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Pepe Rosell: “Esto no es una evolución, es una revolución”

El CEO de S2 Grupo repasa el crecimiento de una compañía valenciana pionera en ciberseguridad y analiza los retos que plantean la inteligencia artificial, la computación cuántica y la soberanía tecnológica europea

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Cuando Pepe Rosell y su socio fundaron S2 Grupo en 2004, la ciberseguridad todavía no existía como mercado. Se hablaba de seguridad informática o de protección de la información, pero las empresas apenas percibían el alcance del problema. Antes de vender una solución, tenían que explicar por qué era necesario protegerse.

Veintidós años después, aquella empresa creada por dos ingenieros en Valencia cuenta con alrededor de 750 profesionales, está presente en 35 países y trabaja en proyectos relacionados con la seguridad, la inteligencia y la defensa. En este episodio de Territorio Empresa, el pódcast de Banco Sabadell y Plaza Podcast, Rosell repasa el camino recorrido y analiza una transformación tecnológica que está acelerando los riesgos a una velocidad desconocida.

S2 Grupo nació con una apuesta poco habitual para la época: especializarse exclusivamente en ciberseguridad y desarrollar tecnología propia desde Valencia. La compañía trabajó desde el principio tanto en los sistemas de información como en los entornos industriales, dos mundos que entonces permanecían separados, pero que hoy forman parte de una misma realidad conectada.

Rosell recuerda que los primeros años exigieron mucho trabajo para convencer a las empresas de que existía una amenaza que todavía no aparecía en los medios ni ocupaba las conversaciones de sus directivos. “Quizá lo conseguí porque no sabía que era imposible”, afirma al recordar la etapa en la que atravesó el conocido como valle de la muerte de las empresas emergentes, aunque en ese momento desconocía el concepto.

Su experiencia le lleva a trasladar una recomendación muy concreta a los nuevos emprendedores: “Hay que enamorarse del problema, nunca de la solución”. Las tecnologías cambian y las respuestas evolucionan, pero una empresa solo tiene sentido si parte de una necesidad real y es capaz de adaptarse para seguir resolviéndola.

El escenario actual es muy diferente al de 2004. La ciberseguridad ya no afecta únicamente a los datos de una compañía. Las redes digitales controlan fábricas, infraestructuras críticas, sistemas energéticos, medios de transporte y servicios esenciales. Los conflictos armados también se trasladan al entorno digital, donde las fronteras tradicionales desaparecen y los ataques pueden producirse desde cualquier lugar.

A esta realidad se suma la inteligencia artificial. Rosell explica que la IA agéntica ya permite detectar vulnerabilidades desconocidas y automatizar operaciones ofensivas con una rapidez inédita. Por eso rechaza hablar de una simple evolución: “Esto no es una evolución, es una revolución”.

La computación cuántica añade otra capa de incertidumbre. Su capacidad puede poner en riesgo los sistemas de cifrado que protegen información bancaria, empresarial, gubernamental o militar. Aunque ya se trabaja en algoritmos preparados para resistir este tipo de ataques, Rosell advierte de que la adaptación necesita tiempo y de que las previsiones sobre la llegada de esta tecnología se adelantan cada vez más.

Pese a la dimensión de las amenazas, el CEO de S2 Grupo considera que todavía falta concienciación. El uso de contraseñas débiles, la repetición de una misma clave para diferentes servicios o el almacenamiento de credenciales sin protección revelan que muchos ciudadanos desconocen el valor de su información y la facilidad con la que puede quedar expuesta.

En las empresas, la conciencia ha crecido, pero en ocasiones el aprendizaje llega después de sufrir un incidente. Es en esos momentos cuando los especialistas acceden a información especialmente sensible y asumen una enorme responsabilidad. Por eso Rosell sostiene que S2 Grupo no vende únicamente tecnología: “Vendemos confianza”.

Esa confianza también determina la forma de construir los equipos. En una actividad que exige conocimiento técnico, discreción y capacidad para actuar bajo presión, Rosell sitúa la lealtad entre las cualidades que más valora. La compañía invierte en formar a sus profesionales y en ofrecerles proyectos capaces de competir con las oportunidades que encuentran en un mercado laboral sin fronteras.

Rosell defiende que Europa debe reducir su dependencia de las grandes compañías tecnológicas estadounidenses y chinas. Frente a otros modelos, reivindica una visión europea que coloca los derechos fundamentales de las personas en el centro y reclama que las mismas normas se apliquen a todas las empresas que operan en el continente.

Este cambio abre, a su juicio, una oportunidad para la industria valenciana. El aumento de la inversión europea en tecnología, seguridad y defensa permite desarrollar soluciones propias y evitar que sectores estratégicos dependan completamente de proveedores externos.

Ese es el futuro que imagina para S2 Grupo: una compañía valenciana capaz de convertirse en uno de los referentes europeos de la ciberseguridad industrial. Rosell tiene claro que quiere seguir creciendo sin trasladar fuera el centro de decisión, ni renunciar al origen del proyecto: “Quiero desarrollar una empresa puntera en Valencia con tecnología valenciana e instalándola en todos los sitios del mundo”.

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