Opinión

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La columna del Instituto Icie

Un municipio sin ventanas rotas

Publicado: 04/02/2026 ·06:00
Actualizado: 04/02/2026 · 06:00
  • Río Vinalopó y ladera del río -
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En 1969, Philip Zimbardo, un psicólogo de la Universidad de Stanford, realizó un experimento que terminó por llamarse la teoría de las ventanas rotas. Este consistía en abandonar en la calle de un barrio conflictivo un automóvil sin placas de matrícula y con las puertas abiertas (es decir, descuidado por su dueño). A las pocas horas estaba vandalizado. Repitió el experimento en un barrio acomodado; el coche permaneció intacto una semana. Entonces, Zimbardo rompió una ventana y a partir de ese momento el coche corrió la misma suerte: destrozado.

No era la pobreza lo que incitaba a la gente a destrozar la propiedad ajena, sino la percepción de abandono o falta de vigilancia. Una ventana rota, sin reparar, es señal de que a nadie le importa, y que las normas de convivencia, las normas administrativas y legales no existen en esa zona. Años más tarde, en 1982, James Q. Wilson y George Kelling ampliaron la teoría inicial afirmando que las señales visibles de desorden y delitos menores (como grafitis, basura o ventanas rotas) fomentan un entorno que atrae delitos más graves.

La conclusión de estas teorías es que si los problemas menores no se abordan rápidamente, los residentes dejan de hacer vida en la calle porque se sienten inseguros, o abandonan esa zona si pueden y se trasladan, dejando viviendas vacías o vendiéndolas a personas con menos recursos, a los que no les queda más remedio que vivir donde les alcanza. La desorganización social y urbana aparece.

Un entorno sucio y descuidado sugiere baja vigilancia o baja presencia policial. Si un delincuente percibe que a nadie le importa el mantenimiento del lugar, asume que nadie se preocupará por denunciar un delito más grave. El espacio público y la planificación urbana están estrechamente relacionados con la seguridad ciudadana y los problemas de convivencia: actividades lúdicas como el ocio nocturno, los eventos deportivos o el botellón y los grafitis…generan molestias en el vecindario, ruido y suciedad. Difícil convivencia entre el respeto al descanso de los vecinos y la diversión.

Por otra parte, el vandalismo, prostitución, tráfico al menudeo… suciedad, deterioro de los espacios. La criminología puso una herramienta en manos de los ayuntamientos: la Prevención del Delito a Través del Diseño Ambiental (CPTED). La CPTED se centra en el diseño táctico y el uso eficaz del entorno construido para reducir el delito. La limpieza es una estrategia directa de CPTED. Al mantener un entorno limpio, bien iluminado y ordenado, se busca aumentar la sensación de vigilancia y control territorial, desalentando a los delincuentes.

En resumen, estaríamos hablando de:

Maximizar la visibilidad, asegurando que los residentes y transeúntes puedan observar fácilmente los espacios públicos y semipúblicos, por ejemplo con una buena iluminación; a los malos les encanta la oscuridad. Otra actuación sería podar setos frondosos para que no creen zonas ocultas; así se ha hecho en La Glorieta de Elche y en algunas zonas de los 5 km de la Avenida. Fachadas abiertas con cristalera; un edificio en la calle Aspe es un buen ejemplo, donde la escalera de acceso se ve desde la calle y de la misma manera se puede observar la calle. Usar elementos físicos (vallas, setos, diseño de entradas) para guiar a los habitantes a través de un espacio y disuadir a los intrusos, como ocurre en las nuevas urbanizaciones. 

Crear un sentido de propiedad y responsabilidad sobre el espacio, haciendo que los residentes se sientan «propietarios» del entorno y, por tanto, más inclinados a vigilar y mantenerlo. Se refuerza también con el uso de señalización clara de límites de propiedad y de normas de uso de los espacios comunes. Fomentar actividades legítimas y el uso frecuente del espacio público por parte de los residentes. (Elx al carrer es una buena iniciativa, aunque no sea este su propósito, o el Proyecto Víbora en el cauce del río).

Limpieza (por ejemplo, siguiendo al experto Paco Tortosa, la limpieza táctica de grafitis): esta técnica es clave en la prevención situacional, ya que la rápida reparación del daño (como el grafiti) envía un mensaje de control y mantenimiento constante. El propósito es que el delincuente, el maleante o el vándalo, tenga que realizar un esfuerzo mayor para conseguir su objetivo y que este deje de ser atractivo porque su «recompensa» no le merezca la pena en términos de coste-beneficio. 

Esto ya se aplica en muchas ciudades, no es nuevo, pero es necesario que los habitantes conozcan que existen estas medidas. Por todo esto no nos podemos permitir tener edificios públicos descuidados, ahí ha estado el mercado, muerto 12 años, criando ratas, suciedad, ventanas rotas y deteriorando el centro. Una ciudad como Elche no se puede permitir caer en el mismo error porque puede ser que la próxima vez no salgamos tan bien parados.

* Vicente Soto Pelegrín es Licenciado en Criminología y miembro del Instituto Icie

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