cuarenta y dos registros y trece donaciones, el primer material del archivo de alcoy

Un fondo 'pandémico' y libros en cuarentena: las bibliotecas reescriben su propia historia

10/05/2020 - 

ALCOY. Los historiadores están siendo testimonios, en carne viva, de una de las situaciones más excepcionales que recordarán, sin duda. Acostumbrados a contar los acontecimientos a toro pasado, los archivos y las bibliotecas municipales han visto la necesidad de reinventarse reescribiendo ellos mismos la "nueva normalidad", que se solapa con el presente a pasos agigantados. Desde imágenes que reflejan el primer pleno telemático de la historia de Alcoy hasta el cambio de escenario -desde los balcones- de las primeras fiestas de Moros y Cristianos 'salpicadas' por una pandemia. Son dos de los primeros archivos que ya cuentan la crisis sanitaria y humanitaria que arrancó oficialmente en el mes de marzo. 

Los guarda Josep Lluís Santonja, director de Archivos y Bibliotecas en este municipio, quien custodia los tesoros de interés público en el edificio de Mario Silvestre, en pleno centro. "Es una iniciativa que surge del mismo colectivo de archiveros, que estamos conectados", comienza narrando. Con Catalunya como pionera, con exposiciones incluso - la Diputación de Alicante también comunicó la propuesta a escala provincial hace un mes de crear un fondo en tiempos de Covid-19, a la espera de que la localidad de Ibi se sume a la iniciativa-, la idea es la de enfrascar cualquier documento, fotografía, audiovisual o texto, que cuente cómo se ha vivido y se está viviendo la pandemia.

Desde el Ayuntamiento de Alcoy se anima a la ciudadanía a participar en la recogida y conservación de las evidencias sobre los efectos sociales de la Covid-19. Las personas interesadas pueden enviar todo el material que crean oportuno por correo electrónico a arxiu@alcoi.org en forma de fichero adjunto o usando servicios gratuitos de intercambio de ficheros, como WeTransfer, en caso de que ocupen gran tamaño. El resultado, que entrará a formar parte del portal del patrimonio documental Bivia -muy útil en estos tiempos de pandemia todo el avance digital en tema de bibliotecas, por cierto- pretende dar vida a un fondo documental que incluya experiencias personales, familiares, del ámbito laboral, imágenes de la ciudad con las calles vacías, carteles de comercios y empresas, iniciativas que muestran la solidaridad entre vecinos, homenajes al personal sanitario, y también dibujos. "Si traen un objeto, tendrá que pasar la cuarentena, pero podría ser", explica Santonja

Precisamente un material que echa en falta el archivero y bibliotecario es el de los más pequeños; sus historias, sus dibujos. "Muchas imágenes retratan la celebración de la Festa desde los balcones, ya sabes, aquí siempre estamos en ese bucle; echo de menos los testimonios de los niños, que son los que más han sufrido esta situación", confiesa. "Aquí la mejor parte será cuando lleguen los documentos de la Agrupación Fotográfica Alcoyana, que está esperando a que pase un poco todo para enviar sus documentos testimoniales", concluye.

Cuarenta y dos registros, un total de trece donaciones, entre particulares -grabación de conciertos on-line de cantautores locales, o incluso microcuentos adaptados-, entidades -como el vídeo elaborado por los socios de Solc, la Asociación Comarcal de Ayuda en el Tratamiento de Cáncer, o el de uno de los grupos de danses de la ciudad- o medios de comunicación, que han relatado el día a día de la nueva vida, en constante transformación desde que arrancó la crisis. "El caso de conservar esta pandemia me vino a la mente cuando recordé la historia de Ardystil, de la que también conservamos un fondo municipal", confiesa el director del Archivo Municipal de Alcoy

La famosa tragedia que pondría de moda la mascarilla y su propio síndrome, derivado de una grave afección pulmonar por inhalación de productos químicos que, en 1992, causó la muerte de seis trabajadores y un centenar de afectados en ocho fábricas de aerografía textil en Alcoy y comarca. "En este caso, el material derivó a la concejalía de servicios sociales, entramos por ahí. Pensé que con la Covid-19 teníamos que hacer igual, ir documentando", explica. "En este caso, la documentación no entraba a la vez de estar sucediéndose: la ventaja de trabajar en el momento en que pasa algo es que puedes ir seleccionando, como ahora; a posteriori, no". 

 

El veterano archivero lo tiene claro. "Cuando algo te llega más tarde es porque alguien ya ha decidido por ti qué es lo que va a conservarse; ese es el principal problema de los archivos". El fondo pandémico, 'in situ' se salta, por tanto, esta censura. "La gente recordará, dentro de veinticinco años, que se cumple un cuarto de siglo de una experiencia de esta magnitud, y querrán saber; nosotros solo pensamos en eso, en servirles de recurso", relata Santonja

"Será como los testimonios que han pasado una guerra que, aunque no lo hablen, no lo olvidan nunca". No hay fecha de caducidad para una realidad que parece haberse instalado de manera permanente, es decir, que podrán seguir enviándose documentos durante las distintas fases de desescalada. En esta ocasión, no hay medias tintas; nos encontramos en el relato contado en mitad de un suceso histórico, que se expresa directamente, sin necesidad de ser recopilado, prácticamente. La famosa 'nueva normalidad' está asegurada y en buenas manos en este archivo de experiencias de Alcoy, dé las vueltas que quiera la vida.

