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La literatura

7/01/2020 - 

ALICANTE. La literatura, como cualquier expresión cultural, puede, y en ocasiones debe, remover algo por dentro de sus espectadores o lectores. Puede agitar, descubrir algo de nuestro interior o hacer reflexionar sobre lo humano.

Reflejos frente al espejo es el segundo libro de Pablo Guillén después de Sombras de luz y niebla. Un compendio de 62 relatos en primera persona descarnados y casi de autoayuda. Un trabajo complejo y mordaz. “El título es como esas migas de pan que te llevan al origen del proyecto”, señala su autor. “No creo que sea un libro de autoayuda al uso ni nada de eso.  Aunque es cierto que invita a reflexionar y, dejar por un momento las prisas y el vértigo que nos mente por el culo esta sociedad donde casi todos vamos por ahí como títere sin cabeza”, apunta Guillén.

El libro nos sumerge en la cotidianidad del ser humano, con sus pensamientos, sus virtudes, y por supuesto sus defectos; algo que borda el autor en sus relatos. Por momentos parece un diario, un testimonio de la realidad desde un prisma diferente. “El proceso fue un poco como una especie de limpieza interior”, puntualiza. “Un poco motivado por sensaciones personales, y un poco empujado por todo lo que uno recoge del pulso social, de una conversación que escuchas casi a escondidas en la mesa de un bar, en la esquina de  una madrugada, en el hueco de la noche que nunca acaba”, comenta. 

Es en parte el retrato subjetivo de cualquiera, escrito desde las entrañas, algo difícil para el común de los mortales. “Yo no lo encuentro difícil”, dice. “Creo que no es posible escribir desde otro lugar, al menos si lo que pretendes es poner a flor de piel en el lector algunos sentimientos que ni sabía que tenía” apunta Guillén.

La crítica, pero sobre todo la reflexión visceral del mundo, cercado o lejano, es el tema central que aborda el libro. “Como digo, la sociedad nos hace casi insensibles, nos narcotiza, nos inyecta anestesia suficiente para que la operación de convertirte en un jodido borrego sea todo un éxito y no necesites ni siquiera rehabilitación”, remata.

Una segunda obra parece componerse con un pulso más tranquilo, menos nervios son los que, en teoría, deben asaltarte ya que conoces el camino. “Si, en efecto, todo tiene que empezar de algún modo, Sombras de luz y niebla, fue algo así como aprobar un examen sin haber estudiado lo suficiente, por no decir una mierda”, comenta. “Lo que quiero decir, es que escribes para que te lean por ahí y no para llenar de folios los cajones del escritorio, de la cocina y hasta del váter porque además cuando los necesitas siempre está alguien cagando”, señala el autor.

“Publicar el primer libro fue algo así como cuando follas por primera vez y todo acaba tan pronto que dices; creía que esto era otra cosa y todo eso, pero mola”, comenta. Quizás una de las motivaciones, aparte de la intrínseca, sea también la venta de libros. “En cuanto a las ventas y teniendo en cuenta  que era un mundo desconocido, fueron irregulares y a pesar de vender algunas decenas, no cumplió con las expectativas”

Un trabajo así es laborioso, de búsqueda y encuentro, de inspiración y tesón. Los relatos parecen un género menor, aunque para nada lo son. “Bueno, no sé muy bien por qué motivo los relatos, o esas palabras que brotan desde dentro cuando te miras sin prisas al espejo, se consideran como un género menor dentro de la literatura, cuando todos sabemos que algunos de los grandes como Borges o Chéjov escribieron relatos o solo relatos y dejaron la novela para otros”.

“Por la construcción de reflejos frente al espejo han pasado varias estaciones y no precisamente de tren o metro”, apunta para que nos hagamos una idea de la complejidad que existe para escribir un libro así. 62 relatos son muchos, no cabe duda que algunos puede tener el honor de ser el más querido, o apreciado, por el autor.

“Elegir un relato entre todos ellos, es como preguntarle a unos padres cuál es su hijo preferido”, responde. “Aun así me voy a mojar, Todos fueron deseados, algunos hasta me hicieron llorar y mucho, otros salieron con menos dolor, quizá por la dilatación apropiada, pero les tengo cariño a todos”, comenta Guillén. 

Su siguiente obra se trasladará a un geriátrico, una historia más al uso. “Se trata de una novela con algunos tintes reales y muy, muy cercanos que irán mezclados con ficción, pero siempre con el sano propósito de poner al revés lo que casi todo el mundo piensa que  no lo está”, sentencia. Después de haber leído estos relatos, cualquiera puede presumir que su estilo directo y áspero estará presente. “La idea es que esté lista para el otoño, pero las prisas hace mucho tiempo que las tiré por un acantilado de diez mil metros”, revela. 

Su primer trabajo fue una autoedición, una modalidad de trabajo diferente y cada vez más en boga. “Hay carreteras nacionales, comarcales, autovías y autopistas. La autoedición no es más que una opción en un mundo con un gran puñado de posibilidades”, dice. Por supuesto que sea autoeditado o editado por terceros, no interfiere en la calidad de la obra. “Hay libros auto editados que son realmente fantásticos y libros gestionados por esos monstruos editoriales que pueden ser  verdaderas chinchetas para los ojos”

Los relatos tienen una gran carga emocional, y parecen dirigidos a quien busque una buena dosis de cáustica realidad. “Reflejos frente al espejo va dirigido a un público muy amplio y a la vez reducido. Respecto a la franja de edad, de la adolescencia al geriátrico pasando por los cincuenta”, señala. No es menos cierto que los relatos son menos convencionales. “Respecto al tipo de lectura menos convencional, ganan por goleada las mujeres, sobre todo aquellas que se preguntan qué narices hacemos con la vida mientras pasa la vida”, comenta.

Quizás se dejó algo en la guantera para otro libro y que no haya contado en éste. “Claro, hay mucho guardado en el almacén de los sentimientos, de los recuerdos, de tantas apuestas que perdemos por el camino”, resalta. 

La literatura en estos años ha cambiado mucho, desde los soportes hasta el estilo, que parece más ligero. “La literatura actual poco o nada tiene que ver con algunos de los clásicos donde predominaban largas descripciones porque la gente de la época no conocía nada más que su reducido mundo” repasa.

El soporte es vital para el libro, para algunos parece que el digital matará al físico, pero eso todavía no ha pasado. “En cuanto a lo que se auguró como el verdugo impasible del libro tradicional, el Ebook, cabe decir que los porcentajes de venta a día de hoy hablan por sí solos”, comenta. Los datos están ahí.  “Algo más del 21% del pastel se lo come el verdugo, frente a casi el 80% que le toca al libro físico, tangible, con olor y repleto de sueños que navegan por cada página, cada gota de tinta y todo”, recuerda.


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