodismo en tu escritura?, ¿desde dónde te apela y qué aporta a tu literatura?
-Yo aprendí a escribir en el diario, en un taller de periodismo de opinión para jóvenes que impartía El Mercurio. De ahí vienen mis primeras referencias, mucha generación beat, Cortázar, narrativa chilena post dictadura tipo Alberto Fuguet y María José Viera-Gallo. Después, la crónica. Conocí la crónica en un taller con Juan Pablo Meneses y me fascinó. Me rayé con Leila Guerriero y la no ficción de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano que fundó García Márquez. Escribí crónica antes de escribir cuentos y cuando quise escribir cuentos pensé: estas son columnas cuya opinión se expresa solo en   imágenes, éstas son crónicas de mentira.

-Todos los relatos del libro están atravesados de una clara conciencia de clase, desde la conciencia también de escribir desde los bordes, de ser una autora periférica y feminista y no por ello menos universal. Es algo que me recordaba mucho a los primeros libros de Bolaño, antes de convertirse en la popstar que es hoy. No sé si estás de acuerdo en esa etiqueta de 'escritura marginal', es decir, desde los márgenes.
-Sí, totalmente, eso es lo que perseguía: las voces indefinidas, identidades que habitan manchones periféricos, chicas con apellidos tan repetidos que terminan siendo anónimos,         colegios de mierda, casas pequeñas en barrios sin parques ni edificios altos. Leer a Roberto Bolaño, Pedro Lemebel y Violeta Parra fue revelador, pensé: se puede escribir de la vida común y silvestre, se puede escribir desde barrios pobres, se puede escribir lejos de la tradición cuica y blanca.

- Por último, quería hablar de los destellos de humor, es decir, de inteligencia que irradian ciertos relatos, sobre todo, el último, el que da título al volumen. ¿Es este tono un rasgo definitivamente propio o responde a este libro y momento vital?
-No, yo escribí una tragedia, me desbordé en dolor abriendo heridas. Lo que pasa es lo que dijo Aristóteles: con las mismas palabras se escribe una tragedia y una comedia. Quizá por         eso esas memorias tristes a ti te dieron un poco de risa.

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