En el quinto y último episodio de Salud Interconectada, una iniciativa de Boehringer Ingelheim, se reúnen tres voces complementarias para ofrecer una mirada transversal sobre las enfermedades cardiovasculares, renales y metabólicas. Desde la práctica clínica, la medicina familiar y la experiencia directa del paciente, la doctora Eva Cotilla, el doctor Kiko Brotons y Sagrario de Osma reflexionan sobre la interconexión entre estas patologías, la importancia del diagnóstico temprano, el valor de la educación sanitaria y la necesidad de una atención verdaderamente coordinada y centrada en la persona.
El punto de partida de esta conversación es una idea clave que ha atravesado toda la serie: estas enfermedades no se presentan de forma aislada. Comparten mecanismos fisiopatológicos, factores de riesgo y, con frecuencia, evolucionan conjuntamente. La doctora Cotilla lo resume así: “Intentamos poner etiquetas a los pacientes, pero en realidad hablamos de un continuo de riesgo cardiorrenometabólico”. Una progresión silenciosa que puede derivar en complicaciones graves si no se identifica y aborda desde fases iniciales.
Desde el ámbito de la atención primaria, el doctor Brotons destaca el papel esencial del médico de familia para detectar las primeras señales, muchas veces subclínicas, como alteraciones en el perfil lipídico, la presión arterial o el filtrado glomerular. “Tenemos una posición privilegiada: somos accesibles y vemos al paciente desde etapas muy tempranas”, afirma. Pero insiste también en una dificultad estructural: “Para poder actuar a tiempo, el paciente debe acudir. Y al principio, estas enfermedades no dan la cara”.
Sagrario de Osma, gerente de la Asociación para la lucha contra las Enfermedades del Riñón ALCER Turia, aporta la perspectiva de quienes viven la enfermedad en primera persona. Explica que el diagnóstico muchas veces llega tras un largo periodo de incertidumbre, en el que se encadenan síntomas, pruebas y consultas. “El paciente necesita información clara desde el principio. Saber qué hacer, cómo cuidarse y por qué es importante seguir ciertas pautas”, afirma. Una dieta adecuada, por ejemplo, puede ralentizar la progresión de la enfermedad renal, pero sin una orientación comprensible y continua, es difícil sostener esos cambios.

Uno de los temas centrales del episodio es la necesidad de mejorar la educación sanitaria. El doctor Brotons señala que, aunque existen campañas sobre otros temas de salud, sigue habiendo poco esfuerzo en promover hábitos saludables relacionados con estas enfermedades. La doctora Cotilla introduce además el concepto de alfabetización funcional del paciente: la capacidad de comprender y manejar su enfermedad en el día a día. “No se trata solo de leer prospectos, sino de entender el sentido de cada recomendación para poder seguirla a largo plazo”, explica.
Desde las asociaciones, Sagrario recalca la importancia del acompañamiento emocional, la información continua y el apoyo personalizado. “Cada analítica puede implicar cambios en la dieta o en la medicación. Entender el porqué de cada ajuste mejora la adherencia al tratamiento y la calidad de vida”, sostiene.
En la parte final del episodio, se pone el foco en cómo construir una atención más humana. La doctora Cotilla destaca la importancia de consultas cercanas y honestas: “Sin dramatizar, pero sin ocultar. Hay que hablar claro y con sensibilidad”. El doctor Brotons, por su parte, defiende abandonar la verticalidad en la relación médico-paciente: “Debemos tomar decisiones compartidas. Negociar objetivos, informar con rigor y escuchar”. También llama a reforzar la coordinación entre niveles asistenciales, para ofrecer un abordaje real y efectivo del síndrome cardiorrenometabólico.
Sagrario concluye con una reflexión que resume el espíritu del episodio: “Esta enfermedad no se afronta solo desde la consulta. Es un trabajo de equipo, donde el paciente también tiene un papel activo. Y con apoyo, se puede vivir bien”.
Así cierra Salud Interconectada, una serie que ha recorrido el papel de la atención primaria, el trabajo hospitalario, la prevención, la calidad asistencial y, en este episodio final, la experiencia directa de quienes conviven con estas enfermedades. Un recorrido por una realidad compleja que exige más coordinación, más educación, más cercanía y, sobre todo, una atención verdaderamente centrada en la persona.