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socialmente inquieto / OPINIÓN

Venceremos al coronavirus

16/03/2020 - 

No es la primera vez que los ciudadanos de Alicante han estado volcados en combatir una epidemia y, en todas, se ha ganado al virus. Ahora pasará lo mismo con el coronavirus, no les quepa duda. Venceremos a la adversidad desde la responsabilidad de todos, cada uno en su función y todos desde el sentido común. Las autoridades locales, autonómicas y estatales ya lo están haciendo. También, y sobre todo, el personal sanitario, exponiendo sus propias vidas para salvar la de los demás. A su vez, los ciudadanos, en general, debemos de evitar encuentros, reuniones y viajes innecesarios y quedarnos en casa para, así, evitar el contagio y el avance de la enfermedad. Las nuevas tecnologías, los medios digitales, permiten hacer muchas tareas laborales desde casa. Estas tecnologías junto con la televisión, incluso con un buen libro, harán posible que pasen deprisa las horas y los días confinados en casa. Y conversar en familia, eso que tanto se echa de menos en muchas casas, ahora tienen la oportunidad de ponerlo en práctica.

En la historia de Alicante ha habido otras epidemias también importantes. Citaré sólo algunas acaecidas en el siglo XIX. La fiebre amarilla en 1804 y 1834, así como el cólera en 1854. Permitan que cuente algún detalle o dato importante para la ciudad.

La fiebre amarilla de 1804 provocó una crisis sanitaria. Para paliarla las autoridades tuvieron que improvisar la atención en diversos lugares diferentes del hospital como el Convento de San Francisco en el que algunos presos tuvieron que colaborar con los religiosos para el cuidado de los enfermos. Con el coronavirus algunas cadenas hoteleras han ofrecido sus instalaciones para usarlas como hospitales para descongestionar las instalaciones sanitarias. Por su parte, el ejército hizo - en 1804 - un cordón sanitario alrededor de la ciudad para detener la propagación de la epidemia (como ahora se está haciendo con Igualada) y tuvo que emplearse a fondo bombardeando y hundiendo a cañonazos a barcos de contrabando que querían entrar en el puerto porque se sospechaba que con tránsitos habían traído esta enfermedad. No se hará esto ahora, no se apuren, con los que huyen del centro de la península para venir a la costa, eso sí cada uno debe valorar si es apropiado en estos momentos trasladar su residencia a su apartamento de verano. Nadie debe pensar que eso son unas vacaciones, se va a encontrar cerrado bares, restaurantes, parques, playas... y tendrán que tener su propio confinamiento casero como todos los demás.

Durante la fiebre amarilla de 1834, el Doctor Pascual Vallcanera dio unos consejos - que dejó por escrito - en su “Instrucción acerca de los medios para evitar el contagio y detener sus progresos” editados en Barcelona y publicados en Alicante - a través de la imprenta de M. Carratalá de la plaza del mar, nº 10 - con la autorización de la Junta Provincial de Sanidad. En su prólogo escribe que “cuando las enfermedades epidémicas amenazan toda una población, cuando la fuerza del contagio la propaga de un modo espantoso por el gran número de sus víctimas, sin poder evitarlo empleando los medios ordinarios de la medicina, es indispensable hacer diariamente grandes fumigaciones de gas cloro ó ácidos minerales, practicándolos sin cesar y con un método arreglado por todos los parajes donde haya un enfermo”, menciona que hay que “proveer de aparatos desinfectantes las casas de los particulares”, afirma la necesaria colaboración ciudadana al decir que “en tales casos de pública calamidad, la salud general pende de la universalidad y del conjunto de las precauciones individuales” y añade que “no olvidemos jamás que ese gran conjunto de precauciones nunca podrá realizarse por la mera intervención del Gobierno, si al mismo tiempo no se le coadyuva con la colaboración de aquellas personas que por su estado en la sociedad tienen la mayor influencia en la ejecución de tales medidas, y cuyo ejemplo disipa las dudas, inspira confianza, fija la opinión y asegura el buen resultado”. Se refiere a sacerdotes, jueces, médicos y autoridades. Afirma con rotundidad que la indiferencia “es un crimen contra la sociedad y la humanidad, ante Dios y ante los hombres” porque - sigue diciendo - que con los conocimientos que tenemos sobre los medios de librarnos de los contagios (recuerdo que está escrito a principios del s.XIX) “puede decirse con entera convicción, que el contagio ya no puede propagarse sino por efecto de la más culpable negligencia”. Lo tenía claro este Vallcanera y bien podría trasladar algunas de sus afirmaciones a la actualidad. En la redacción de su libro, Vallcanera opina sobre cuál es el mejor producto para las fumigaciones y otros consejos para la desinfección de vivienda, ropa, piel... Estos días hemos visto cómo los chinos de Wuhan fumigaban las calles desiertas de transeuntes. En España aún no hemos llegado a esto de la fumigación, no sé si es por falta de medios, de iniciativa o de convencimiento de las autoridades, pero si esta medida de ayer es efectiva hoy ¿a qué esperan a aplicarla ya en los pueblos y ciudades españolas?.