"No tiene ningún sentido haber cerrado las bibliotecas"

El tópico nos hace pensar que poco o nada ha podido cambiar la rutina de un bibliotecario, acostumbrado al trabajo enclaustrado. Y no nos equivocamos. "Yo tengo tanto trabajo que hasta se me ha hecho corto", bromea el archivero. La vida en el edificio de Mario Silvestre de Alcoy adaptó a sus nueve trabajadores al teletrabajo en la primera quincena de la cuarentena. "Aunque la mitad de la plantilla hemos estado aquí, haciendo lo que no podemos hacer a diario, la mayor parte del confinamiento", añade. "Esta semana hemos abierto el archivo solo para consultas con cita previa, y he recibido la visita de un historiador, que está preparando un libro, el primero que ha roto así el confinamiento", celebra Santonja

A partir del próximo lunes, 11 de mayo, el segundo frente que gestiona, la biblioteca, se prepara para ir recuperando la normalidad, ya que la fase 1 que se inicia contempla la apertura de las salas, aunque solamente para préstamos y devoluciones. La consulta tendrá que esperar al segundo escalón, a partir del lunes 25 de mayo, y con un aforo máximo del 30% -en el caso de Alcoy, poco más de cuarenta personas, de las 140 que caben-. "Parece una tontería, pero me han estado llamando muchísimos usuarios pidiéndome que por favor abriéramos ya, que supondría un síntoma de normalidad", relata. 

"Realmente es que no tiene sentido que nos hayan cerrado, podríamos haber seguido limitando el aforo desde el principio", asegura. "Si las bibliotecas abren, es que la vida está volviendo, algo así, me han llegado a decir", cuenta. Por eso devolver los libros es tan esencial. "Los préstamos es lo más urgente, pero iremos adaptando servicios de forma gradual". Y los guantes, ya que los libros en una biblioteca están sometidos a una constante manipulación que, no obstante, ahora va a cambiar. "Vamos un poco a ciegas con las medidas. Al final, hemos optado por la alternativa de las bibliotecas americanas, ni biocidas ni nada, la mejor solución es la cuarentena de libros". La misma que se aplica con las personas. 

"No sabemos dónde ha estado ese ejemplar, que parece que puede mantener el virus hasta cuatro días, y no vamos a entrar en una cadena de contagios", detalla. El proceso será el siguiente: el libro se apartará de la consulta, como si estuviera en una especie de en tránsito, en reservado, y a los catorce días, al cumplirse la cuarentena, volverá a estar en circulación. La sala de presentación de libros, parada de manera indefinida, servirá de almacén para tal fin. "Tiene ventilación natural y nosotros entraremos eventualmente para desinfectar. Supondrá un problema logístico brutal", confiesa Santonja. Un problema al que se añade la diferencia con respecto a un audiovisual, que puede limpiarse a mano al ser plástico. "Nosotros solemos desinfectar siempre cuando nos devuelven el material, pero con los libros tendremos que entrar con pulverizadores, es algo excepcional, por normativa", explica.

La orden se extiende para el producto que llega desde la librería, de donde suele nutrirse una biblioteca, y es también pasar por la cuarentena, pero, en esta ocasión, solo una semana. "Ahora, por ejemplo, nosotros tenemos que gestionar los dos mil trescientos libros de la campaña infantil del libro que lanzó el Ayuntamiento, por la que regalaba un ejemplar a cada uno de ellos", asegura. Doce lotes de libros que se van a comprar en la localidad y posteriormente se tendrán que repartir entre los más pequeños, pasando las respectivas cuarentenas, claro. No hay plazos, ni puede haberlos, menos en estos momentos. "Tardarán en llegar", advierte el director del espacio. En este sentido, no comprende que los centros escolares hayan pedido a sus alumnos la adquisición de nuevos títulos. "Si estaba todo cerrado, lo más lógico hubiera sido tirar de clásicos", señala Santonja

El resto de centros que coordina irán en paralelo, como es la Biblioteca Uixola y Zona Norte. Peor suerte correrá la relativamente recién estrenada Biblioteca Tirisiti, con actividades y talleres destinados a los niños, que pasarán a hacerse de manera telemática. "Todo, cuentacuentos, recomendaciones literarias, pasarán a grabarse on-line", avanza, además del teatro que se integra también en el edificio, cerrado de momento a espectáculos. Está claro que la lectura que se desee hacer de esta "nueva normalidad" afectará, y muy de lleno, también a las bibliotecas y sus hábitos, así como a la memoria colectiva.

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