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Vuelve "Pedro el Rojo"

16/07/2022 - 

Las cosas se le están poniendo mal a Pedro Sánchez. A él, y a cualquier presidente o primer ministro que tenga que gestionar esta situación de crisis energética e inflación galopante. Es difícil discernir con total claridad si la crisis era subyacente o está exclusivamente desencadenada por la invasión rusa de Ucrania y las sanciones impuestas desde Occidente, pero en todo caso es evidente que dichas sanciones han potenciado muchísimo tanto la crisis como la espiral inflacionaria.

Puede que las sanciones hayan hecho mucho daño a Rusia, o quizás no tanto. También puede ser que unas sanciones hayan sido más útiles, para lograr su propósito de debilitar al agresor, que otras. Y en este capítulo está claro que el cese de las compras de petróleo y gas (que, además, es un cese en buena medida aún hipotético, pues las sanciones no han comenzado a aplicarse aún) no está funcionando en el corto plazo; cabría decir, de hecho, que -al menos, por ahora- la Unión Europea se ha pegado un tiro en el pie. El ascenso del precio de los carburantes le ha dejado a Rusia vía libre no sólo para incrementar sus ingresos por este capítulo, sino para aplicar las sanciones de la UE al petróleo y al gas antes de que la UE tuviera previsto aplicarlas, esto es: comenzar a cerrar ya el grifo del gas.

En cualquier caso, aunque Rusia quede mucho peor que nosotros y, desde esa perspectiva, las sanciones hayan logrado su objetivo (incluso en el escenario mucho menos probable de que Rusia tuviera que retirarse de Ucrania o firmar una paz sin anexionarse territorios), ello no cambiará las perspectivas de los próximos meses, que son negrísimas. Y el gobierno de Pedro Sánchez ya no puede permitirse pensar en años, sino en meses. Pues son meses los que quedan para las elecciones municipales y autonómicas de mayo, y poco más de un año para las generales. Todo el pack electoral en un año en el que entramos con la mayor inflación de los últimos cuarenta años, en un país que siempre ha sufrido este problema... Hasta que entramos en el euro y pasamos a ser Alemania, a efectos inflacionarios.

Por desgracia, en muchos otros aspectos pasamos a ser una colonia de Alemania, con un margen de maniobra en lo económico mucho menor. Pero hay que decir que, para sorpresa de muchos, Pedro Sánchez ha decidido comenzar a explorar dicho margen, presentando en el reciente Debate del Estado de la Nación una batería de medidas inequívocamente redistributivas y que buscan aliviar el peso económico de la crisis sobre los ciudadanos y cargar también parte de sus consecuencias sobre las empresas que están saliendo más beneficiadas de la crisis de hidrocarburos y la espiral inflacionaria, esto es: sectores energético y financiero.

No es la primera vez que Sánchez sorprende. De hecho, Sánchez ha hecho de sorprender casi una obra de arte, una pieza fundamental de su manera de entender la política, muy ligada con las políticas de imagen y los sorprendentes giros que le permiten recuperar la iniciativa (no siempre seguidos de la aplicación efectiva de las medidas en sí). Por lo pronto, esta vez le ha salido bien: ha dejado descolocada a la oposición y ha vuelto a cohesionar al bloque de la investidura. Es, además, casi la única cosa que podía hacer para intentar presentar batalla electoral y para que tenga sentido su acción de gobierno. Si ante una crisis así las medidas del gobierno "más social de la historia" ni siquiera llegan a la altura de las que están adoptando otros gobiernos europeos, también los de signo conservador, ¿qué esperanza puede tener Sánchez de impedir una victoria del PP el año que viene que emule la recientemente cosechada en Andalucía?

Para movilizar y cohesionar al electorado, no basta con avisar de que viene la ultraderecha, como ya hemos podido ver en las últimas citas electorales; sobre todo, lo que hay que hacer es mostrar al público cuáles son las diferencias entre una gestión como la que está llevando a cabo el Gobierno y las que supuestamente adoptaría un Gobierno del PP y Vox. De esto último no es que sepamos mucho, salvo la letanía pueril de "bajar impuestos" como única receta para cualquier circunstancia imaginable y los exabruptos cotidianos de Vox. Pero el tiempo, la crisis, corren a favor de la oposición. A Sánchez no le queda otro remedio que mover ficha y posicionarse nítidamente en el espacio que le dio la victoria en la moción de censura y que después le dio la investidura a principios de 2020, que es el de la izquierda política. Y la izquierda, ante una crisis así, no puede seguir inmóvil a la espera de que se arregle el asunto por sí solo y con el perpetuo afán por seducir a los exvotantes de Ciudadanos (que se han ido al PP en masa).

Seguro que Sánchez aún nos da espectáculo con muchos vaivenes de ese tipo, con la querencia del PSOE a centrarse a base de mirar a su derecha, pero al final se jugará la victoria si logra movilizar a su electorado y dar menos miedo a los votantes de centro (de centro, no de Ciudadanos, pues no es exactamente lo mismo) que el que puedan dar PP y Vox. No es nada fácil combinar ambos parámetros y menos aún con una situación económica preocupante y que no tiene visos de mejorar en los próximos meses. Pero e s la única forma que tiene Pedro Sánchez de, como mínimo, plantear batalla.

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