maestro mayor del gremio de artistas de fogueres

Joaquín Rubio: “Administración, comisión y artista harán piña; está en juego la perpetuidad del oficio”

24/06/2020 - 

ALICANTE. La fiesta de Fogueres es mucho más que sus hogueras, pero es cierto que sí son el eje principal desde el que todo gira y se pone en movimiento. El propio nombre de la fiesta mayor de la ciudad de Alicante es el del fuego que surge de estas creaciones. Sin esas construcciones artísticas y efímeras, no habría nada más que una fogata. Aquello que ha llegado a nuestros días desde la tradición ancestral, salvo que ahora se ha conseguido elevar a la categoría de monumento. Desde esas alturas, la ciudad se ilusiona, vive fuerte y disfruta en compañía de vecinos y visitantes que, sin duda, dejan su huella también en la economía local. Sin embargo, este sector de artistas que hacen posible todo eso, ahora atraviesa el peor momento de su historia profesional. La alargada sombra de la covid-19 amenaza con un duro golpe que pone en juego la perpetuidad del oficio, pero no todo es covid en estos momentos en que se pide a gritos cambio y reinvención. En la parte creativa, los monumentos llevan años pisando terreno seguro y dando poco margen a la innovación. Sobre todo ello habla Joaquín Rubio, maestro mayor del Gremio de Artistas de Hogueras de Alicante. 

 Días de Fogueres y no ha habido monumentos… ¿Cómo se siente el gremio?

— Nos encontramos muy apenados porque nunca nos habríamos imaginado vivir algo así. De alguna manera, tuvimos el ejemplo anterior de las Fallas, con las mismas características, así que nos veíamos venir lo que iba a ocurrir. De todas formas, ver Alicante vacía de color, de pólvora y de ilusiones… pues lógicamente es abrumador. Es pronto para hacer valoraciones, porque seguimos consternados por el luto de la situación sanitaria y de la crisis económica y laboral, pero lo que debía primar era la salud. En lo económico, sustituir el trabajo de 2021 por el de 2020 y dejar un año sin trabajo e ingresos, pues al sector nos destroza. El trabajo estaba comenzando, se paralizó y se producirá un año después. No podemos pedir a las comisiones que se gasten lo que no pueden, pero nosotros estaremos un año sin ingresos y deben conocer nuestra situación porque son nuestros clientes principales. Tampoco podemos solamente esperar a que llegue el dinero de las subvenciones, porque las administraciones tienen que llegar a todos los ámbitos de la sociedad y eso es complicado.

¿Cuál sería la mejor manera de ayudar al sector?

— La hoguera y la falla es el elemento principal de nuestras fiestas y hay que garantizarlo. Artistas y comisiones deberán hablar para, en la medida de lo posible, ampliar los proyectos de 2021 y tratar de compensar el parón, porque nosotros no nos podemos mover en otros terrenos. Nos podemos reinventar, claro, pero aquí es complicado porque los artistas de hogueras y fallas no pueden encontrar otro sustento. Lo que pedimos es que las comisiones, que van a tener un año por delante para trabajar y para hacer grande su economía (obvio, con sus obstáculos, altas y bajas), tienen que comprender que los proyectos que ya están empezados sí se pueden engrandecer para que el artista pueda mantener el taller y el ritmo. Trasladar el 2020 al 2021 a nosotros nos deja un vacío enorme. A la profesión le faltará por tanto un año de ingresos. Nuestras hogueras de 2021 no solo tienen que ser mejores porque se lo merezca la fiesta, sino porque hay todo un sector que depende de ello.

El Ayuntamiento de Alicante ha pedido a la Generalitat respaldo económico para el sector y la Diputación de Alicante también os ha trasladado el apoyo a esa demanda. ¿En qué punto está la petición? ¿Llegará a buen puerto?

— Desde el principio, la Generalitat Valenciana nos ha apoyado logísticamente. Ahora se ha paralizado toda la situación y tenemos que ver cómo lo volvemos a encauzar. Sin embargo, es cierto que las administraciones se han volcado con la causa, en tanto en cuanto les hemos hecho ver, con propuestas, que nuestra profesión es autóctona, única y exclusiva de la Comunitat Valenciana. En el caso de las fallas, son Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Es necesario que se genere un blindaje político de nuestra profesión para que podamos comenzar a recomponer esas raíces de nuestra historia y tradición ya que solamente será posible si nos protegen desde el ámbito local y regional.

Tiene que haber implicación económica y logística por parte de las administraciones, pero también hay que hacer un sobresfuerzo añadido en el ámbito de las comisiones para que todos vayamos a una. Si las comisiones van asfixiadas, eso se trasladará a los artistas y habrá un serio problema para la fiesta. Mucha gente dejará de estar en este oficio, que es el que deberá encargarse de las hogueras y las fallas del futuro. No estamos pidiendo más dinero porque nos apetezca. Lo que pedimos es implicación por todas las partes para que este oficio tenga una perpetuidad. Que ese esfuerzo se revierta en los monumentos del año que viene para que, de esa forma, tanto las administraciones, como las comisiones y los artistas hagan piña. Debe ser una explosión de supervivencia para todas las partes.

