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desde el palmeral / OPINIÓN

El olvido de la historia

1/08/2020 - 

En las pasadas semanas  han sido noticia los actos de protesta que se llevaron a cabo en muchas de las ciudades de los EE. UU. con motivo de la muerte en Minneapolis de George Floyd por la acción de un policía. Una acción terrible e injusta, que por desgracia no suele ser extraña para la comunidad afro-estadounidense. A pesar del avance que significó la Ley de Derechos Civiles a propuesta del presidente Kennedy y  promulgada por Jonhson en 1964, los actos de violencia contra la población negra no han cesado; no tenemos más que hacer repaso de los casos como este ocurridos en los últimos diez años.  La lucha por los derechos civiles está jalonada de sangre. Todos los años, el tercer lunes de enero se conmemora en los EE. UU. la figura de Martin Luther King, quien encarnó hasta dar su vida por ello, el movimiento pacifico por la lucha de estos derechos. Las manifestaciones de Estados Unidos se han extendido a otros muchos países en solidaridad con la lucha de los norteamericanos y a la vez contra el pasado esclavista y racista de la historia de nuestras naciones europeas. Es justo que así se haga. El esclavismo, la tortura a la que fueron  sometidos tantos pueblos es uno de los hechos más abominables de la historia de la humanidad. Pero entiendo que esta reivindicación no se puede hacer olvidando la historia, sino partiendo de ella y este es el peligro que veo yo en ciertos movimientos actuales, que en vez de revisar la historia la queramos olvidar y con ello quedarnos  con la conciencia tranquila. Conviene siempre tener vivo el recuerdo, en definitiva, el atentado mayor al progreso se cimenta sobre el olvido.  

No pocos estados auténticamente autoritarios y reaccionarios se han querido dar a  conocer como “estados nuevos”. Únicamente progresamos desde la memoria y si esto siempre ha sido así, de modo especial es bueno que lo recordemos en estos tiempos en que tan rápidamente nos pasan los acontecimientos, tanto que construimos una información más para impactar que para informar; si todo se va a quedar en algaradas en las que se destruyen estatuas, muy pocas cosas van a cambiar y seguro que se van a seguir soportando o dejar que se soporten las mismas injusticias. Para avanzar hemos de partir de la historia, de lo que nos gusta y de lo que no. Negar lo ocurrido, olvidarlo, es condenarlo de una manera u otra a repetirlo. De otra parte, el olvido de la historia nos lleva a construir un pasado imaginario, todo lo idílico que se quiera, pero que nunca existió, el escenario apropiado para que las mentes totalitarias construyan el mundo nuevo en el que se quiere instalar a la sociedad. 

El mundo creado desde el olvido carece de referencias y si desconocemos el pasado, seguro que careceremos de perspectiva para conocer el presente. Al vivir en un pasado irreal seremos incapaces de reconocer  las nuevas formas de esclavismo y discriminación asentadas entre nosotros. Pocas protestas hemos visto ante la situación en que se encuentran las personas que vienen huyendo de las guerras, de las tragedias de sus países y que se encuentran recluidas en campamentos en condiciones inhumanas y muchas de ellas han pasado por la esclavitud de las mafias. Pocas caceroladas hemos visto estos días ante la situación en la que se encuentran gran parte de los temporeros, a los que además de tenerlos en condiciones indignas se les da el peor de los tratos posible, el de no reconocerles y eso que trabajaban en servicios esenciales.  

De otra parte, conviene saber discernir lo condenable y lo positivo de la historia. En medio de los tiempos más oscuros en los que se practicaba el más atroz esclavismo, aparecieron figuras como el padre Vitoria, Bartolomé de las Casas, Suárez y tantos otros que pusieron las bases del derecho internacional y que lucharon por la igualdad y dignidad de todos los hombres  Sin duda la lectura de sus obras no solo nos dan a conocer los hechos del pasado, sino que son lecturas que nos pueden iluminar en el presente. Con tanto olvidar la historia nos puede ocurrir que confundamos a Cervantes con un esclavista, como parece que algunos le confunden, desconociendo que sufrió la esclavitud y tuvo que ser rescatado. Tal vez la lectura del capítulo XXII del Quijote, en la que se nos narra la liberación de los condenados a galeras, sea suficiente para ver en qué lado de la historia se situó Cervantes.

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