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Con estos tíos hasta Luceros

6/12/2018 - 

ALICANTE. No sé si me hago mayor y me estoy volviendo un blando, si de forma natural me gusta llevar la contraria o si haber formado parte de un vestuario hace ya siglos aunque no fuese de fútbol me hace ver las cosas de una forma distinta. El caso es que mientras cargaba con mi cámara y mi trípode para grabar algunas imágenes del entrenamiento del Hércules, intentaba abrirme también paso entre el pesimismo que Alcoi y Sabadell han dejado entre los aficionados blanquiazules.

Era como el día y la noche la atmósfera herculana de un mes a esta parte. Fichajes, hacen falta fichajes. Igual que hay gente que solía recomendar una aspirina para cualquier dolor o malestar, en el fútbol se suelen recomendar nuevos jugadores. Mano de santo dicen.

Sin embargo, allí estaba yo. En un lateral del campo de entrenamiento viendo a un grupo humano ejercitarse como si no hubiera mañana. El técnico, Lluís Planagumà, les gritaba y movía los brazos como si les persiguiera un ser mitológico que amenazaba con comérselos a todos. Corred por dios, pensaba yo. Pocas veces he visto tanta intensidad un miércoles por la mañana (hablamos de fútbol).

Fichajes. Suelo pensar, y este miércoles no fue una excepción, que la fuerza de un grupo es la clave. Si es mayor que la suma de los individuos, con ese grupo has de ir a la guerra. A veces cambias futbolistas porque crees que el cambio es bueno en la comparación individual, y resulta que la fuerza de ese grupo es menor. En esas "tonterías" andaba yo pensando mientras veía a un grupo comprometido con un líder que no dejaba de gritar y moverse.

Pensé en el Extremadura, ese equipo que la temporada pasada fichó en enero y ascendió. Y luego pensé en el Murcia, ese equipo que también fichó hace dos cursos en invierno y ahora es casi un enfermo casi terminal. Las cosas de hacer cambios en un vestuario con la temporada empezada. Es excepcional cómo a veces los planes salen bien y otras no y nada te puede garantizar el éxito. Nada ni nadie. Lo maravilloso del deporte es que nunca hay seguridad. Puedes aumentar tus posibilidades, claro, pero también echarlas a perder.

En esas cosas pensaba mientras veía a un grupo de futbolistas, algunos de ellos discutidos, entrenándose como si no hubiera mañana. Al final, eso es lo que te queda: un grupo humano (que incluye al cuerpo técnico y el resto de trabajadores) que te deja unas sensaciones día a día. Y no puedes saber si tendrán éxito o no. Lo que sí sabes, es que con algunos grupos de personas te irías a una guerra. Y yo con esos tíos, me voy hasta Luceros. Si nos dejan.

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