Boines i barrets 

Entrañable Vicent Ventura

(Alicante Plaza recoge la idea del colectivo Alicante Vivo y publica el último artículo que el periodista Ismael Belda remitió con vida,a la edición alicantina de El Mundo, donde escribía regularmente la sección Boines i Barrets)

13/08/2018 - 

ALICANTE. El chalet Marita, en el distrito alicantino de Vistahermosa, fue durante años el acogedor domicilio de un nutrido grupo de intelectuales y políticos, y también el lugar de descanso y amistad del periodista Vicent Ventura Bertran y de su esposa, Marina Peris, íntimos amigos de sus anfitriones, el matrimonio Carlos Orbea Muñoz (más tarde presidente del consejo de administración del Banco de Alicante), y Carmen Mira Bas. “Ventura venía por casa sin parar. Normalmente en fin de semana. Con Marina y con el canónigo Josep Espasa Signes. Era muy familiar”, evoca Javier Orbea Mira, quien desde sus primeros años escolares vería circular por el hogar de sus padres a numerosas personalidades opuestas al régimen. 

Rodeado de fotografías familiares, rememora como “Vicent no sabía hacer nada sin ella. Siempre estaba: Marina, ¿me he tomado las pastillas? Marina, ¿dónde me he dejado las llaves del coche?...”. Y mientras él apuraba la pipa y meditaba, ella acudía a misa en una iglesia cercana, junto al desaparecido Liceo Francés de L’Albufereta. “Luego vendría menos, cuando se construyó el chalet en Lliria, València”, pero continuaría haciéndolo incluso tras la infortunada muerte de Marina, “un golpe del cual nunca me he rehecho y del que aún no puedo hablar con serenidad”, como le comentaría al periodista Adolf  Beltran en 1992. Padrino en la pila bautismal de la pequeña Lola Orbea, también sería testigo de la boda de su hermana, María del Carmen, Mamem, Orbea, hijas de sus amigos de Vistahermosa. Con Ridruejo, que tanto influiría en sus primeros bríos políticos, “coincidiría en alguna ocasión, como durante las Bodas de Plata de mis padres”, señala Javier Orbea. “Nunca dejaron la amistad. Vendría hasta después de morir mi padre. Para acompañar a su hermana y a la abuela” en la centenaria finca Terel·la de Benifato (La Marina Baixa). O para pescar con los niños en el puerto. 

Oificios y exilios

Adolf Beltran, amigo de Ventura y autor de una fructífera y confesional entrevista en su obra Vicent Ventura, converses amb un ciutadà, citaría cómo el escritor Manuel Vicent lo recordaba al conocerlo en aquella València oscura de 1955: “Fue la primera persona a la cual oí decir algo contra el régimen de Franco en voz alta sin estar borracho”. Natural de Castelló de la Plana desde 1924 e hijo de una modesta familia con padre carlista, pronto dejaría la escuela para emplearse en diversos oficios: sastre en casa (después de entrenarse en Londres y París como aprendiz), mozo en una droguería, meritorio en una imprenta, obrero a los 16 años en la Unión Naval de Levante y administrador de una empresa de vinos. Muy creyente, de joven militaría en Acción Católica y “hacia 1948 ingresaría en el Frente de Juventudes, la organización juvenil del Movimiento, donde sería responsable de prensa y propaganda”, ahora según su íntimo amigo y también biógrafo Francesc Pérez Moragon, quien con Rafael Fresquet editaría el tomo Vicent Ventura, un home de combat. 

Antes de ser redactor de Radio Nacional de España, iniciaría en 1949 su carrera periodística con las primeras colaboraciones en el diario matutino Levante y también en el rotativo de la tarde Jornada, ambos de València y entonces al servicio del Movimiento. Respaldado por la disidencia falangista de Dionisio Ridruejo y alentado por algunos jóvenes valencianistas que conocería en el Hogar Juvenil (Joan Fuster, el magistrado militar Josep Garcia Richart o el escritor de Benissa Josep Iborra, entre otros) se rebelaría ante la doctrina oficial y acabaría expulsado de Falange. Aun así dirigiría los tres primeros números de la revista Claustro, órgano del Sindicato Español Universitario, ayudado por Garcia Richart.

INFATIGABLE DEMÓCRATA, CON LOS ORBEA DISFRUTARÍA DE UNA INTENSA AMISTAD Y PROBABLEMENTE DE LOS HIJOS QUE NUNCA TUVO


“Ventura estuvo en todas las maniobras, en todas las iniciativas, en todas las batallas contra la dictadura”, escribiría Adolf Beltran. Y ciertamente, en 1956 representaría en el territorio valenciano al Partido Socialista de Acción Democrática que fundara Ridruejo, participando seis años más tarde, en junio de 1962, en la cumbre del IV Congreso del Movimiento Europeo, el contubernio de Múnich para el franquismo. Una participación que le condenaría a un primer exilio en París, donde escribiría gacetillas sobre moda para una agencia de noticias neoyorquina que dirigía el veterano político del Bloc Obrer i Camperol Joaquim Maurin; a un posterior destierro interior en Dénia a partir de 1963, acogido en su casa de la partida de La Pedrera por el padre e intenso amigo Josep Espasa, a un mes de prisión y, tal vez lo peor, a ser expulsado de la prensa por las vacas sagradas del régimen. Su amigo, el escritor Bernat Capó denunciaría “el veto de la prensa valenciana y la persecución política sufrida, hasta el punto de que cada vez que descolgaba el teléfono de su casa la frase que se podía escuchar no era otra que ¡Arriba España!, ¡dígame!”. Como fórmula para sobrevivir, que acabaría siendo un respetable negocio, fundaría con amigos de confianza la agencia de comunicación Publipress, donde se jubilaría. 

Resurrección

Antes de acabar 1963 regresaría al periodismo, con columna regular en el semanario agrícola Valencia-fruits y en el diario economista Al Día. Más de una década después firmaría artículos para las revistas Destino, Tele/Exprés, Cuadernos para el Diálogo, Serra d’Or, Valencia Semanal o El Temps. Y textos para los rotativos La Vanguardia, Madrid, Informaciones, El País, Avui, Diario de Valencia o Noticias al Día. Pero como él mismo revelaría: “cuando pude volver al periodismo, diez o doce años después, ya era demasiado tarde. Resultaba muy difícil volver a ser periodista a tiempo completo”.

Promotor y fundador en 1967 de Comisiones Obreras del País Valenciano (tras asamblea clandestina en la sede de Lo Rat Penat), también organizaría, junto al periodista Juan José Pérez Benlloch y el profesor Mario Garcia Bonafé, los Grups d’Acció i Reflexió Socialistes en 1973, semilla del Partit Socialista del País Valencià, que engulliría el PSOE. Ventura se mantendría al margen, con una actitud perennemente crítica y activa. 

“Periodista hábil y espabilado, con una gran clientela de lectores”, como le retrataría Fuster, este “ejemplar único de la convivencia humana”, como le definiría Capó, que redactaba a un solo espacio de máquina percutiendo las teclas con sus dedos gordotes, moriría el jueves 24 de diciembre de 1998, legándonos un recuerdo fructífero en la memoria democrática, una perpetua hemeroteca y esa sana y generosa humanidad que siempre repartiría. 

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