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tribuna libre / OPINIÓN

La ilusión de Pablo 

1/07/2018 - 

Los afiliados del Partido Popular nos encontramos inmersos en el más apasionante proceso democrático de nuestra historia como formación política. Todo ha sido muy rápido en este mes escaso: prospera inesperadamente la moción de censura contra Mariano Rajoy, posterior e inesperada renuncia, convocatoria del Congreso Nacional Extraordinario…Parecía que todo iba a resultar según lo previsto pues el nuestro es un partido poco acostumbrado a los cambios repentinos, a las transformaciones profundas y rápidas. Tal y como aprobamos en el Nacional de 2016 iríamos a primarias (por fin) para dar todo el “poder” real a las bases de nuestra gran formación.

Lunes 18 de junio, en torno a las 11 de la mañana. Terminaba de corregir exámenes de Historia de mis alumnos de 4 de la ESO. Recibo un whatsapp con foto que decía: “Tu amigo Pablo Casado se presenta. Lo acaba de anunciar”. No lo podía creer. No podía ser cierto. La sorpresa fue absoluta. Desde ese mismo momento las llamadas, los mensajes de alegría se multiplicaban en mi móvil y en el de muchos de mis compañeros de partido: “Por fin”, “ Ya era hora”, “Es el momento de la ilusión…” y si, ilusión, esa palabra repetida por tantos que nos alegrábamos con esta decisión, finalmente fue el lema que Pablo escogió para centrar su proyecto.

La ilusión es el motor de la propia vida; la ilusión fue lo que experimentamos miles de afiliados y votantes después de semanas “arrastrando los pies” o esperando lo previsible. Es verdad  que el concepto “Ilusión” puede resultar vacío, confuso…si no está acompañado de un motivo, de un contenido que le de sentido, que lo sustente, pero cierto es que sin ilusión, sin pasión nada es posible, nada importante en la historia de la propia humanidad se ha podido consumar sin ambas.

¿Por qué Pablo? Pablo representa todo lo que ha sido y puede volver a ser este gran partido. Pablo es valiente, tiene fuerza, cree en lo que dice y vive como cree; no tiene complejo alguno para reivindicar la verdad y para proponerla ante quien sea. No pone en valor  su propia juventud (es más, se pone años…) porque afirma que la juventud no es una virtud en sí misma aunque insiste en que es ésta la que genera la fuerza para plantear con más firmeza tus propias convicciones. Pablo defiende, sin complejos, los valores que, por tanto gestionar, nuestro partido ha dejado de proponer o, si lo ha hecho, no ha resultado con la intensidad que debiéramos.

Lo admito, Pablo me ha seducido estos días en todos y cada unos de los discursos que he podido escuchar o en sus entrevistas de radios o televisión. Confieso que el pasado jueves en Murcia sentí un verdadero escalofrío al verle tan rotundo defendiendo, con toda la normalidad, los principios que son los que han hecho de éste el gran partido que somos:

El amor por España como el gran proyecto de convivencia forjado durante siglos, como la gran realidad nacional que ha contribuido como pocas a la construcción de Occidente y del mundo que conocemos. España como nación de personas libres e iguales.

La pasión por la libertad. Libertad en todos los órdenes de la vida: para emprender un negocio, para elegir modelo educativo y lengua vehicular, libertad para escoger qué médico quieres que te atienda y que no lo determine un código postal.

El respeto y la reivindicación de las víctimas de la banda terrorista ETA y de sus familiares, sin medias tintas, sin titubeos; la reivindicación de todas: desde el primer asesinado en los años 60 hasta Goyo y Miguel Ángel o Silvia (lo que ha hecho que hasta la valiente de Bea Fanjul se haya posicionado públicamente por Pablo). La defensa del Rey, de la Constitución,  de nuestros símbolos como los propios de un estado de derecho construido con el esfuerzo y la voluntad de tantos en el que todos cabemos. 

El respeto profundo por la ley y la contundencia para que ésta se cumpla siempre recordando que sin ley no hay democracia.

La defensa de la familia sin fisuras como núcleo esencial de la sociedad; la defensa de la vida como el bien más sagrado.

Su determinación para que todos aquellos referentes morales que se han marchado del PP vuelvan: y lo hizo pronunciando el nombre de Ortega Lara, secuestrado por ETA y actualmente militante de VOX. 

La  concepción  de  la persona como valor en sí misma frente al colectivo; porque es la persona, en todas sus dimensiones,  el fin y no lo es ni  el estado ni la colectividad. 

La firme lucha por  la justicia social y la protección de los más débiles.  Porque no se quiere plegar a la superioridad moral de una parte de la izquierda y que algunos parecen haber asumido, evidenciando, así, sus verdaderos vacíos. 

La voluntad clara en pro de  una verdadera revolución fiscal que se convierta en verdadero motor económico tanto para los trabajadores como para los que generan empleo.

Creo en Pablo, como remate, por su exigente reivindicación sin complejos de la honestidad en la vida política, por su  defensa profunda de  todo lo bueno que este partido ha dado a esta gran nación, que ha dado a los españoles.

Admito que jamás había vibrado tanto con un discurso tan cargado de ideas. Reconozco  que, escuchando a Pablo en Murcia en el jardín de las Claras repleto de gente, de afiliados de base volví a esperanzarme con un proyecto en el que cabemos y cabremos todos. Confieso que me emocioné  ante la firmeza de un hombre que afirma no ser mejor que nadie pero sí ser capaz de encabezar el mejor proyecto. He de admitir que me ensanchó el corazón comprobar y escuchar que hay gente buena, normal y honesta dispuesta a sacrificar gran parte de su propia vida para encabezar un proyecto de servicio a la sociedad, de servicio a España; un proyecto que no es fin (porque los partidos no son fines) sino medio para hacer mejor este gran país.

Estos días  son muchas las llamadas y los mensajes que estamos recibiendo de gente normal, de afiliados de base del partido que afirman haber recuperado la ilusión. Me dicen, me piden que contemos con ellos, con su humilde voto para sustentar este proyecto de regeneración, de esperanza, de valores y de firmeza, de moderación e integración.  No es una candidatura contra nadie; no es un proyecto frente a nada; nadie podrá decir sentirse excluido porque su máxima aspiración es unir de verdad, por encima de egos y de visiones cortas y sesgadas, a este gran partido y a todos los que lo integramos.

Quedan menos de cuatro días para que los afiliados decidan. No sabemos cuál será el resultado…pero sí sabemos que hay un hombre que ha sido tan valiente que ha decidido dejar a un lado la corrección política y lo previsible para dar un paso al frente proponiendo lo que muchos creemos que es bueno; sin ser mejor que nadie pero enarbolando la bandera de la ilusión, la bandera de la libertad, de la España del presente y del futuro. Ese hombre, de poco más de 37 años, se llama Pablo…y me lo imagino, recorriendo incansable esta España nuestra  en este proceso de renovación, de ilusión, de acercarse a las bases; en esta aventura de esperanza, repitiendo, con su perenne sonrisa,  la cita del inmortal Machado:

“¿Tu verdad? Tu verdad guárdatela. ¡La verdad! Y ven conmigo a buscarla”

Pues contigo iremos, Pablo. Gracias por devolvernos tanto.

Pablo Ruz Villanueva. Afiliado del Partido Popular.

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