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vals para hormigas / OPINIÓN

Fotos y fronteras

15/02/2017 - 

Ahora que el fotógrafo de prensa lleva camino de convertirse en un personaje de leyenda, como el linotipista o el editor de textos, la aparición del palmarés del World Press Photo suena casi como una revuelta popular. Cada foto es un adoquín lanzado a la cara de quienes creen que el ojo de un redactor es el mismo que el de un fotorreportero. Quizá sean los mismos que defienden que una película se ve igual en una sala de cine o que en un ordenador, que el mp3 es un formato válido para la música o que una tableta es el mejor soporte para disfrutar de una serie de televisión. Este año, además, el galardón tiene algo de gruñido de lince, de canto de ballena en extinción. La foto ganadora, del turco Burhan Ozbilici, muestra al asesino del embajador ruso en Turquía, que desenfundó la pistola y su rabia durante la presentación de una exposición de arte. El fotógrafo siguió en pie, los plumillas se ovillaron en un rincón. Y los responsables de los medios de comunicación de todo el mundo se frotaron las manos sin pensar en que una mina así jamás se podría haber excavado con el smartphone de un amateur.

Hasta aquí, la pequeña historia que se esconde detrás de la foto de Ozbilizi. La grande es la que refleja un mundo emponzoñado por las fronteras y las diferencias. Un policía de 22 años fuera de servicio acribilla al embajador de un país que está bombardeando otro. Viste traje y corbata, como la víctima que yace a sus pies. Y a su espalda, la pared es blanca y está llena de cuadros. Son las principales diferencias con el resto de reportajes ganadores, en los que el dolor de ser humano se erige como principal protagonista. Niños en guerra, mujeres en guerra, soldados tras el armisticio. Cascotes, caos y hambre. La foto galardonada solo cambia el atrezzo y por eso nos sorprende más, nos revuelve las tripas y despabila nuestras conciencias. Es la versión doméstica y unitaria de esa catástrofe que nos han dejado a la puerta de casa, envuelta en un paquete. Reaccionamos mejor al dolor cuando compartimos fondo de armario. Habría sucedido lo mismo si algún periódico hubiera mandado un fotógrafo a cubrir el concierto de la sala Bataclan.

En estos tiempos, confundir a un tuitero con un fotógrafo es lo mismo que confundir la política con la defensa de lo nuestro. Pasa en Estados Unidos con el ultraproteccionismo con muros de Trump. Pasa en Europa con la crisis de los refugiados o el Brexit. Pasa en la izquierda con la defensa del nacionalismo. Pasa hasta en las infraestructuras que deben dar salida a los negocios empresariales. El lunes se montó un gran revuelo con la enésima petición del Corredor Mediterráneo. Cada cual defendió su territorio, cada cual alegó que la autopista o el tren de alta velocidad tenía que pasar por el jardín de su chalé. Nadie cayó en la cuenta que, en realidad, tan necesario esentrar como salir. Viajar con comodidad entre Valencia y Barcelona como entre Atenas y Cádiz. De Algeciras a Estambul. El trasiego de mercancías y personas entre lugares de interés estratégicos es importante para nuestro día a día. Pero el intercambio de culturas es imprescindible para la conservación de la especie. Como premio periodístico, la foto de Ozbilici es impecable. Es un titular en sí misma, la noticia de cabecera del día. Pero para que no se repitan imágenes como esa, debemos dejar que más italianos como Antonio Gibotta, también premiado con el World Press Photo, plasmen la batalla de los Enfarinats de Ibi.

@Faroimpostor

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