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 SOCIALMENTE INQUIETO / OPINIÓN

La Gota de Leche

24/02/2020 - 

Situémonos en el Alicante de 1929. A principios del siglo XX, ¡no hace tanto! Ya verán muy pronto el porqué de esta exclamación que tiene que ver con el título de este artículo. En ese año Alicante crecía en extensión, desarrollándose poco a poco con edificios de nueva planta en los aledaños del trazado de las grandes avenidas del centro de la ciudad, las que hoy conocemos como Federico Soto, Estación, Marvá y Alfonso el Sabio, con la plaza de Los Luceros (entonces de la Independencia) aún sin fuente.

Piensen en febrero de 1929, cuando esta ciudad tenía como alcalde a Florentino Elizaicin. Lo fue sólo por unos meses, no por falta de experiencia política, que la tenía y mucha. Ni por falta de actitudes: era empresario y periodista, creando su propio periódico: El Correo, de perfil conservador. En ese año recibió la Medalla de Oro de la ciudad por sus 50 años ejerciendo el periodismo. Fue también Presidente de la Asociación de la Prensa Alicantina. Una persona inquieta y comprometida con su época. Sin embargo, eran tiempos de mucho conflicto social y político.

A pesar de esos tiempos convulsos, el alcalde Elizaicin decidió que unas fiestas populares vendrían bien para la ciudadanía. Distraerse, bailar y disfrazarse durante unos días en carnestoltes no harían daño a nadie y seguramente mucho bien a todos. Durante las fiestas el pueblo se suele olvidar de sus penas y sus reivindicaciones, que ya habrá tiempo de retomarlas unos días después. Eso debió pensar el alcalde y puso a los ciudadanos alicantinos manos a la obra. Claro que aquellos carnestoltes tienen poco que ver con los actuales. Uno de sus actos fue hacer un baile de máscaras - el primer día de Carnaval - en el Teatro Principal de Alicante. Fue el 5 de febrero de 1929. Se requería rigurosa etiqueta de los asistentes, y que “las damas han de ir vestidas de color rosa ó negro, y los caballeros con frac ó esmoquin rosa ó negro y calzón de seda ó pantalón de paño; los militares con uniforme de gala”. Ese baile de Carnaval fue benéfico a favor de la Gota de Leche. Se anunció este acontecimiento con un cartel realizado por el artista Lorenzo Aguirre.

¿Qué es eso de la Gota de Leche?. Vean. Era una institución benéfica promovida por el médico Carlos Manero y creada por el Ayuntamiento de Alicante a través de su Junta Municipal de Beneficiencia. Tenía como finalidad evitar la malnutrición de los lactantes huérfanos ó de familias pobres. Se desarrolló en Alicante durante los años de 1923 a 1940, junto con otras ciudades españolas que tomaron como propia esta iniciativa que tenía su origen en Francia. La primera Gota de Leche que se instituyó en España fue en Madrid con el apoyo del pediatra Rafael Ulceia y Cardona, de los Marqueses de Casa-Torre y con el amparo de la reina madre María Cristina de Habsburgo. El 22 de enero de 1904 se abrió en Madrid el primer Consultorio de Niños de Pecho y Gotas de Leche. En Alicante fueron los médicos Rafael Gandulla, Pascual Pérez y Ángel Pascual quienes lo pusieron en práctica. El dispensario se instaló inicialmente en los bajos del Ayuntamiento de Alicante por la parte que da a la actual plaza de la Santísima Faz. Allí todas las mañanas esos médicos pesaban y medían a los niños y daban consejos médicos a sus padres o tutores para promover una buena salud a los lactantes. Es necesario aquí dar unos datos para valorar lo mucho que se hacía con esta iniciativa. Según el alcalde Suárez-Llanos, “de octubre de 1925 a 30 de junio de 1926, a los 176 pobres y a los 36 pudientes se les suministraron 3.360 litros de leche, 712 kilos de azúcar, 5.660 biberones, 1.918 tetinas de goma y 200 cestillos”. Todo esto tenía un coste de unas 26.000.- pesetas.

Para recaudar fondos para esta institución se organizaban tómbolas donde unos donaban bienes en especie para su rifa y otros compraban billetes para probar suerte e intentar ser los beneficiarios de algunos de esos objetos. Solían realizarse en el actual paseo de Ramiro (en el jardín de Ruiz Corbalán) en donde se terminó construyendo un edificio para dar este servicio. Lo donado, generalmente por la burguesía del momento, era mucho y variopinto. Muestra, además, los gustos y las modas de entonces: bolso de piel con portamonedas, violeteros de porcelana, servicio de aluminio para cigarrillos, cuadro de paisaje de Emilio Varela, botellas de cerveza Baviera, bandeja metálica para licor, estuche para escritorio, servicio de plata para manicura,... La organización de estas tómbolas tenían sus gastos, nada comparados con los precios actuales, vean y comparen:  billetes para la rifa, 40 pesetas; caché de la orquesta contratada para amenizar el baile, 100 pesetas; alquiler de 1.000 sillas de madera plegables, 100 pesetas; servicio de porteros para la entrada al evento, 15 pesetas; alquiler de piano de manubrio, 20 pesetas;... Todos estos gastos tenían un patrocinador, fuera empresa ó persona física.

La institución benéfica la Gota de Leche es protagonista de uno de los fascículos de la colección “Alicantinos Ilustres” (2013) que editó el Ayuntamiento de Alicante cuando Sonia Castedo era la Alcaldesa de la ciudad. Su autor es Juan José Amores, quien fue Presidente de la Asociación Alicante Vivo. En palabras de Castedo, “es la historia más hermosa de la ciudad de Alicante”, preguntándose cómo se olvidó en la memoria colectiva de la ciudad que fue el edificio del Ayuntamiento el que se convirtió en un centro médico, así como “en el sueño y la esperanza de miles de familias que habían estado a punto de ver morir a sus hijos”. Los tres médicos mencionados fueron reconocidos en noviembre de 2011 con el título de Hijos Predilectos de la ciudad de Alicante a título póstumo. Reconocimiento bien merecido, sí señor.

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