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La máquina de humo del Hércules parece que también funciona a pleno rendimiento

22/09/2019 - 

ALICANTE. Hace una semana se demostraba que la máquina de picar carne que hay instalada en los bajos del estadio José Rico Pérez sigue como nueva; con todas sus funciones plenamente operativas, tal y como se pudo comprobar con el despiece del cadáver de Lluís Planagumà a cámara lenta, con un más que evidente propósito de ganar tiempo.

Aunque alguno con padrino quiso aprovechar ese 'impasse' para regresar al club blanquiazul (ya saben lo que dicen, que "a río revuelto, ganancia de pescadores"), la realidad es que la cosa estaba muy clara: el director deportivo, Javier Portillo, tenía a Jesús Muñoz como candidato al banquillo, mientras que Juan Carlos Ramírez y por extensión Enrique Ortiz (que para eso su socio pone la mitad de la pasta necesaria cada año para evitar que el agujero sea mayor) querían otro perfil de entrenador, sin ir más lejos a Pedro Munitis, con el que Portillo negoció en verano mientras precisamente los dueños desatendían su opinión y decidían renovar a Planagumà. 

Sería restarle méritos al Orihuela de Miguel Ángel Villafaina decir que el tira y afloja que los anteriores protagonizaron durante la semana (que arrancaba con calabazas telefónicas del técnico santanderino, seguidas de una reunión con Muñoz) se encuentra detrás de la derrota del domingo, pero sí es evidente que afectó al vestuario, con independencia de que el equipo esté hecho unos zorros tal y como se pudo comprobar también ante el equipo de la Vega Baja (Planagumà fue destituido con razón, ahí están los resultados), todo y los esfuerzos del bueno de José Vegar para enderezar el rumbo. 

Portillo volvió a convencer en cinco días a Ortiz y especialmente a Ramírez (así habría ocurrido ya el día del partido con el Sabadell, en la reunión tras el mismo para abordar la destitución de Planagumà; si bien, junto a la versión más extendida, la de que el vasco fue el primero en pedir la cabeza del barcelonés, circula otra que apunta a que lo que reclamó es la marcha del director deportivo, cogiendo a continuación la puerta y marchándose a los diez minutos de iniciarse el enésimo comité de crisis), pero el poder de persuasión recién recuperado por el madrileño no surtió efecto hasta el jueves por la noche y aunque el viernes al mediodía ya había acuerdo con Muñoz (se hubiese firmado este o no), en el club se optó por congelar todo movimiento y que fuera Vegar el que completara la semana como máximo responsable del banquillo. 

Teniendo en cuenta que, como mucho, el equipo solo hubiese podido trabajar a las órdenes de Muñoz la mañana del sábado, parece que se adoptó la decisión lógica. Ahora bien, el oficializar luego la contratación del nuevo técnico en pleno temporal por la derrota, con la afición encendida y pidiendo la dimisión de Portillo, fue todo menos estético: si con ello no se buscaba tapar la crítica del aficionado, precisamente fue eso lo que pareció. Y si era lo pretendido, solo cabe concluir que, al igual que la picadora de carne, la máquina de humo del club blanquiazul tampoco necesita recambio.

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