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Se acabó lo que se daba

6/03/2018 - 

ALICANTE. Se acabó lo que se daba. Pocas veces una decepción fue tan grande en el Hércules como el proyecto de la temporada 2017-2018. Y eso que en verano decíamos que era la mejor plantilla, que Portillo había tenido más dinero que Barroso, que el equipo estaba compensado, equilibrado, con fondo de armario, y que hasta las camisetas eran más bonitas. Todo eso, todo, está ahora en la basura.

Ni les voy a engañar ni voy a ser ventajista. Yo también creí que esta plantilla podría convertirse en la mejor desde el retorno a los infiernos de la Segunda B. Nadie podía sospechar que un proyecto cimentado en hombres como Chechu, Juli, Falcón o Samuel Llorca podría salir mal, pero miren ustedes, el fútbol es así. Desde el fallo del central alicantino en el encuentro inaugural ante el Olot, el desacierto defensivo y la falta de gol se han descubierto como los problemas de un equipo que nunca fue regular.

Como no les puedo engañar en ese sentido, tampoco puedo ponerme a disparar a diestro y siniestro contra todo ser humano de Romeu Zarandieta. A Portillo, eso sí, le pongo un clamoroso suspenso en la sempiterna asignatura pendiente de los directores deportivos del Hércules: el gol. En lo que al madrileño concierne, la construcción de plantilla no puede ser calificada como error garrafal, pero la ausencia de un delantero que marque las diferencias es algo que sigue atragantándose a este equipo año tras año, y parece que no aprendemos.

Los bandazos en el banquillo tampoco han ayudado. Por Alicante han pasado tres entrenadores, y parece que ni Siviero ni Claudio lograron convencer con su discurso a la plantilla. Ni el argentino ni el valenciano desplegaron un Hércules ganador, y solo con Visnjic vimos a un equipo que logró dominar a un conjunto potente en la categoría, como es el Villarreal B. Cosas de la vida, viajas a Peralada, palmas por 2-0, y el partido ante los amarillos queda como los últimos cantos de un cisne herido, y condenado a vagar por el pozo otro año más.

Vicente Cutanda es un tío al que quiero mucho, pero siempre me recuerda datos que me hacen subir la tensión, y eso que soy joven. El domingo volvía de comer con mi madre cuando me comentaba que Paco López entrenaría al primer equipo del Levante, y que lo comentó en un Esport Alacantí al que acudió como invitado. Todo ello viene a colación de la negativa del natural de Silla al Hércules, aceptando una oferta del conjunto granota para entrenar a su filial. Le salió bien la apuesta, y ahora tendrá un casting en uno de los grandes de nuestro fútbol para confirmarse como entrenador de banquillos profesionales. En política, antes me cortaría un brazo que darle la razón al bueno de Vicente, pero en fútbol…

Aquello fue el inicio de un curso que arrancó tarde para el Hércules, y que nos dejó un entrenador que sabía, como todos, que no era la primera opción. A todo ello hay que añadir el lío institucional. Seguimos esperando noticias de Europa, Hacienda sigue esperando al Hércules, Ramírez llegó, Ramírez estuvo, y Ramírez se fue. El breve, como dice un amigo mío. Llegó Quique Hernández, y ahora no sé qué esperar. El otro día, en la ducha, pensaba en la cantidad de presidentes, entrenadores y jugadores que habrán pasado por el Rico Pérez desde que Tom Brady ascendió a quarterback titular de los Patriots. No me enseñaron matemáticas suficientes para averiguarlo.

Este es nuestro Hércules, el de la improvisación y los cambios radicales temporada tras temporada, y el de los fracasos sonados, tras el que solo cabe la revolución. A estas alturas de la película yo no sabría ya que decirles. ¿Hacemos limpia en la plantilla? ¿Elevamos a la categoría de Zidane a Visnjic? Lo único que sabría decirles a ciencia cierta es lo siguiente. Haga lo que haga Portillo, que le pregunte a una persona. A Paco Peña. Pocos como él para saber lo que ha salido mal este año, y pocos como el extremeño le podrán aconsejar que jugadores sirven para el enésimo intento de retorno a Segunda División.

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