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por amor al arte / OPINIÓN

Manolo Mata

23/12/2018 - 

“Hazme un cuento de Navidad. El árbol de la Nit del Foc para los reyes magos visigodos provinciales y sus correspondientes cortes celestiales. El pesebre alicantino”. Mi nunca buen ponderado ni pagado Herr Direcktor Miquel González se me aparece por ensalmo en la densidad de la niebla con su timbre all right y vozarrón benisser: “Son las 4 y media de la madrugada y me quiero ir a casa, espabila, envíame algo ligero, político, evocador y poético”. Es el único periodista ambicioso que conozco que se lance en bolas y a lo bestia al lago helado de la Nit de Nadal. Joder. Qué poderío. La guerra del relato. Nunca nos pondremos de acuerdo en lo que fuimos. En lo que somos. Y menos en lo que seremos. Siempre hace mucho más frio ahí afuera.

La lluvia helada acuchilla sin piedad. Aquí arriba en el castillo de Edimburgo apenas hay luz y ni las gaitas ni los gritos de adolescentes asiáticos nos dejan avistar el monumento a Walter Scott. Una salva. Las palabras sagradas de Stevenson, Hume, Scoto, Adam Smith, Barrie, Welsh, Burns, Conan Doyle o Rowling resuenan junto a la tos seca y tísica de los moribundos, niños perdidos, putas y borrachos hacinados en Advocate’s Close. La cabeza de Queen Mary rueda sin fin en la MiIle Road de la historia europea. La de los secesionistas del viejo continente. Diez minutos después y un taxi después estoy en The Dome ante un bloody mary y cuatro o cinco pintas hablando en valenciano sobre lo nuestro: el Brexit de Catalunya. Happy Brexhmast.

Pedro Sánchez en Pedralbes. La puesta en escena. El esplendor y magnificencia del ceremonial. Las flores rojas. El detalle del diablo. Todo huele a sal, azufre y traición, a Josep Pla, Lluís Companys y Eugenio d’Ors. Andrés Martínez deja el negocio de la queja, del agua y las zanahorias y huye a Senegal. Ataque de drones en el Aeropuerto Josep Tarradellas. Loreto Ochando nos informa aquí en Valencia Plaza de un día de reivindicación casi sin incidentes en Barcelona.

Manolo Mata abandona y se va a la vida privada. Le llamo. Me cuelga. Tiene que votarse a sí mismo. Theresa May es una verdadera salvaje domando a los indígenas de su propio partido. Mañana por la noche, Francisco Camps asistirá, recogido, a la misa del gallo. Con la farmacia. Los Cotino irán a por más dinero. Pablo Iglesias despreciando a Compromís, es recibido en el Palau por el president y ambos piden, que “por humanidad”, Eduardo Zaplana no vuelva a la cárcel. Mónica Oltra la mare de déu de tots els valencians no oficia Missa Major en la rueda de prensa del Consell de la Generalitat Valenciana, pero sí en su casa y en su falla. En ese orden.

Ximo Puig ha arrancado traer el consejo de ministros a Alicante. Y la aprobación de la reforma de l’Estatut en el Congreso. Con el voto en contra de un Toni Cantó empeñado en inmolar a Ciudadanos ante los valencianos. En Elx, David Caballero cesa a Miguel Molina cabreando al C’s aborigen. Isabel Bonig se abraza en Les Corts despidiéndose entre Sonrisas y Lágrimas de sí misma y del enemigo con 12 uvas del Vinalopó.  Pablo Ruz hechiza a Mercedes Alonso. La magia de la Navidad abre un agujero informático en el TRAM y en el túnel de la bruja de la Serra Grossa. Los empresarios de AVE de Vicente Boluda y Juan Roig celebraron las fiestas con algo de contención. Antonio Garamendi se rodea en la CEOE de Salvador Navarro y Perfecto Palacios. Toni Mayor, Capitán General de las -y ya desde el viernes, d’Elx-  dos Marinas, nos quiere cobrar peaje al pasar por Benidorm. La tripulación del Nuestra Madre Loreto es el honor que nos redime a los valencianos ante la humanidad. El Corte Inglés se instalará en Alicante Distrito Digital. Somos los catalanes buenos.

César Sánchez se parece cada vez más a Pablo Casado. Eva Ortiz “rubia de bote pero tonta no”, a Aquaman. Luis Barcala y Fernando Sepulcre son los chalecos amarillos, los juguetes rotos del “frente popular” que reclama Raúl Dalmau de Vox. Natxo Bellido dice que el Ayuntamiento de Alicante está lleno de nichos vacíos. El director de La Real Academia de la Lengua no es Juan Luis Cebrián. ¡Oh, el gran Isaías!. Jesús Montesinos le escribe al padre padrone Carlos Fabra unas memorias en las que le arrea sin compasión a Alberto Fabra. No menos de lo que le atiza Alberto Garzón a Gaspar Llamazares. Rosendo se va. Manuela Carmena se tuerce un tobillo.

Eva Montesinos no sabe saludar y se queda fuera del furgón de cola. Facebook se hunde. A Miguel Ángel Pavón, La Estrella Solitaria, el anisakis de la carne, nos lo retiran. Cristina Pedroche calienta motores para las Campanadas con un topless espectacular. Las clarisas vuelven al videomapping de la Santa Faz. La estupidez no tiene cura, pero sí tratamiento. José Luis Ábalos, hombre del año para la Revista Plaza. Vuelve Bob Dylan.

Una violinista arranca con tres compases imposibles en el pub The Royal Oak en Edinburgh, el corazón de la Capital de Escocia. Un nonagenario, ceremoniosamente, logra ponerse en pie y, erigido como un monumento megalítico, entona con la voz tronante y clara de la verdad. Salen de la tumba los extraviados, los expulsados y los migrantes. Vuelan al cielo de todos los cielos las almas de los esclavos y de los ahogados en el Mediterráneo. Ni tribus ni consignas. El anciano acaba. Y, exhausto, se desploma en su asiento con los ojos cerrados. Esperando una luz en el horizonte. Todas las noches. Todos los bares. Todos somos únicos e irrepetibles. La especie humana. Feliz Navidad. 

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