Ya se pone el contador a cero. ¿Cómo prevés que serán las fiestas de Fogueres del año que viene? ¿Se verán resentidas por este bache o se redoblarán esfuerzos para celebrar dos años en uno? En la lectura del manifiesto del gremio decías “que el 2021 será testigo de la mayor muestra de arte de la historia de las fiestas de esta ciudad”…

— Exacto. Es complejo, porque ahora está mal la economía, pero sí que es cierto que todos tenemos que llevar a cabo ese doble esfuerzo y ese ejercicio de comprensión para que el 2021 se ponga en marcha cuanto antes y nos volvamos a reiniciar e ilusionar una vez más. Hay que ir con esa mentalidad para que las próximas fiestas sean un exponente único con la mejor muestra de arte efímero. Las comisiones deberían tener esa ilusión por hacer una fiesta mejor todavía. Los artistas tenemos que subsistir en base a esa ilusión que se genera.

Cultura ha lanzado una propuesta para apoyar en cierta medida al sector, desde esta área del Ayuntamiento. Plantea reproducir la hoguera que en 1934 plantaron Emilio Varela y Daniel Bañuls en Santa Cruz: Ensomni del bon alicantí. ¿Qué os parece?

— A bote pronto, todo lo que sea trabajo será bien recibido. Toda propuesta económica y de trabajo que sirva para aliviar un poco esta incertidumbre que tenemos, pues siempre será bienvenida. Yo apuesto por todo este tipo de iniciativas. Habrá que ver detenidamente en qué consiste para ver la cantidad de artistas que se podrán ver beneficiados, si es una obra colectiva o no. Se podrían hacer uniones temporales de artistas para que se pueda repartir ese trabajo. En un primer momento, me parece una idea muy buena y así iríamos por buen camino, aportando cada una de las concejalías su parte para ayudar a este oficio. En este caso, además, la reproducción de una hoguera de 1934 no solo sería trabajo que ayudaría al sector, sino que también repercutiría en la historia de las tradiciones de Alicante.

¿Es este momento de cambio quizá el idóneo para plantear también una renovación de estilos en lo creativo?

— No creo que se deba hablar de estilos, sino de tendencias. El estilo es algo muy personal y particular de cada artista. Aquello que una persona, con sus inquietudes artísticas y creativas, percibe y traslada a su obra. La tendencia es el camino artístico, a nivel general, que los artistas recorren. En este caso, se sigue el que los artistas saben que comercialmente funciona. Las hogueras, en este momento, están en un punto en el que, por las consecuencias directas de los premios, se apuesta más por el resultado de caballo ganador que por el del atrevimiento de épocas pasadas. Antes era más patente la reivindicación y el efecto dinámico de una sociedad cambiante que avanzaba hacia la democracia. Todo aquello, el movimiento artístico de Fogueres lo acompañó.

Paralelamente hubo una fuerza, entre los años setenta y los noventa, que marcó una tendencia de toda una generación que encontró un punto en la dinámica de construir y crear que sorprendía al espectador con sus obras propias y muy personales en las que solo existía una tendencia a la vanguardia. Ahora hemos eclipsado esa etapa y hay un freno de mano puesto en esa línea continua en que el primer valor era la creatividad pura y dura, mientras que detrás iba la competitividad. En estos momentos está más presente la competitividad que la creatividad. Sin embargo, con esto no quiero decir que no haya creatividad, sino que las prioridades han cambiado. Existe una tendencia un tanto inmóvil que está generada más por las circunstancias de competitividad que por la expresión artística. 

 ¿Se ha dejado de innovar en el trabajo artístico?

— Innovar y ser un artista puntero es complejo porque puedes encontrarte con la pared del resultado de tu trabajo en cuanto a premios. Puede que ese resultado no sea el que todos esperan y, entonces, te pongan el freno y dejen de contratarte. Nos hemos metido en un túnel de una creatividad muy concreta en el que pasan todos los artistas por él para agradar a público y jurado, en lugar de lanzar una apuesta personal a la calle que sea atrevida y que no tenga en cuenta las consecuencias de los galardones. Quizá, en otra época, los premios no estaban tan supravalorados como lo están ahora. En lugar de ser una excusa y un pretexto para rivalizar y competir en creatividad, se han convertido en todo lo contrario. La creatividad, el ingenio, las texturas y la evolución está de alguna forma penalizada y estamos entrando en una dinámica en la que lo importante es subsistir. En rasgos generales, hay temor a que no se premie y, en consecuencia, que no se contrate. 

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| 20/06/2020

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