EL INTERIOR DE LAS COSAS / OPINIÓN

Los viajes de la vida

8/08/2022 - 

Cuando regresas a Morella, cómo cuando viajas y decides regresar a Ítaca, entiendes los más intrínsecos significados del punto de partida, de origen y de destino, de todas las islas por las que has navegado, esos mares profundos que te han acompañado y te han otorgado fuerza, sueños, duelos, tristeza, esperanza y futuro. Cuando regresas a Ítaca, a Madrid, Cuenca, València, a Castelló, a cualquiera de tus paisajes anímicos, las líneas de cielo han ido sembrando los residuos de la vida urbana y rural, creando nuevas plazas, nuevos espacios para una convivencia de la que ya no estamos seguras. Pero, también, ha ido despertando de tanta turbulencia, y, por fin, la travesía es plácida, satisfactoria. Los viajes de la vida van tejiendo esas redes que nos acompañan desde la primera vez que asomamos a la luz del mundo. 

En Reíllo, Cuenca, es tiempo de siega, de trilla y de almacenamiento, tiempo de prepararse para el invierno, a pesar de soportar más de un mes de una ola de calor sin precedentes. Mi abuela María estaría inquieta con tanto infierno con tantos problemas. Los sabios de la familia, mi abuelo Mariano, o mi tío Paco, el mayor de la saga Panadero, estarían tristes y preocupados por un mundo que se tambalea. Mi padre, Joselino, estaría peor, sufriendo por el futuro de sus hijas e hijo, de sus nietos y nieta, de sus bisnietos. Todos crecieron en medio de la nada, en un país de hambre, injusticias, despoblamiento y aislamiento. La soledad y la ausencia de futuro les acompañó toda la vida. 

En Gavarda, en la Ribera Alta valenciana, mi abuela Pepica, estaría santiguándose a todas horas. Me diría aquello de “MariaAmparo este mundo está loco”. Su hijo, mi padrino, vive de la misma manera, sin ganas de comer tras ver los informativos de la televisión, diciéndome que por si fallaba algo más, ha caído un rayo en la Casa Blanca y China y EEUU han desvariado. El mundo se ha vuelto loco. 

Cuando regresas a Morella el primer fin de semana de agosto deseas que el camino sea largo y que sean muchos los amaneceres y atardeceres de verano, que sigamos anclando en esos puertos nunca vistos. Konstantino Kavafis nos llenó de grandeza con su poema y Lluís Llach le puso la música más bella. Y Morella recuerda las pautas de esos viajes que emprendemos en la vida y que nos llevan a increíbles horizontes.

El pasado sábado, la ciudad amurallada de Els Ports, celebraba una confluencia insólita de grupos de morellanas y morellanos que se citaron para festejar el paso del tiempo. Fiesta de las quintas, desde los cuarenta hasta los setenta años. Tras dos largos años de la maldita pandemia, el sábado florecía Morella. La vida recorría sus calles con un masivo entusiasmo.

Mi quinta cumplió como ninguna con la agenda festiva de ese día, comiendo y bailando hasta la madrugada. Venimos de aquellas generaciones de los años sesenta. Nos tocó vivir los rescoldos y el hielo de la posguerra, crecimos en familias que pasaron dificultades, que lucharon porque sus hijas e hijos tuvieran una mejor vida. Nuestra quinta morellana nació el mismo año en el que se instaló en Morella la red del alcantarillado, un año después de la revolución cubana, el año en que se colocó la primera piedra de la presa de Asuán, el mismo año en el que el dictador dominicano Trujillo asesinó a las hermanas Mirabal, una terrible fecha, el 25 de noviembre, que recordamos cada año como el Día Internacional contra la Violencia de Género.

Nacimos el mismo año que España comenzó con los ensayos para la retransmisión de Eurovisión, que el comandante Ernesto Che Guevara participara en un concurso de pesca junto a Ernest Hemingway y el comandante en jefe Fidel Castro. Cuando llegamos al mundo, en 1960, se estrenó la película Psicosis de Alfred Hicthcook, el Congo belga se independizó de Bélgica, y John F. Kennedy es elegido presidente de los EEUU. Nacimos el mismo año que Almudena Grandes, Maradona, Bono, J.L. Zapatero, Antonio Banderas, Víctor Amela, Martín Berasategui, Isabel Coixet, Sean Penn, Julianne Moore… Nacimos demasiadas y demasiados en aquel año donde en todo el mundo crecía desbordante la natalidad. Aquí, en nuestra pequeña tierra, nacimos MCruz, Merche, Mariam, Montse, Maribel, María, Juanito, MariValli, Vicent, Ricardo, Plans, Trini, Gabi…. Y lo celebramos con una comida maravillosa, donde los recuerdos iban y venían, donde la infancia de quienes crecieron en Morella les unió para siempre.

El paso del tiempo nos integra en un devenir grandioso, removiendo las historias pasadas, emocionándonos por quienes se fueron pronto, por quienes han nacido para darnos otras oportunidades de seguir creciendo, pariendo, criando y viviendo. Celebramos aniversarios, nos encontramos en estas efemérides vitales, insustituibles. Celebramos la vida y a las personas que estimamos. 

De noche, Morella regresa a su rutina estival de las temperaturas frescas. Buscas las estrellas en este cielo inmenso de Els Ports pero las nubes cubren el techo celestial. De repente, alguien asoma en la noche, personas muy estimadas que no duermen, o eso parece, que han pasado el día en La Pobleta, apoyando los pasos de la memoria, de la cultura y de las tradiciones. Ximo Dolz vive de lleno estos días de agosto, con el amargo recuerdo de quién se ha ido recientemente, de esa hermana y pedazo de alma compartida. Con él surge la hermosa presencia de la escritora Paulina Ribera, profesora de la Universitat de València y autora del libro La letra con amor entra, y del grupo musical Aina Palmer, con Jordi Palau y Aina Monferrer. Un primer fin de semana de agosto en Morella donde la vida corre, la vida vuela.

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