Cuando en Alicante comentamos el episodio de una epidemia, es fácil que la memoria histórica nos recuerde el cólera de 1854 por sus consecuencias y por el liderazgo en su erradicación de uno de sus protagonistas. Supongo que ya saben a quién me refiero. El origen de ese cólera fue asiático, otra vez. Se inició en Europa desde Londres a principios del siglo XIX y llegó a España, además de a otros países, dejando un amargo recuerdo. En Alicante, fue un vasco: Trinitario González de Quijano, recién nombrado Gobernador Civil, quien lideró las acciones que había que emprender contra la enfermedad. Organizó un dispositivo sanitario para atender a todos aquellos que hiciera falta. Dispuso que en todos los bares y heladerías hubiera sacos de arroz para entregar a quien lo necesitara. Ordenó que las farmacias dieran gratis los medicamentos a todos aquellos que presentaran recetas médicas. El coste de alimentos y medicamentos los atendería desde el Gobierno Civil. Suspendió los impuestos a los alimentos. Organizó guardias de médicos y practicantes en el Ayuntamiento de Alicante. Instó a otros políticos que habían huido a sus pueblos de origen para que volvieran a la ciudad para ayudar, porque no se iban a librar de la epidemia y sí en cambio estaban propagando la enfermedad a otros lugares a través de ellos. Quijano no se quedó en su despacho esperando acontecimientos, visitaba a los enfermos de Alicante y los de algunos pueblos de la provincia, para ver cómo se encontraban y dar ánimos para su curación. Venciendo la enfermedad en Alicante, se dispuso a ir a Castalla porque el brote de la enfermedad estaba allí muy activo. No pudo montar en su caballo. Ya estaba enfermo, se había contagiado. El cólera se llevó por delante en Alicante a miles de personas, una de ellas fue Trinitario González de Quijano. En su lecho de muerte dijo “sé que voy a morir, pero muero contento porque sé que voy a ser el último”. Era el 15 de septiembre de 1854. Contribuyó a erradicar el cólera en Alicante. En señal de gratitud, la ciudad de Alicante construyó el Panteón de Quijano para venerar su memoria, que hoy está situado en el centro de un parque en la plaza de Santa Teresa.

 Y volviendo a la actualidad española, Luis Barcala, alcalde de Alicante, y Ximo Puig, presidente de la Generaliat Valenciana, han unido sus fuerzas - según sus competencias - para poner las medidas adecuadas para frenar la propagación del coronavirus. A su vez, el Presidente del Gobierno de España divulgó el viernes pasado que se iba a aplicar el estado de alarma. Permitan que recuerde aquí algunas frases de esa declaración institucional de Pedro Sánchez afirmando que “todas las medidas son para evitar una propagación demasiado rápida del virus”, “todos tenemos una tarea y una misión en los próximos días”, “nuestros mayores deben protegerse al máximo frente a la infección. Evitar a toda costa la exposición”, “los jóvenes pueden actuar como transmisores a otros. La colaboración de los jóvenes es decisiva, deben limitar los contactos y marcar distancia social”, “la victoria depende de cada uno de nosotros. El heroísmo también se basa en lavarse las manos”. Pues eso, no dejen de hacerlo y, en la medida de lo posible, quédense en casa. Pedro Sánchez añadió que “va a ser duro y difícil pero pararemos este virus”. Así será, no les quepa duda.

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