la nave de los locos / OPINIÓN

¡Que les corten la cabeza!

La del exfutbolista Alfonso Pérez ha sido la última cabeza cortada en el aquelarre feminista. Decir la verdad es casi delito en un país donde la libertad de expresión está en peligro. Los totalitarios siguen avanzando.

9/10/2023 - 

Fue en otra vida. Una tarde de junio del 2000. La Redacción de Las Provincias sigue el partido Yugoslavia-España. La mayoría deseamos que acabe para irnos a casa. Estos encuentros se vivían con emoción. Jugaba el gigante Milosevic en la delantera. En el tiempo de descuento, la selección de Camacho perdía por 3-2. El árbitro señala penalti tras una falta a Abelardo. Mendieta marca. ¿Cabe el milagro? Desde la mitad del campo, Guardiola cuelga un balón al área contraria. Cabecea Urzaiz dejándosela a Alfonso Pérez, que remata con la izquierda. Golazo en el minuto 95. Me abrazo a los compañeros de Deportes. Allí están Valldecabres, Luis Furió, Aguadé, Doménech, Miñana y el redactor jefe, Vicente Furió.  Nuestra alegría es la de todo un país. Alfonso es un héroe nacional. Nos ha llevado a los cuartos de final en la Eurocopa del 2000. No pasaremos de ahí, como era costumbre.

España es cruel con sus héroes. El Alfonso de la epopeya de Brujas, el jugador que vistió las camisetas del Madrid, Barcelona y el Real Betis, es hoy el penúltimo villano del feminismo estatal (evitemos llamarlo español para no ofender a tanto espíritu sensible). Todo por una entrevista concedida a El Mundo en el que se atrevía a decir la verdad sin miedo.  Vayamos por partes.

“Obligaría a Guardiola y a las chicas de la selección a besar la bandera española”. Declaraciones como estas sólo pueden ser hechas por un romántico incorregible, un sentimental sin remedio. Alfonso aún identifica acudir a la selección con el orgullo de representar a tu país. Nada más lejos. Ni una sola jugadora de la selección enarboló la bandera nacional después de la final contra Inglaterra. Ni una, no vaya a ser que les riñesen al regresar a casa en Barcelona o Bilbao.

Herejes de la causa feminista

Lo segundo que sostenía Alfonso en la entrevista y que le ha mandado a la hoguera, donde arden muchos herejes de la causa feminista, es afirmar que el fútbol masculino y el femenino no son comparables porque el primero genera más dinero que el segundo. Conocidas estas declaraciones, la alcaldesa socialista de Getafe, Sandra Hernández, urgió al Getafe CF a retirar el nombre de Alfonso Pérez del estadio porque, según ella, el exfutbolista había ofendido a las jugadoras de la selección.

La alcaldesa, muy popular por una guía para adolescentes de su ciudad en la que se recomendaba “un poquito de autocoñocimiento” con el fin de introducirlas en el siempre complejo universo de la masturbación, justificó su ataque a Alfonso en aras de valores como la “igualdad”. Sorprende, cuando no repele, que una militante del PSOE apele a la igualdad cuando su partido trabaja incansablemente por ahondar las diferencias entre los españoles, entre aquellos que están obligados a cumplir las leyes y los que, por su origen, están exonerados. ¿De qué igualdad hablas, alcaldesa?

El servil presidente del Getafe, Ángel Torres, no dejó pasar ni un día para cumplir las órdenes de la alcaldesa, sin ni siquiera consultar a los aficionados, que deberían ser los soberanos para decidir sobre este asunto.

“HABLO CON GENTE Y TE CONFIESA QUE TIENE MIEDO A DECIR LO QUE PIENSA POR TEMOR A SER DESPEDAZADOS EN LAS REDES FECALES”

Alfonso Pérez dijo la verdad, por mucho que moleste. El fútbol femenino está aún lejos de ser equiparable al masculino. Hoy las jugadoras de la selección sirven a los intereses del poder. Con ellas es difícil distinguir dónde acaba el deporte y dónde empieza la política. El exfutbolista es la última víctima de las turbas hembristas, muy envalentonadas desde lo de Rubiales.

Lo que le ha sucedido a Alfonso Pérez anticipa lo que le espera a todo aquel que discrepe de la verdad revelada por la izquierda feminista. “¡Que le corten la cabeza!”, gritaba la reina de Alicia en el país de las maravillas. Eso es lo que les aguarda: la guillotina. ¿Quién será el siguiente en subir al cadalso? ¿José Coronado, Juan del Val o Pablo Motos? ¿Algún otro marichulo?

Clima de macartismo de izquierdas

En España se vive un clima de macartismo de izquierdas, jamás conocido. Una legión de clérigos laicos, dignos herederos de la Inquisición de Torquemada, mandan a la hoguera —el asesinato civil— a los disidentes del pensamiento hegemónico, con sus ingredientes conocidos: feminismo, el poder del arcoíris, el malote de Franco, etc., etc.

Hablo con gente y te confiesa que tiene miedo a decir lo que piensa por temor a ser despedazados en las redes fecales. Periodistas, actores, cantantes, pintores, deportistas y escritores, todos aquellos que viven del público, se autocensuran para no verse señalados y perder sus trabajos. Esto es gravísimo, pero estamos tan adormecidos, o somos tan cobardes, que tememos levantar la voz. Vuelve la doble moral que se practica en cualquier dictadura: hay un discurso público, sumiso con lo que ordena el poder, y otro privado, de puertas adentro, en que cada cual se expresa con libertad y hasta con irreverencia.

Alfonso ha sido un valiente: se ha reafirmado en sus declaraciones. Esto le honra. Necesitamos gente como él para denunciar el acoso a la libertad de expresión en España. Con o sin cabeza, algunos vamos a seguir defendiendo nuestra verdad frente a las amenazas de los totalitarios. Es lo último que nos queda: ser fieles a nosotros mismos. Si nos callamos, agachamos la cabeza y nos cruzamos de brazos, ellos habrán ganado. Hay que combatirlos y ponérselo difícil. Que suden. Si desistimos de hacerlo, nos mereceremos la dictadura que nos aguarda. Está llamando a la puerta.